Mendoza Domingo, 8 de abril de 2018

Entrevista al fantasma de Francisco Clavero, el más bravo de los olvidados

Soldado de San Martín a los 15 años combatió en decenas de batallas. Entre lo más llamativo de su vida, invadió San Rafael para liberar a sus hijos

En la tiniebla del calabozo, a pesar de sus 74 años y de que el último lo ha cumplido aquí, Francisco Clavero todavía luce bravo, áspero. No es para menos. A los 15 años este hombre, que ahora tiene una barba espesa y canosa, era un muchacho impetuoso que, fusil en mano, se enrolaba en el Ejercito de los Andes.Clavero está preso por los acontecimientos ocurridos hace un año, en abril de 1863. Estaba exiliado en Chile desde el ascenso del Partido Liberal, pero enterado de que el gobernador de la provincia de Mendoza había engrillado y metido presos a sus hijos, de 13 y 14 años, en el fuerte de San Rafael, decidió invadir la provincia aprovechando que aún tenía soldados federales que le eran absolutamente fieles. El 5 de abril tomó el fuerte y liberó a sus hijos. Después avanzó sobre San Carlos y depuso a las autoridades. Luego el gobernador Luis Molina (hijo de Pedro Molina), declaró el Estado de Sitio y organizó la represión del alzamiento. El 11 de abril Clavero depuso al subdelegado de Junín, Guillermo Cano. En tanto Bartolomé Mitre ordenó reprimir, para evitar que las tropas de Clavero se unan a las del ya sublevado Chacho Peñaloza. El 13 de abril el comandante José Manuel Puebla derrotó a Clavero en la batalla de Algarrobo Grande (Junín) y Clavero fue hecho prisionero.-¿Cómo se siente?- le pregunto.-Soy un viejo servidor de la Patria, encanecido en su defensa, que gime olvidado en el fondo de este calabozo, sin que la justicia humana haya pronunciado aún mi inocencia ni mi culpabilidad (responde, apesadumbrado pero sin perder su hidalguía).-¿Por qué atacó el fuerte de San Rafael?-Lastimado en las inocentes criaturas que tuve orgullo de educar en la pureza de mi conducta, provocado tan cruel como injusta e inhumanamente en esos seres indefensos, en la cuerda más delicada y sensible del corazón de un hombre, nada vi, señor, ninguna consideración me detuvo, y en el vértigo de mi dolor, me lancé ciego en la invasión armada de mi país.-Pero usted, después de liberar a sus hijos, atacó San Carlos y Junín...-Volví mis armas contra el gobierno de la provincia exclusivamente, en el intento único de cambiarlo por otro que prestase garantía a los ciudadanos, respeto a los derechos y observancia de las leyes.Parece sincero. Domingo Faustino Sarmiento, a pesar de tenerlo como un bravo enemigo, ha dicho de él: "Clavero no era ni salteador ni encubridor, ni caudillo ni gaucho malo. Era un viejo veterano de Granaderos a Caballo de San Martín, que a fuer de antiguo soldado y de valiente, había llegado a coronel al servicio de Rosas y de la Montonera".Y ahora Clavero dice: "En el espacio de cincuenta años de servicios activos he subido, grado a grado, lenta y compensadamente en la escala de los ascensos militares, desde la humilde esfera de soldado hasta el rango de coronel de la Nación, sin asaltar un solo puesto honorífico por medio de trastornos, ni ganar mis presillas a cambio de indignidades ni traiciones".Este hombre, que hoy 25 de mayo de 1864 redacta una carta a la Honorable Sala de Representantes de Mendoza pidiendo su indulto después de llevar un año preso sin juez que se anime a condenarlo o a absolverlo, nació en esta provincia en 1799. Con 15 años fue soldado en el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera, combatió en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú e hizo la campaña del Perú, peleando en la batalla de Cerro de Pasco y en el sitio del Callao.Regresó a Mendoza en 1826, y de allí pasó a la provincia de Buenos Aires, donde hizo varias campañas contra los indígenas del sur, luchando en varios combates y ejerciendo como lenguaraz.Al estallar la revolución de Juan Lavalle contra Manuel Dorrego, fue el jefe de la escolta que acompañó al gobernador al abandonar la ciudad de Buenos Aires, y a sus órdenes participó en la batalla de Navarro. Después pasó a las filas del coronel Ángel Pacheco, y combatió en la batalla de Puente de Márquez.Fue comandante de la frontera de Tapalqué en 1832 y apoyó la campaña de Juan Manuel de Rosas al desierto. Fue segundo jefe en la fortaleza de Bahía Blanca, donde prestó servicios por siete años y después comandante de los fuertes de Azul, Navarro, Bragado y Mercedes. Combatió en la batalla de Caseros del lado de Rosas y a fines de 1852 se unió a la revolución federal dirigida por el coronel Hilario Lagos contra los unitarios de Buenos Aires.En 1856 fue nombrado segundo comandante de frontera de la provincia de Mendoza. Pero en noviembre de 1860 estalló una revolución en San Juan, en la que fue asesinado el gobernador José Antonio Virasoro. El gobernador de San Luis, general Juan Saá, fue enviado como interventor federal. Pero el gobernador revolucionario sanjuanino, Antonino Aberastain, se negó a permitir su ingreso a la provincia. De modo que Saá reunió la caballería de su provincia y la infantería de Mendoza, al mando de Clavero, y atacó a Aberastain en la batalla de Rinconada del Pocito, derrotándolo. Al día siguiente, temiendo una revuelta de prisioneros, Clavero ordenó el fusilamiento de Aberastain. Este hecho llevó a la guerra entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina.Después Clavero peleó en la batalla de Pavón a órdenes del general Saá. Luego cayó en desgracia en Córdoba, huyó al sur de San Luis, y con ayuda de indígenas amigos, logró cruzar a Chile. Entre tanto en Mendoza se inició un juicio en su contra por la muerte de Aberastain y, debido a que no hallaron a Clavero, encerraron con grilletes a sus dos hijos en los calabozos del fuerte de San Rafael. El resto ya lo contó Clavero.Está sentado en el camastro y apenas se ve su rostro cansado, que apenas se recorta en la oscuridad de la celda-¿Qué es lo que usted pide, qué es lo que quiere, coronel?-Que no me nieguen al menos el derecho de morir digno de mis antecedentes combatiendo a los enemigos de las Américas con el primitivo ardor de mi juventud.La conversación concluye. Al salir de la prisión, el último sol fuerte del otoño me hace notar el frío que hacía adentro. Y ya dudo que haya hablado con Francisco Clavero.Quizás haya sido sólo su fantasma, que olvidó contarme que Domingo Faustino Sarmiento lo mantendrá preso otro año más. Que después lo llevarán a Buenos Aires y que a fines de 1867 será puesto en libertad, sin condena ni absolución. Que no se sabrá más de él y que sus últimos años no quedarán registrados en la historia. Que se cree que quizás se haya asentado en algún lugar del sur de la provincia de Buenos Aires y otros dirán que en San Juan. Que tal vez haya fallecido hacia 1875, pero no habrá certezas ni rastros de su tumba.En cambio quedará una copla popular:"Dicen que Clavero ha muertoY en San Juan es sepultadoNo lo lloren a ClaveroClavero ha resucitado."Las respuestas de Clavero son parte de su carta a la Honorable Sala de Representantes de Mendoza. La nota fue realizada con la colaboración del profesor de Historia e investigador Alejandro Ravazzani