El emblemático colegio festejará 100 años con una serie de actividades. Egresados recuerdan a la institución. En su área es la segunda escuela en importancia del país y la mayor del interior, con unos 1.200 estudiantes

La Nogués cumple un siglo en la formación de técnicos

Por UNO

Una biblioteca que atesora la Enciclopedia Universal Ilustrada, una mesa ratona y unas sillas hechas de una madera que no cruje a pesar del paso del tiempo decoran la oficina de Roberto Morales, actual director de la escuela Pablo Nogués, ubicada en la ciudad de Mendoza. Esos muebles llevan décadas ahí y fueron hechos por alumnos de la institución educativa, símbolo del nivel de estudiantes que se forman desde hace un siglo, ya que en agosto la Nogués cumplirá 100 años desde su creación por decreto.En todas estas décadas egresó del colegio una cantidad innumerable de alumnos que luego trabajaron en grandes empresas o lugares de élite, como el caso de Osvaldo Espina, que llegó a asesorar a la NASA. Y también surgieron de la escuela artistas como Marciano Cantero, bajista y cantante de los Enanitos Verdes, o Sergio Bonelli, guitarrista de Los Alfajores de la Pampa Seca. ¿Por qué es al mismo tiempo un semillero indiscutible de ingenieros y un lugar del que surgen artistas de ese calibre o personas que ejercen profesiones de otras ramas con una disciplina implacable?El director, quien fue estudiante y docente de la institución, encuentra una explicación fundamental: una preparación técnica muy sólida, con un acento marcado en la parte social y humana."Le damos mucha importancia a la solidaridad. Tenemos un proyecto que se llama Nogués Solidario, con el que ayudamos a los necesitados. Eso sirve para que los chicos se den cuenta de que son de alguna manera privilegiados al estudiar aquí y eso siempre da buenos resultados", dijo Morales, quien egresó en 1975.Desde la institución destacan que forman alumnos en tres aspectos: para que sigan estudiando, para que sean ciudadanos responsables y para que sean profesionales con las competencias sociales que hacen falta hoy en día. Voces de los protagonistasSin embargo, la mítica de la Nogués se cultivó a lo largo de los años. Quien domina ese tema es Simón Hernández, promoción '67, quien salió del colegio y en ese momento no le hizo falta seguir una carrera universitaria para trabajar en YPF y desarrollar tareas de ingeniero, gracias a los conocimientos y conducta que adquirió en sus años de formación, que fueron siete y ahora son seis. "Para nosotros vivir los 100 años es una emoción muy grande, difícil de explicar. Ver el edificio que tienen ahora y comparar con lo humilde que eran nuestras aulas. Ver esos cambios y al mismo tiempo ver que la enseñanza sigue siendo igual de buena que en nuestra época es algo que...", contó Hernández, antes de que la voz se le quebrara por la emoción.Hernández egresó hace 60 años, cuando el director actual tenía nada más que 1 año. Uno de sus compañeros, con el que se sigue viendo regularmente, es el ingeniero electromecánico Antonio Martinelli, quien trabajó en Agua y Energía y luego fue un destacado profesional de Byron Jackson, actual Flowserve, multinacional con más de 18.000 empleados, que opera en 55 países. "Cuando nosotros cursábamos el colegio quedaba en la calle Yrigoyen (donde hoy se ubican las Torres Agustinas, en Godoy Cruz). Pero al principio sé que estaba en la calle San Martín casi Pedro Molina. La Pablo Nogués me trae muchísimos recuerdos buenos. En aquella época íbamos a la secundaria por gusto, porque no era obligatoria como ahora", recordó Martinelli, de 78 años.Recuerdos actualesLeón Azul Lagrenade egresó en 2010 de la Nogués y hoy cursa en la UTN Ingeniería Electromecánica. Cuando fue a la secundaria era otra época del colegio con relación a la matrícula femenina, que hoy por hoy representa el 10% del alumnado, a diferencia de antaño, cuando era el 1%.Sin embargo, Lagrenade no difiere de los viejos alumnos cuando se lo interroga por los recuerdos que le trae la institución. "Es difícil explicar el sentimiento porque fue como una segunda casa y a veces la primera porque pasamos muchas horas ahí. La Nogués se vive, se siente, se respira. Cuando me vaya de la casa de mis viejos va a ser como egresar, la misma sensación. Me dio amigos, hermanos, compañeros de facultad. Y me da nostalgia cada vez que vuelvo a caminar los pasillos y siento el olor a la madera de la carpintería, la viruta, la grasa de tornería, de los electrodos en metalúrgica", relató Lagrenade. "Me enseñaron -finalizó el joven- a ser solidarios. Y el Charly (el que atiende el bufet, un ícono dentro de la institución) fue parte de eso. Me siento orgulloso de pertenecer a esta escuela".

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