Por María José GómezPsicopedagoga con especialización en docencia universitaria. Coordinadora del área de Humanidades en la Escuela del Magisterio (UNCuyo)

La crisis de autoridad docente está vinculada con una problemática del adulto actual. En muchas ocasiones el docente es un actor social que está colapsando y es un reflejo de un problema más general que es el cómo ejercer el rol de adulto hoy. Por temor al “autoritarismo” a veces establece una relación simétrica con el niño o el adolescente. Al adulto en general le cuesta asumir el rol de monitoreo,guía y acompañamiento y eso emerge en el ámbito educativo.

El docente tiene que poder gestionar una buena llegada al alumno y a la vez establecer un adecuado encuadre o puesta de límites. El adulto no termina de tener en claro su rol con las nuevas generaciones y eso se traslada a la escuela y se hace más crítico porque muchas veces el docente se siente desbordado:debe conducir a 30 o 40 chicos y al no ejercer adecuadamente la autoridad,no puede generar el clima de trabajo necesario para el aprendizaje. La baja autoestima es una secuela de esta situación.

También sucede que el docente interactúa con padres que no respetan su autoridad y esto torna más complejo el ejercer adecuadamente su rol. Hablar de límites ha sido en un tiempo casi mala palabra y en realidad todo niño o joven necesita un encuadre,un límite y un apropiado acompañamiento para poder desarrollarse adecuadamente.