"Es como una enfermedad latente y sorpresiva. Está ahí, vos lo sabés. Pero no sabés si va a actuar o no, y cómo. Nosotros no dudamos en volver a intentar tener otro hijo ya sabiendo del tratamiento, que terminó siendo muy llevadero y que se justifica", afirmó María Silvia Scilipoti (37), mientras la escucha hablar y le sonríe, como quien no quiere perderse de la conversación, María Luz, de apenas dos años. A unos metros, Julián (7) disfruta la siesta en un sillón, en donde se durmió. Entre los nacimientos de estos hermanitos, Mary y Alejandro -matrimonio oriundo de Tupungato- debieron afrontar el dolor de la pérdida de un embarazo de 16 semanas, y también se encontraron con el diagnóstico de que ese aborto espontáneo había sido producto de una trombofilia que en este caso ella había adquirido, ya que también las hay hereditarias.Sobre esta enfermedad, de la que hoy se ha tomado mucho más conocimiento a partir de casos de figuras reconocidas como también por el debate que suscitó una ley que terminó siendo vetada, sabían apenas. Es que su médico, un especialista en embarazos de alto riesgo, le había pedido los estudios específicos en su primer embarazo, que resultaron con valores normales, lo que llevó a que se desarrollara los 9 meses con total normalidad. Que no es un examen invasivo pero que no todos los médicos lo piden por rutina es algo de lo que esta mamá tomó conocimiento, tras su experiencia, y su relato reafirma una realidad con respecto a esta enfermedad: hoy conviven distintos criterios médicos en lo que respecta a realizar el análisis en una paciente aparentemente sana."Sabemos de que hay quienes esperan tres pérdidas para pedir el análisis, pero a mí me parece demasiado, que no es humano", opinó esta docente de Nivel Primario. "Fue en un segundo embarazo cuando, después de este análisis de rutina completo, nos encontramos con un valor apenas alterado, pero no alcanzamos a realizar los estudios cuando en menos de una semana se provocó el aborto espontáneo", contó esta mamá acerca de la experiencia que vivió hace unos 4 años.Desde entonces, asesorada y contenida por su médico, supo que para un próximo embarazo iba a tener que ser medicada de inmediato luego del minuto cero de que tomara conocimiento de la gestación. "Al principio te da miedo y como el tema sigue siendo medio tabú en la sociedad yo también me puse a investigar para saber de qué se trataba. Todos te dicen 'pero estás bien', y uno se siente así, pero sabés que tenés un problema por adentro", contó.Así fue como apenas se enteró de que estaba embarazada comenzó con los controles médicos, que no sólo son los del ginecoobstetra, sino también de un hematólogo, ya que el tratamiento consiste en inyectarse diariamente heparina, hasta unas 48 o 24 horas antes de la fecha posible del parto. A pesar de que su mutual le cubrió la medicación, sabían que asumían un embarazo mucho más "caro", por la cantidad de estudios y su complejidad."Es un tratamiento muy personal y hay que seguir una rutina que depende exclusivamente de la mamá. Pero es fácil inyectarse. Más que doler, impresiona. Lo que también depende del ánimo. Por eso hace falta contención y más compromiso", dijo Scilipoti acerca de su experiencia para traer al mundo a María Luz. "Fue un nombre sentido desde adentro. Llegó después de un embarazo perdido, un 'niño arcoíris' que llega después de una tormenta: la de una pérdida, la de aceptar una enfermedad, que tu embarazo no será como el común pero que vale la pena, sin pensarlo", cerró esta mamá, quien como muchas otras hoy celebra su día.


