Por Javier [email protected]
Ese importante espejo de agua, ubicado en el Sur de Mendoza, se había secado casi por completo por la crisis hídrica. Debido a las precipitaciones de febrero, ahora ha recuperado parte del agua pero sin vistas de lograr su nivel normal
Favorable efecto de las lluvias sobre la Laguna de Llancanelo
Las intensas lluvias que desde el 13 de febrero afectan a toda la zona Centro del país, provocando grandes estragos en San Juan y Catamarca e inconvenientes en diversas áreas de Mendoza, hicieron todo lo contrario sobre la Laguna de Llancanelo, en Malargüe, que recuperó agua levemente luego de que este verano ese espejo húmedo desapareciera casi por completo debido a la crisis hídrica.
Según el ingeniero Mariano Pandolfo, delegado de Irrigación en Malargüe y uno de los encargados de controlar del cupo de agua que ingresa a la laguna, las precipitaciones que comenzaron el jueves 13 de febrero se prolongaron por cuatro días y se repitieron una semana después, a partir del lunes 24 y el día siguiente, “han servido para darles un respiro a las condiciones del humedal”.
Para alivio de los lugareños que viven al límite de la laguna y a los que la sequía había puesto su cría del ganado y sus cultivos en emergencia, ahora, con las lluvias estivales han tenido una leve recuperación general en la zona. El caudal de Llancanelo, que hasta fines de enero estaba vacío, se ha completado con algunos charcos de agua de varios kilómetros de longitud.
Sobre esta relativa mejoría, Juan Antonio Barros, habitante por más de 35 años de tierras aledañas a la reserva, explicó que ha disminuido la situación desesperante que padecía el campo y la laguna, ya que después de las tormentas pueden visibilizarse lodazales con agua. Pero describe que se trata sólo de un porcentaje ínfimo de recomposición, teniendo en cuenta otras épocas.
“Para que te des una idea, actualmente, pasadas las precipitaciones, la extensión de tierra que estaba completamente seca y con un único espejo de agua en la región sur de la reserva posee un charco de cuatro kilómetros de largo por 500 metros de ancho, rodeado de una importante manta de flamencos, pero la laguna tiene 25 kilómetros de largo y debe tener unos 15 kilómetros de ancho”, detalló el ganadero.
Por eso, para los funcionarios del área de Recursos Naturales Renovables, si bien las lluvias han suscitado cierta ayuda a la crisis que afecta hace cuatro años al sector, no puede esperarse que produzcan una “solución mágica” en una coyuntura hídrica desfavorable y que tiene de trasfondo las consecuencias y alteraciones que está provocando el cambio climático en toda la provincia.
“Hay una realidad y es que por primera vez desde hace 50 años no ocurría que Llancanelo se secara. Se trata de una complicación natural y pronosticada en función de los parámetros de disminución que venían registrándose y las tormentas no son suficientes para revertir este escenario. Aunque todas las lluvias se escurren hacia este sector, no alcanzarán para subir el nivel de la laguna”, aclaró Pandolfo.
Respecto del temor por la probable disminución por la sequía de la población de aves y otros animales que componen el hábitat de la reserva, el biólogo Heber Sosa explicó oportunamente que las fluctuaciones de la fauna son normales y están determinadas por el caudal del lago. De modo que al aparecer algunas ciénagas aumentó el número de flamencos en los últimos días.
Una necesaria recuperación
Cerca de 60 milímetros es el valor estimado de precipitaciones acumuladas durante el período de lluvias en el Sur de Mendoza. El dato fue ofrecido por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y coincide con el que maneja la de-legación de Irrigación en Malargüe. Sin embargo es una cifra aproximada, ya que la reserva provincial de Llancanelo no cuenta con un pluviómetro propio.
En el Gran Mendoza, las condiciones climáticas de febrero han alcanzado a acumular casi la mitad de agua que estipula la media anual. Según los meteorólogos, en 13 días cayeron 135 milímetros de precipitaciones, un número significativo en esta zona debido a que por año se estipula una máxima de 200 milímetros.
Números
- 241 mm ha sido, desde el 2011, la mejor cifra de lluvias anuales acumuladas en Mendoza. En los años siguientes, la cantidad de agua que cayó del cielo llegó muy cerca de la máxima de 200 milímetros estipulada en la provincia.
- 135 mm es el número de precipitaciones registradas sólo en febrero, luego de seis días de lluvia. Esta cifra equivale a casi la mitad de agua, que representa la media anual para esta zona semiárida del país.


