“En la investigación, la verdad, estamos en Pampa y la Vía, como dice el tango. No hay detenidos, no tenemos sospechas fuertes contra nadie. Las huellas que se encontraron en la camioneta del doctor Prado se cargaron en el sistema AFIS y no dieron coincidencia con nadie, y tampoco resultaron las escuchas telefónicas que hicimos después de que se desvinculara a los dos primeros detenidos. Obviamente, sería fundamental dar con el arma, pero eso tampoco ha sido posible”, se sinceró uno de los investigadores del crimen del médico, que comenzó en la pesquisa y continúa abocado al caso.
Por su parte, famililares y amigos de Prado criticaron la investigación y al gobierno.
“Paco Pérez nos dijo que se iban a mover y no hicieron nada. Esa noche estábamos llenos de impotencia y rabia, y por eso fuimos a reclamarle al gobernador que hiciera algo. Nos dijo que tuviéramos paciencia, que iban a hacer todo para esclarecer el caso, pero salimos de ahí con la misma impotencia, porque sabés que te están mintiendo en la cara. Si hoy fuéramos, saldríamos igual”, recordó Roberto Garín (38), uno de los 10 entrañables amigos de Sebastián que luego de sepultarlo fueron a golpearle la puerta a Francisco Pérez para exigirle que encontraran al asesino.
A Roberto, la novedad del violento asalto que había sufrido Sebastián, lo dejó perplejo. “Es que ese día habíamos estado juntos hasta las 5 de la mañana, porque le hicimos la despedida de soltero (Prado estaba por casarse con su compañera de vida) y terminamos recordando viejos tiempos en el banco de la plaza donde nos juntábamos siempre”, repasó y rememorar aquello le opaca la voz.
Ellos eran amigos de niños. Habían sido compañeros en la escuela Leandro Alem, de Guaymallén, “cuando el patio de la casa de Sebastián era como una extensión de la plaza San José, porque ahí nos juntábamos a tomar la leche”. Incluso en la adolescencia, cuando Sebastián jugaba básquet en Atenas sacrificaba sus fines de semana para poder estudiar medicina. “Era canillita –cuenta Roberto– y los domingos, cuando nosotros volvíamos de bailar, lo solíamos encontrar vendiendo diarios”.
Pieza fundamental
Un revólver 32. Esa fue el arma que usó el delincuente que asesinó a Sebastián Prado. El médico recibió tres disparos, pero el ladrón se llevó su revólver.
Pericias negativas. Luego de que se detuviera a dos motociclistas en Guaymallén, peritos de Científica analizaron el revólver que llevaban, pero no coincidía con las balas que se extrajeron del cuerpo de Prado.
Rosana [email protected]

