El joven que fue baleado en la cabeza en el Parque San Martín en abril de 2013 logró salir adelante pese a todo pronóstico y nos envió una nueva carta en la que ironizó, debido a los últimos hechos.

Pablo Quiavetta y las "víctimas" que se transforman en "victimarios"

Por UNO

“La transformación de un delincuente”Al pasar el tiempo me voy dando cuenta que “la culpa fue mía”. Mientras más paso en el trabajo, me rehabilito y lucho por salir adelante, más me doy cuenta que ha sido toda mi culpa desde un principio. El hecho de estar en las condiciones de discapacidad en las que me encuentro, más afirmo y deduzco que “la culpa es total y plenamente mía”.

Porque claro, si nos ponemos a pensar y como se rigen las leyes, yo fui el equivocado en estar fuera de horario el 4 de Abril del 2013 en un parque público, en ese hermoso parque (San Martín) que tenemos todos los mendocinos y los turistas que están de paso en nuestra provincia.

Yo soy el culpable de haber estado pasando un buen momento con amigos, contándoles que mi esposa estaba embarazada, de lo feliz que eso me tenía. Soy el culpable de haberme cruzado de espaldas en la trayectoria de una bala disparada de un revólver calibre 32. El revólver que un pobre muchacho disparó. Ese muchacho que la sociedad ha olvidado o no le dio la oportunidad de buscar un trabajo. Yo tengo la culpa, que esos 3 pobres e inocentes no hayan, tal vez, terminado sus estudios, hayan tenido una infancia complicada...

Es por eso que salieron a robar, porque no tuvieron otra oportunidad. Nadie les ofreció un trabajo y ellos nunca buscaron uno. Nadie les abrió los ojos y les dijo que robar es un delito. Que portar un arma ilegal es otro delito. Y otro peor es intentar matar a una persona. Y que por eso pueden llegar a ir a la cárcel.

Eso siempre y cuando los atrape la Policía. Y que una vez detenidos el fiscal logre encontrar pruebas suficientes para pedir una orden de allanamiento en sus casas, junto a una orden de captura para ellos. Y luego que las pruebas, los testimonios y demás, reúnan los requisitos suficientes o tal vez no tanto, para que a estos pobres e indefensos muchachos los defienda un excelente y honorable abogado penalista basado en derechos humanos, esos derechos que en nuestra Argentina solo beneficia a cierto porcentaje de personas, pero de distintas clases sociales. Este abogado, les dice de pe a pa cuáles son sus derechos, obligaciones, sus ventajas y las desventajas del hombre que, sin querer, atrapó una bala en su cabeza. Ese hombre tiene tantas desventajas y que la ley no lo contempla como víctima a tal punto que poco a poco se va “transformando de víctima en victimario”.

Esa transformación no solo se dio en él, sino que transformó a toda su familia, porque como el tipo quedó varios días en coma, los padres perdieron sus respectivos trabajos al estar ocupándose y preocupándose de cuestiones que solo un ser supremo pudo salvar.

Se transformaron las cuentas en casa, ya que se fueron a pique a tal punto que tuvieron que vender bienes materiales que eran del "victimario", que con tanto esfuerzo había obtenido desde sus 18 años cuando tuvo que comenzar a trabajar para poco a poco ser sostén y pilar de familia, para solventar los gastos ocurridos después de este hecho.

Pobres muchachos, que será de ellos si van a juicio, ¿De dónde sacarán dinero para que los defienda este abogado? En el caso de que consigan el dinero: ¿Qué hicieron para obtenerlo? ¿De dónde lo sacaron si hace poco los arrestaron por estar cometiendo un delito? Pobres muchachos, qué va ser de ellos dentro de la cárcel. ¿Estarán mucho tiempo guardados? No, si es bueno el abogado no creo. Y si es bueno para negociar, menos.

Algo bueno le encontramos a esto: los buenos pibes van a estar poco tiempo en la cárcel, posiblemente vuelvan a delinquir, el abogado va a tener más trabajo al igual que el fiscal, juez y policías involucrados en un nuevo caso, donde un nuevo "victimario" surgirá. Siempre y cuando quede vivo para contarlo.

Qué error de mi parte hay en no haber visto esta ventaja que tiene el delito hoy en día. En no ver la desventaja de ser una persona de bien, trabajador, pagando los impuestos como el Estado manda. En brindar un gramo de buenos valores para una sociedad futura, esos valores que ya casi no existen.

“Qué equivocado estoy, cómo no me transformo en delincuente”.

Saludos Pablo M. Quiavetta.