El megajuicio cambia de espacio físico y se desarrolla en los tribunales federales, tras el comienzo en el Palacio Judicial de Mendoza. “Problemas con el audio”, justificó el tribunal. Eso sí, desde este lunes menos gente podrá presenciar e

Hoy puede ser un gran día... siempre que haya respeto y cordura. Y Justicia

Por UNO

Por José Luis [email protected]

@jlverderico

Este lunes puede ser histórico y la expectativa es acorde.

Dos de los cuatro ex jueces federales de Mendoza que son juzgados por delitos de lesa humanidad van a declarar ante el tribunal, según se supo la semana pasada.

Tendrán la palabra Otilio Romano y Luis Miret, ex hombres fuertes de la Justicia federal de Mendoza, ahora bajo proceso, el primero detenido y el segundo en libertad, en lo que promete ser una de las audiencias más interesantes del megajuicio que, finalmente, tras añares de idas y vueltas, comenzó y se desarrolla en la provincia.

Tuve oportunidad de presenciar una de las audiencias celebradas en la sala de actos de la Suprema Corte y debo confesar que el aire se cortaba con un cuchillo, que los ánimos estaban caldeados y que cierta tensión sobrevolaba a los presentes.

Y cuando digo los presentes me refiero a las partes: acusados, querellantes, abogados y familiares todos. Si hasta el tribunal ha experimentado un rictus de incomodidad, alguna tensión contenida...

Para hoy está previsto que hablen Romano, sobre quien el tribunal debe decidir si le permite autodefenderse o no, y Miret, sobre cuya conducta quiero hacer algunas consideraciones.

Hace diez años aproximadamente que con cierta regularidad y por cuestiones periodísticas presencio juicios orales y públicos por diversos casos criminales.

Y juro que Miret no se parece a ninguno de los que integran la enorme lista de personas que he visto en el banquillo de los acusados.

A muchos de estos últimos los he visto sufrir, llorar, revolverse en sus asientos, enojarse, tartamudear o simplemente callar de cara a los jueces que decidirán si los mandan por el resto de sus vidas tras las rejas o si les firman el boleto de regreso a casa en las próximas horas.

Pero a ninguno lo he visto sacarle fotos a los juzgadores como ha hecho Miret. Tampoco los he visto lanzarse miradas severas con los familiares de los querellantes, como sí ha, hecho Miret y viceversa.

Tampoco los he escuchado hablar a los gritos en la sala de audiencias como sí ha hecho Miret y mucho menos los he visto con intenciones firmes de retirarse de la sala de debates como sí ha hecho Miret.

En rigor de verdad, debo decir que he visto a una gran cantidad de jueces de sentencia en plena faena, y he observado diversas conductas, todas respetuosas y decorosas por cierto, pero a ninguno de los magistrados en cuestión le escuché dirigirse a un acusado como “albañil tal”, “contador público tal” o “ama de casa cual”, como sí se dirige el presidente del tribunal del juicio de lesa humanidad, Alejandro Piña, a esos acusados al tratarlos de “doctor”.

Me asaltan dudas que espero se disipen rápido: ¿Acaso Romano y Miret están menos acusados de cometer delitos que los ciudadanos que son juzgados en el fuero provincial? ¿Acaso al tribunal todavía le cuesta ver como acusados a secas a quienes ejercieron máximo poder en el fuero federal?

La previa de la audiencia prevista para hoy ha tenido condimentos propios de los procesos judiciales, chicanas que les llaman. Por doquier.

Ojalá hoy en el juicio primen el respeto y la cordura. Y sobre todo la Justicia.