“Empecé a trabajar para la comunidad en 1989, cuando supe que tenía cáncer. Me acerqué a la iglesia y el diácono me preguntó qué quería hacer. Contesté que quería hacer algo por los más humildes. Un día estábamos rezando y aparecieron dos mujeres pidiendo ayuda, consultando si en esa Capilla brindaban asistencia, yo les dije que no, pero que al otro día empezábamos, y así fue, ese fue mi primer llamado”. Así resume María del Carmen Scherl sus comienzos como colaboradora en Cáritas, en la Capilla Santísima Trinidad. Allí trabajó durante 10 años, hasta que fundó el comedor Santa Faustina, en Las Cañas, que hace un mes fue saqueado.
María del Carmen Scherl superó la enfermedad y encontró en la labor comunitaria su misión. Hace 25 años que trabaja junto a los que menos tienen. Hoy, a un mes del asalto que sufrieron en el comedor que ella fundó, sigue con las fuerzas intactas.
Un ejemplo de vida: venció el cáncer y dedica su vida a ayudar
A fines del 2001 y en plena crisis social, política y económica del país, “Lela”, como todos conocen a María del Carmen, abrió un comedor en la capilla. La idea era abrirles las puertas a todos los escolares que no contaban con medios suficientes. Los chicos debían presentar la libreta con buenas notas y así podían asistir al comedor. “Yo siempre les enseñé que el comedor era para los que estudian, porque se lo ganaban, y a fin de semestre todos me tenían que traer sus libretas”, cuenta Lela.
Luego de un tiempo, la mujer dejó el comedor de la capilla. Había entregado las llaves, pero sus colaboradoras le pedían continuar con la labor comunitaria. “Así fue que decidimos abrir un comedor en otro lugar, en la Unión Vecinal del Barrio CoViPa. Así nació el Santa Faustina, donde hoy contenemos a 150 jóvenes de primaria y secundaria”, relata Scherl.
Los chicos llegan desde el asentamiento Castro, el Barrio Lihué y La Favorita, entre otros barrios, para poder almorzar en lo de “Lela”. Se trasladan en micro o a pie, y cuando por cuestiones económicas no pueden hacerlo, porque no tienen dinero para pagar el pasaje, les preparan una vianda y se las hacen llegar con algún chico. Además, Scherl viaja semanalmente con su camioneta llena de alimentos hasta el asentamiento ubicado en frente de Jesús Misericordioso, sobre el Acceso Este. Allá hay 70 familias esperándola, que detrás de una mesita montada para la ocasión hacen cola para recibir su ración. También trabaja junto a un grupo de ancianos del asentamiento, a quienes visita con frecuencia.
Una misión
María habla de su entrega con los ojos llenos de lágrimas, mientras relata los duros años que la pusieron a prueba, en los que peleó contra la muerte confiada en que saldría adelante, abocada a la misión que la puso en el camino de cientos de niños que en ella hallan contención.
“En 7 años me enfermé dos veces de cáncer y tuve a mi nena, Celeste, que cuando nació, por su discapacidad, le dieron un día de vida. A ella también se la encomendé a Dios, como yo que ya me había entregado, y hoy ahí la tenés, al lado de nosotros poniendo la mesa y retándonos para hacerlo sola, sin ayuda. Es mi mejor compañera. En su momento el panorama era difícil, pero no aflojé nunca, ni cuando me operaron, ni cuando trabajaba, aún enferma no podía faltar al comedor, todos sabían que esos días yo me iba, era mi escape. El cariño de los chicos es tan grande, te hace tan bien, llegan y te llenan el alma, te olvidás de todo. A veces me duele todo, pero vengo acá y me olvido”, resume la encargada del Santa Faustina.
Esperanza después del saqueo
El pasado 14 de julio la Unión Vecinal donde funciona el Comedor Estudiantil fue asaltada. Robaron mercadería, electrodomésticos y equipos de música, rompieron vidrios y ventanas y vaciaron un matafuego. Desde entonces, Lela cuenta que su labor sigue adelante, sin resentimientos y gracias al compromiso de la comunidad, que se acercó para colaborar con alimentos y donaciones para restaurar el espacio.
“Lo peor que me pasó fue que después del robo vinieran algunas personas a decirme que estaba alimentando vagos, invirtiendo mi tiempo en alguien que no sabía si iba a salir adelante y ese fue mi mayor dolor”, cuenta.
Pese al mal trago, el apoyo de vecinos e instituciones no tardó en llegar. “Nunca me había acercado a la Municipalidad, pero después del robo vino Luis Lobos, el intendente, a quien no conocía. Tampoco a Claudia Sgró, que me sorprendió con su energía, la vi pintando la plaza de enfrente, cortando el pasto y con los chicos acá en el comedor, y eso lo valoro mucho. Yo siempre he trabajado en forma apolítica y por más que crea en Dios no se los he inculcado a los chicos, pero que se acerquen, con calidez humana y nos tiendan una mano como lo han hecho, eso lo destaco y agradezco”, cierra.
El municipio de Guaymallén colaboró con la tarea de Lela Scherl donando una cocina industrial, una procesadora, un televisor y 50 sillas. Además, un equipo de empleados municipales arregló los techos del lugar y ahora construye una leonera para evitar nuevos episodios de inseguridad en el comedor que funciona sobre calle Lamadrid.
*Para ayudar al Comedor Estudiantil Santa Faustina: acercarse a la Unión Vecinal del Barrio CoViPa, en calle Lamadrid 2287.
Fuente: Prensa municipalidad de Guaymallén


