A juzgar por las rejillas y rejas que cubren todas las aberturas de la escuela Chalha, ese edificio bien podría ser una fortaleza. Esa seguridad parece extenderse a todos los colegios de la zona, que apelaron a esa opción como única manera de conservar los vidrios de ventanas y puertas y evitar lesiones de los alumnos. Pero afuera de esos fuertes-escuelas quedan los vehículos de los docentes, que por estos días parecen ser el blanco elegido por los vándalos. La repitencia de daños, que incluyó el incendio de un auto el 1 de setiembre, hizo que los directivos informaran de la situación al SUTE y a la Dirección General de Escuelas, y desde allí se coordinara una reunión con el intendente Lobos. “Los pedidos en general tenían que ver con la seguridad. Nosotros necesitamos un tinglado para poder guardar los autos y elevar la tela que da cierre al patio, para evitar la lluvia de piedras. Hoy (por ayer) comenzaron a colocar una mediasombra provisoriamente para los autos y nos hablaron de que tienen un proyecto para poner cámaras en las escuelas que seguramente vendría a paliar en algo esta situación”, precisó Montironi, cuya escuela fue sede de la reunión. La directora aseguró que antes de pedir la reunión con el intendente le enviaron notas al comisario de la zona: “Pero nos dicen que no tienen móviles”. En este punto en particular algunos directivos coincidieron en la necesidad de que haya efectivos de la Agencia de Seguridad Vial a la salida de sus colegios. “Es importante, porque cuando están los preventores reducimos a cero los hechos violentos a la hora de entrada y salida. Pero necesitamos tomar más medidas, porque la problemática se ha acentuado en los últimos años”, destacó Graciela García, directora de la escuela 4-050 Roberto Azzoni.
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Tienen rejas, pero no frenan el vandalismo.
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Graciela Montironi, directora de la escuela Chalha.