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Las rupturas, las pérdidas de seres queridos, las frustraciones laborales recrudecen en estas fechas, cuando “hay que estar contento y feliz”. Lo ideal es ser sincero con uno mismo y buscar armonía.

Las fiestas y los conflictos

Por Carina Luz Pérezcperez@diariouno.net.ar

“Si usted casi si no se habla con su cuñado porque no se lleva bien es un mal momento para tratar de reconciliarse en Navidad o en Año Nuevo, con un par de copas arriba. Mejor júntese el 2 de enero, sobrio y empiece el año como corresponde”, dice Alejandro Gil, director de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad, con referencia a las grescas familiares que suelen terminar con heridos de arma blanca o de fuego.

Esta es la segunda causa de atención del Servicio de Emergencia Coordinado, luego de los accidentes.

Y aunque parezca más una recomendación que daría un psicólogo, lo cierto es que el funcionario da en el clavo acerca de una tema poco frecuente dentro de los cuidados pensados para pasar bien las fiestas de fin de año: la carga emocional que despiertan estas fechas.

Todos aquellas cosas inconclusas, las heridas de amor, las frustraciones laborales, las pérdidas, todo está allí junto a la mesa con grandes cantidades de comidas y de alcohol. La obligación de estar contentos porque es fin de año produce la ingesta a lo grande y una actitud personal que traduce la típica frase: “No tengo ganas de ir, pero voy porque no me queda otra”. Pero sí queda otro camino.

La licenciada Mirta Dall Occhio, directora del Centro de Estudio del Estrés y la Ansiedad, puso en perspectiva este malestar emocional para proponer una salida, a lo mejor imperfecta, pero sincera.

“El 24 de diciembre representa la unión familiar, ese es el mensaje religioso que invita a reconsiderar los lazos con la familia, con el padre, la madre, los hijos, la pareja. En este sentido, los adultos deben evaluar de manera realista cuál es su situación y diferenciarla de aquello que le gustaría. También identificar los limites posibles de lo que puede soportar o ceder. Si se omiten los conflictos familiares, es esperable que en las fiestas se produzca una actualización de ellos: los duelos, las pérdidas de un ser querido, las rupturas”, explica.

Momento de balancePara la profesional, el fin de año es el momento de balances, del fin del ciclo.

“Hay un pedido social de estar eufórico, de estar esperanzado, de que se vaya todo lo malo y llegue lo bueno. Hay un fuerte mensaje social de que tenés que estar contento, y la realidad es que cada uno está como está, según lo que le toca vivir en este momento. La consecuencia lógica es buscar una fuga de la conciencia, salir de ese estado y alterarse. Por eso, el consumo de alcohol es tan alto ”, agregó.

Dall Occhio aclaró que tampoco se trata de actuar sólo centrados en nosotros mismos porque está muy bien querer dar buenos ejemplos a los chicos, siempre que estar con la familia en estas fiestas no sea más dañino que no concurrir o que reprimir las emociones negativas.

Pases de facturasEn las fiestas de fin de año 2011 hubo 8 heridos graves de arma de fuego y 3 de arma blanca en hechos producidos en fiestas familiares, según datos registrados por el Servicio de Emergencia Coordinado (SEC).

Luego de los accidentes de tránsito, los incidentes familiares son la segunda causa de pedidos de auxilio. El año pasado hubo 152 heridos en total , 69 por accidentes viales, los 11 de las grescas familiares y 3 por pirotecnia.

Juan García, titular de SEC, explicó que “si son analizados las tres primeras causas (accidentes, arma blanca y arma de fuego en grescas familiares) están relacionadas con la ingesta enorme de alcohol. Cuando vamos a auxiliar a los accidentados, los conductores están clínicamente intoxicados de alcohol. Cuando vamos a las casas de las familias, igual. Por eso, esto puede parecer antipático, pero si no se hablan en todo el año, no vaya a la fiesta, porque se van a pasar facturas y puede terminar en tragedia”, expresó.

Después siguen las causas por gastroenterocolitis, debido a las cantidades de comida muy pesada para la temperatura ambiente. Por esto “es mejor elaborar poco y evitar recalentar las comida, porque las toxinas siguen trabajando”, indicó García.

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