Por Javier Cusimano
Junto a la inflación provocaron que en un año subieran 40 por ciento los precios de la mayoría de la producción. Demoras, faltas de insumos y pérdidas de prestaciones integran el panorama de uno de los rubros más dependientes del exterior.
Las ópticas son una de las principales afectadas por las trabas a las importaciones
Las trabas a las importaciones dispuesta por el Gobierno nacional afecta desde hace meses al sector de ópticas del país y, en consecuencia, al de Mendoza, un rubro altamente subordinado en este lado del mundo a las tecnologías y la producción de materiales desarrolladas en otras latitudes. Se estima que el 80% del mercado óptico nacional está compuesto por productos importados.
Desde los estuches para portar anteojos hasta los armazones, las lentes y toda una gama de cientos de accesorios que componen el mercado óptico dependen en mayor o menor medida de la asistencia de otros países monopólicos en el rubro. Entre las principales naciones se destacan Estados Unidos, China, Taiwán y países europeos, como Francia, Alemania e Italia.
En la Argentina, si bien existe una industria capaz de remplazar faltantes, las capacidades son deficientes y no cubren la demanda de algunas tecnologías. Así ocurre en el caso de las lentes de contacto descartables, una variedad que en la provincia amplió por sus ventajas el consumo el 70% durante los últimos cinco años, según explicaron desde las cadenas de ópticas consultadas.
“No es que no se estén dejando ingresar materiales, sino que la mayoría de los insumos entran con demoras ya que quedan parados en la aduana por un tiempo indeterminado”, explicó Gustavo Lara, de la contactología y óptica Analía Peinado.
“Es cierto que existen prohibiciones de algunos productos, como es el caso de determinadas marcas de armazones y cristales, pero el principal inconveniente en general es la falta de materia prima y stock de artículos básicos”, dijo el vendedor.
Este escenario, sumado a un creciente índice de inflación, ha hecho que el sector subiera del 25% al 40% el precio de la mayoría de sus productos de un año para el otro. A estas deficiencias hay que añadirle que cayó la posibilidad de ampliar la oferta de servicios complementarios a los encargos más comunes. Por eso, muchas empresas han perdido servicios y extendido los plazos de entrega de 20 a 180 días.
Luis Trombetta, dueño del conocido centro óptico homónimo, ilustró esta situación explicando que no baja la calidad de la prestación, sino el valor agregado con el que una empresa puede valerse para crecer.
“Pongamos por caso un ejemplo: si una persona viene a hacerse un anteojo recetado y solamente tenemos para ofrecerle cristales de vidrio, no va a quedarse sin lentes, pero no podrá gozar de otras posibilidades, como cristales de policarbonato con réflex”, graficó Trombetta.
Los precios, en alza
“Es muy difícil determinar el monto de un anteojo, porque depende de la elección del armazón y de la graduación del lente. Pero, en promedio, ningún lente bueno baja de los 500 pesos, si bien tenemos promociones que parten de los 140 pesos”, explicó Alfredo Masteres, encargado de la cadena de ópticas Duci. “Los cristales aumentan dos veces al año y la suba está configurada tanto por los índices de inflación como por los faltantes de stock”, expresó el comerciante.
Algunos de los materiales que más dificultades han tenido en su comercialización son los lentes de contacto y algunas especies de cristales. Los de policarbonato y los orgánicos últimamente han sido los que más demoran en la aduana. Los lentes multifocales son otros de los afectados. Muchas empresas distribuidoras de armazones quebraron y cerraron sus puertas porque perdieron su espacio al prohibirse la importación de ciertas marcas.
“Los armazones nacionales remplazan con materiales de muy buena calidad a los importados. Trabajan mejor porque utilizan menos plástico. Pero esta calidad influye sobre el precio. El costo de producción es mayor que el de otro país. Un hecho muy llamativo y para rescatar es que nadie puede discutir que el producto nacional sea mejor que el extranjero en este rubro, pero los diseños nacionales no pueden superar en detalles y confección a los del exterior”, describió Lara.
“Para colmar la demanda de los usuarios tenemos que irnos acomodando con relación a lo que existe en plaza y remplazando un material por otro permanentemente. Esto hace que el trabajo se vea entorpecido en demasiados sentidos y nos deja fuera de poder proyectar hacia el futuro tanto administrativa como comercialmente. Estamos perdiendo excelencia, porque el sistema tal como está planteado ahora está fallando”, aventuró Trombetta.
Fuente de problemas
Graciela Fabrizio, de Analía Peinado, resaltó que las demoras y trabas en la aduana han generado un nuevo foco de conflictividad con los clientes. “En varias ocasiones, el cliente no entiende que el atraso no es culpa de la óptica y nos traslada a nosotros el problema”, relató. El mismo panorama expresaron las demás ópticas entrevistadas. Graciela explicó que algunos clientes viajan y consiguen lo que necesitan en Chile, a pesar de que los costos son superiores. “En el país vecino están vendiendo lentes hasta sin receta”, detalló.
Para poder saltear estos inconvenientes, algunas empresas con espalda –capaces de afrontar costosas inversiones– han tomado el camino de sobreabastecerse comprando, cuando se habilita la entrada, hasta tres veces más del caudal de material del que adquirían en años anteriores. De este modo, pueden darle una pulseada al Gobierno y no parar sus comercios en función de caprichos externos.
“Trabajamos con distintos tipos de patologías que requieren filtros exclusivos, también confeccionamos prótesis utilizando materiales altamente especializados y durante un tiempo estos insumos estuvieron en falta. Cuando le dieron nuevamente vía libre, nos sobrecargamos de materiales, por las dudas, y cada vez que podemos hacemos lo mismo. El tema es que nuestra empresa es fuerte y puede respaldarse. No sé qué ocurrirá con los pequeños”, manifestó Trombetta desde su oficina.