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En lo que ya es un clásico, muchos mendocinos coparon desde temprano lo más alto del escenario natural. Fueron quienes más calor y pasión le aportaron a la jornada. Sorprendió la cantidad de turistas en esa “tribuna”

La mística y la magia que bajan desde los cerros al teatro

Quien sigue la Fiesta de la Vendimia desde los cerros no gozará de la mejor ubicación o no tendrá las mayores comodidades, pero sí vive algo especial, una mística que se palpa con sólo ver y charlar con la gente que mira a los bailarines y a las reinas desde bien arriba.

La mayoría de ellos lleva muchísimos años repitiendo este ritual, y hasta casi todos logran conservar sus lugares originarios fiesta tras fiestas.

Claro que para permanecer allí hay que esforzarse y llegar lo más temprano posible, como para ir marcando presencia, para reservar el lugar de la familia.

El infaltable mate y los sanguchitos, a veces escasos teniendo en cuenta que la espera es larga, acompañan y hacen amena la previa del esperado Acto Central y la posterior coronación de la Reina y la Virreina.

No obstante, los cerros no son propiedad exclusiva de los mendocinos; varios turistas también se animaron a escalar un poco para decir presente en la fiesta.

Dos jóvenes alemanas, debutantes en la Vendimia, miraban sorprendidas la cantidad de gente que se ubicaba en los cerros y hasta lo peligroso que puede ser. No importa, todo sea para observar lo que pasa allá abajo, en el Frank Romero Day.

El esfuerzo de llegar es grande, la espera es larga y quizás los artistas y el escenario quedan algo lejos. Pero los cerros tienen su encanto, su magia. Así lo vivieron y lo contaron los miles de mendocinos que aunque allá arriba y casi sin verse por los demás forman parte y le dan color a la impactante Fiesta de la Vendimia.

Mucha bicicletaVarios se pusieron el casco, se colgaron la mochila y se subieron a la mountain bike para pedalear hasta lo alto de los cerros.

Fueron los “espectadores deportistas” que complementaron su actividad física con su pasión por la Vendimia.

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Ricardo Soria, apasionado de la Vendimia, mostró orgulloso el racimo de uva, junto con su esposa, Bety, que recibió una manzana. Fue medio siglo para ellos en la fiesta, siempre siguiéndola desde los cerros. Ricardo, oriundo de Guaymallén, se describió como un amante del buen vino. “No me puedo perder esto”, dijo. Él y su esposa estuvieron acompañados por Ana y Cecilia.
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Ricardo Fernández, con sus binoculares ya preparados para no perderse detalles, compartió gran parte de la jornada con Victoria Herrera y Griselda Hernández, ambas de Maipú y con varias fiestas presenciadas desde los cerros. Hasta ayer no se conocían, pero, mate de por medio, entablaron charlas mientras esperaban el inicio del espectáculo.

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