El miércoles 17, a las 18, Rodolfo Terragno hablará sobre "El testamento político ymoral del general José de San Martín". La cita es en el hotel Sheraton y lo recaudado
será para el Museo Histórico General San Martín de las Damas Pro Gloria. Laorganización es de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza y el Centro de
Capacitación e Investigaciones Judiciales Dr. Manuel A. Saez. Las entradas puedenretirarse en la Corte, cuarto piso de Tribunales, o en el museo, en Remedios deEscalada de San Martín 1847. La presencia de Terragno en Mendoza es muy importante porque sus dos libros sobreSan Martín, el que cuenta el Plan Maitland y el último sobre 1824 en la vida dellibertador, son los dos aportes más originales de los últimos años a los estudiossanmartinianos. – ¿Por qué la historiografía clásica de San Martín pasó por alto el año 1824? –No había indicios de que San Martín hubiese ido a Londres a cumplir una misión. Porotra parte, los sanmartinólogos –salvo Ricardo Piccirilli, autor de un magníficolibro llamado San Martín y la política de los pueblos– no dominaban por lo general elinglés. No hubo investigación en Londres, como sí la hubo en París, donde JoséPacífico Otero y Agustín Barcia Trelles trabajaron extensamente. Quienes más seocuparon de San Martín, en lengua inglesa, fueron el canadiense Ferns y los británicosMetford, Humpreys y Lynch, pero todos ellos se dedicaron más a la gesta del libertadorque al período posterior a su retiro de Perú. – ¿Cómo le surgió el interés por ese año en la vida del libertador y, si recuerda,cuándo cayó en la cuenta de que había una bache ahí? –En 1979 yo estaba exiliado en Venezuela y ésos eran tiempos de exiliolatinoamericano: argentino, chileno, uruguayo. El desarraigo era un temadominante, a punto que se hizo en Venezuela un congreso internacional sobre elexilio latinoamericano. En ese contexto, yo leí una carta desgarradora de SimónBolívar, escrita 32 días antes de morir, en la cual el libertador decía: "En estospaíses, lo único que se puede hacer es emigrar". Pensé entonces en el otro libertador,el nuestro, que se fue el 10 de febrero de 1824 y murió más de un cuarto siglo después sinhaber vuelto a pisar territorio argentino y diciéndole a su hija: "C'est l'orage quimene au port" (es la tormenta que viene al puerto). Pensé también en O'Higgins,expulsado de Chile, que murió doce años después sin haber vuelto. Se me ocurrióentonces investigar la historia del exilio en Latinoamérica y empecé por SanMartín. Leí todo cuanto se había escrito sobre su vida posterior al renunciamiento enPerú y me encontré con que había un vacío: 1824. Yo había sido editor de la revista Todoes Historia, cuyo director era Félix Luna. Le escribí a Falucho diciéndole quepensaba establecerme un tiempo en Londres para indagar qué había pasado con SanMartín entonces. Luna no me desalentó, pero me recordó que San Martín no era unpersonaje olvidado de nuestra historiografía, sugiriéndome que hallar algo nuevoera poco probable. Yo me establecí en Londres, estuve siete años allá, volví variasveces y seguí la investigación a distancia hasta 2008. Eso me permitió descubrircosas que yo ni imaginaba encontrar. – ¿Qué matiz nuevo le da su investigación al San Martín marmóreo? –Creo que no se puede contrastar el trabajo de un historiador con el de unescultor. Las estatuas cumplen una función: establecen un compromiso permanente conel pasado y fortalecen el sentido de pertenencia. La Historia es otra cosa: debeestablecer las causas, los modos y los efectos del accionar de un prócer. Es cierto que,a veces, la Historia panegírica, acrítica, se vuelve ella misma "marmórea". Pero lahistoriografía científica no puede serlo nunca. – ¿Qué malentendido aclara su libro sobre el San Martín "humanizado", que sueleestar al borde del chisme? –Nunca entendí qué significa "humanizar" a San Martín. Salvo que se estépensando en la historia escolar, que es necesariamente simplificadora. Quien sehaya quedado con una imagen infantil de San Martín puede creerlo un ser sobrenatural.Eso no es bueno, porque los