"Nuestra enfermedad es la ignorancia; su causa, el fanatismo. El remedio es la escuela; el médico el maestro"

Las malas cuentas y los buenos cuentos

Por UNO

Esta sentencia, aunque solemne y rígida, suena actual.

Los diálogos en Argentina, desde siempre, tienen perfume a monólogos. Al menos es lo que podemos ver, leer y escuchar cada vez que dicen convocar a los distintos sectores para llegar a un acuerdo, sea de carácter social o político. Las voces de las minorías suelen desentonar con los propósitos que se definen.

La poca sujeción a la palabra denota la relatividad reinante, y no me refiero a la teoría general de Einstein, sino al escaso rigor que le otorgamos a los compromisos.

Tanto así que cada vez que observamos la palabra "compromiso", dudamos seriamente. He llegado a sospechar que se trata de una proclama, de una intención. Pretensión de adquirir una aversión. Compromiso.

Cuando se trata de la educación estamos todos de acuerdo. De acuerdo en reconocer que cada vez lo que se imparte en las escuelas es menos eficiente y más injusto.

A propósito, guiado por el entusiasmo, en el doble rol de docente y aprendiz de periodista, acepté de buen grado la invitación para sumarme a un encuentro en relación a esta problemática. Compromiso por la Educación. Actores de diversas disciplinas, aportando datos para el diagnóstico pero también propuestas para modificar el inmóvil pronóstico. Nada menos que en el emblemático Colegio Nacional Agustín Álvarez. Agustín Álvarez, autor del pensamiento que dio inicio a esta columna.

Se hizo esta reunión, a la que asistimos más de un centenar, pero hubo ausencias. La primera y más notable: la puntualidad. Esa que tanto se reclama y llega, pero llega tarde, que es como si nunca hubiese estado. Significativo es que la demora (siempre justificada por algún fenómeno exógeno accidental) no es de los concurrentes de a pie, sino de quienes convocan. Una manera de interpretar la autoridad: someter a su propio capricho los acuerdos. Supeditar al otro, por una cuestión de jerarquía, aunque sea ocasional y momentánea.

Esta crítica que seguramente señalarán como exagerada, y con razón, no pretende deslucir lo fructífero del encuentro, sino más bien poner de relieve que al menos, Agustín Álvarez, aquél militar, político, ensayista moralista, no impregnó con su intelecto a sus sucesores actuales, aunque se preserve casi milagrosamente su nombre.

La experiencia que significa disentir, departir y discutir con docentes en actividad, docentes que ya no están dictando clases y dirigentes sociales, en un ámbito edilicio tan icónico, amplía la mirada y reduce los prejuicios. Pero como lo ideal está lejos del aula, irrita observar que también ahí, en vez de absorber las responsabilidades que nos caben y asumir con mayor vehemencia la empresa de alterar lo que no nos gusta y conservar lo que sí consideramos está bien, desplazamos el asunto hacia afuera y depositamos la culpa en las familias, en la sociedad, ó sea, en aquellos ámbitos y lugares que de ninguna manera podremos modificar al menos desde adentro y en un lapso de tiempo admisible.

La escuela, y como en esta ocasión, la Escuela del "otro" nos aproxima a una realidad que aunque suceda a pocas cuadras, nos asombra, y en ocasiones nos consterna. La problemática que desnuda la Escuela de hoy es vasta y difícil de resumir. Pero no imposible de mejorar.

La posibilidad que da la Educación desde la Escuela está vigente y no sólo se trata de cumplir y de hacer cumplir. Cumplir con las metas comunes, con las ambiciones ajenas y con los sueños propios, es apenas una parte de la enorme importancia que tiene para el humano la educación.

La Escuela es imprescindible pero no suficiente. Para que la Educación alcance su cometido, hay que implicar a todos y muy especialmente, a los que tienen la misión de gobernar. Todos. Esos que critican impiadosamente a sus adversarios y los adversarios que les imputan todos los males a los contrincantes. Sí, todos. Los que debaten hasta el amanecer por una coma en un proyecto insustancial pero rápidamente coinciden en otorgarse un bonito 47 por ciento de incremento en sus dietas.

En absoluto sanciono la decisión de adecuar sus honorarios, sólo destaco que la ambigüedad y el doble discurso no colaboran demasiado con lo que luego dicen pretender.

El famoso déficit en la comprensión de texto que tanto les achacan a los jóvenes hoy, se generaliza ante los mensajes que disparan desde los tres poderes del Estado. Y esta vez, la coincidencia entre Provincia y Nación es inevitable. No se parece mucho la oferta previa con la acción posterior Cambiemos. Esa fue la elección. Pero hoy "cambiemos" es apenas una de las tantas invitaciones incumplidas. Un título más para una nación que, como el legendario diario, se ha encogido, se empequeñece pero además, se degrada. Así como los diálogos pierden substancia cuando se convierten en monólogos.

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