arquetipos sirven en tanto se los pueda imitar, y un sersobrenatural es, por definición, inimitable. Mi libro presenta a un San Martínobviamente humano, porque es un libro adulto y refleja años investigando. Pero eso notiene nada que ver con el sensacionalismo que se ha intentado en los últimos años conversiones antojadizas. – Si se hiciera historia contra fáctica, ¿se le ocurre en qué año podría habercambiado el destino de San Martín para transformarlo en un actor de la vida argentinade aquellos años y con qué consecuencias? –San Martín fue un actor de la vida argentina a partir de 1812. Contribuyó adesplazar al Primer Triunvirato, renuente a la independencia. Impulsó la Asambleadel Año XIII, que le dio identidad al país naciente. Concibió y ejecutó el PlanContinental, sabiendo que Perú era el centro del poder colonial en Sudamérica y que –m ientras Perú no le fuera arrebatado al virrey, previniendo además una eventualreconquista de Fernando VII y sus socios de la Santa Alianza– la libertad de lasProvincias Unidas no estaba segura. San Martín fue también un actor por omisión, cuandodecidió no ser parte de las luchas fraticidas, que podrían haber alcanzado otraproporción con la participación del Ejército de los Andes. – ¿Cómo hacía San Martín desde el punto de vista económico para vivir en Europa ycómo hacía para trasladarse y pagar sus gastos? –En el libro hay un detalle de cuánto dinero llevó y de dónde provenía. ElEjército del Perú seguía pagándole, pese a su retiro, un sueldo. En Londres estaba laLegación del Perú, dirigida por Paroissien y García del Río, administradora delempréstito que habían logrado para el gobierno peruano –cuyo giro se suspendiódurante un tiempo a raíz de la incertidumbre sobre la situación del país– y ellospagaban los gastos, incluido el alquiler de la casa de San Martín, con tales fondos. Detodos modos, algunos atrasos en las remesas del Perú y de los alquileres de suspropiedades en Buenos Aires hicieron que San Martín tuviera algunos padecimientos.Todo eso desapareció en Francia cuando se encontró con Aguado, el poderoso Marqués delas Marismas del Guadalquivir, que fue su protector. – ¿Por qué cree que siendo una personalidad con ideas, San Martín no dejó una obraescrita, como Bolívar? –No todos los hombres de acción se inclinan por la pluma. San Martín, además, era muyreservado; incapaz de un desliz epistolar o de una infidencia. De todos modos, suepistolario es muy importante para estudiar su vida y su gesta. – Ha establecido relaciones entre sus contactos para tomar conocimiento del PlanMaitland y esta nueva etapa de actividad diplomática y política en Europa. –Maitland murió poco antes de que San Martín llegara a Londres en 1824. Pero lordFife, que fue quien facilitó el viaje de San Martín a Londres en 1811 y lo puso encontacto con militares, así como con políticos, lo recibió al regresar ellibertador de América. Como se muestra en el capítulo final del libro, cumplió unpapel fundamental a fin de que San Martín cumpliera con su objetivo. – ¿Cómo sintetizaría la figura de San Martín, después de sus dos grandesestudios? –Creo que era un líder con capacidad estratégica, una inusual aptitud paradistinguir lo principal de lo accesorio y una gran tenacidad. Para él, nadaimportaba más que alcanzar el objetivo. Lo demostró en Guayaquil: Bolívar estaba enmejores condiciones para terminar la guerra y San Martín no tuvo empacho enreconocerlo. – Si tuviera que arriesgar un análisis político post, ¿cree que fue positivo onegativo que San Martín al fin nunca volviera a su patria? –Él tenía una contradicción: defendía ardorosamente las libertades públicas,pero creía que nuestros países no estaban maduros para un régimen liberal.Justificaba, por lo tanto, ciertas cosas que, sin embargo, no estaba dispuesto aasumir él mismo. Alguna vez dijo que no había podido gobernar Perú porque se le habíacaído "el palo", pero a la vez seguía pensando que nunca lo habría usado. Él entendía elproceso que había dado lugar a Rosas, pero no habría tolerado vivir en una Argentinagobernada de esa manera.



