Representa un aumento cercano al 30%. De mantenerse esta tendencia este año podría superarse el récord de 2012, que fue de 141 asesinatos. Doce de las víctimas murieron durante asaltos. La mayoría de los asesinados tenía entre 15 y 30 años.

En estos 8 meses hubo 33 crímenes más que en 2013

Por UNO

Por Rosana [email protected]

“La forma en que se encuentra un muerto tiene un mensaje no sólo criminalístico, sino fundamentalmente social. Es decir, si aparece quemado, maniatado o ahogado es distinto el mensaje que los asesinos quieren hacer llegar, no sólo al entorno de la víctima sino también a los encargados de esclarecer el crimen”, señaló, analizando la situación local, el especialista en seguridad pública y prevención del delito Martín Appiolaza. En Mendoza la incontrolable ola de asesinatos no deja de crecer. Según datos oficiales, en lo que va del año ya suman 118 los homicidios, lo que supone que en estos 8 meses fueron asesinadas 33 personas más que las que murieron violentamente en el mismo período del año pasado. De mantenerse la tendencia, este año no sólo podrá superarse ampliamente las 138 víctimas del año pasado, sino que se vislumbra la posibilidad de que se rompa el récord de los últimos 5 años, que aún ostenta el 2012 con 141 homicidios. En la misma proporción crece la impunidad de quienes empuñan las armas homicidas: de esas víctimas, 12 fueron asesinadas durante un asalto o para robarle alguna pertenencia y la misma cantidad fue de ultimadas de manera mafiosa y aparecieron quemadas, maniatadas y hasta desnudas y ultrajadas. Son estos tipos de crímenes los que más preocupan, puertas adentro y hacia afuera del Ministerio de Seguridad, ya que es inevitable ver la escalada de violencia que parece no tener coto.

“La mayor cantidad de homicidios se sigue provocando entre bandas armadas, en las que crece la intolerancia y por eso se terminan exterminando entre ellas. De los homicidios que hemos tenido, 12 han sido en ocasión de robo y eso ya nos preocupa. Yo no creo que maten porque se sientan impunes, porque el homicidio sigue siendo uno de los delitos que más se esclarecen”, puntualizó el jefe de la Policía, Juan Carlos Caleri.

Matar para robarSeguramente si se pusieran a hacer memoria, hasta los delincuentes más añosos terminarían reconociendo que nunca se les pasó por la cabeza asesinar a un tranquilo paseante del parque General San Martín sólo para robarle una mochila. Sin embargo este año ese fue el fin del turista neocelandés Nicholas Heyward (31), que se había arriesgado a trepar peligrosísimas montañas de roca en la Patagonia pero nunca imaginó lo peligroso que podría ser caminar en el Parque a la siesta.

En el mismo desconocimiento habría estado el comerciante Luis Berardi (47), quien luego de probar con distintas profesiones –fue albañil y remisero– con el fin de darles la mejor calidad de vida a sus 4 hijos, apoyó a uno de ellos cuando eligió invertir el dinero de un seguro en un quiosco en Dorrego. Allí el pasado 25 de febrero fue asaltado por dos adolescentes y al salir a defender a sus retoños recibió dos disparos que en el acto pusieron fin a su vida.

El repartidor Enrique Conte (67) conocía muy bien la zona de la Sexta Sección de Ciudad. A menudo llevaba a su nieta a la plaza Enrique Matons, cerca de donde vivía, y allí habitualmente salía a caminar. Al mediodía del sábado 19 de abril se calzó su jogging y sólo llevaba su celular y la billetera cuando lo sorprendió un chico que empuñando un cuchillo forcejeó para arrebatarle algo del bolsillo. Una testigo que estaba en la plaza vio cómo el agresor le asestó tres puñaladas. La mortal le perforó el cuello.

“Nosotros medimos el índice de muertes violentas desde hace 20 años y la verdad es que no deja de asombrarnos este aumento descontrolado y la escalada en violencia de los asesinatos. Lo de ahora es con una saña impensable, y como causantes detectamos un protagonismo innegable de droga y alcohol. Se mata por conseguir algo para comprar droga, o se mata con una alta dosis de droga encima. Eso explica el nivel de ensañamiento y también que la mayoría de las víctimas sean adolescentes o jóvenes menores de 30 años”, aseguró Hugo Fiorens, coordinador de Voluntarios en Red Mendoza.

Esa ONG mide las muertes por violencia social –las provocadas por el uso de armas de fuego, armas blancas o elementos contundentes– y se basa en los datos publicados por los medios digitales e impresos de la provincia. Según esos datos, de enero a julio (aún no cierran los de agosto) se habían producido en la provincia 103 de esos decesos, dos más de los informados oficialmente.

Solidaridad versus salvajismoLucas Arias (21) no dudó en averiguar qué pasaba cuando escuchó un disparo cerca de su casa en Verdaguer y Martín Fierro de Las Heras. Era la 1.30 del 13 de julio cuando descubrió que dos delincuentes les apuntaban a sus vecinos para robarles el auto y acababan de dispararle a uno de ellos. Arias quiso defenderlos pero como respuesta recibió un balazo en el abdomen que dos horas más tarde provocó su fallecimiento.

Seguramente una resistencia menor, directamente proporcional a sus débiles brazos, habrían presentado los ancianos Paulina Bransini y Antonio Ortega, ambos jubilados de 76 años, cuando vieron que dos hombres los apuntaban obligándolos a subir a su Citroën C3 para robarles. Más tarde, uno de los asaltantes los habría llevado al canal y luego de golpearlos y torturarlos innecesariamente –ya le habían entregado el auto–, terminó por arrojarlos al canal, que los arrastró hasta ahogarlos en Cruz de Piedra en Maipú.

“El primer mensaje que dan quienes se atreven a cometer un asesinato así, innecesario frente a víctimas que no se podían defender, es obviamente que se saben impunes. Porque más allá de que puedan ser detenidos, saben que existe un circuito de corrupción que es la puerta para salir. Ese circuito es el que explica la vinculación entre un penitenciario, un abogado y un médico del forense que pueden crear una enfermedad para que un asesino condenado obtenga una prisión domiciliaria que no cumplirá”, dice, con evidente pesar, un policía de alto rango que trabajó en el caso.

Hubo varios asesinatos que dejaron mensajes mafiososUna pareja que recorría la zona de El Challao, cerca del dique Papagayos, descubrió el 13 de enero una imagen macabra. Entre los pastizales estaba el cadáver de una mujer maniatada con bolsas de cebolla y con un nailon en la cabeza, en avanzado estado de descomposición. Al día siguiente la policía la identificaría como Daiana Reynoso, una joven que había desaparecido dos días antes de su casa de Godoy Cruz. Las investigaciones confirmarían luego que era la pareja de un hombre que fue asesinado de la misma manera y apareció tendido en El Carrizal.

Ambos estarían vinculados a una carga de droga que nunca se entregó y que pagaron con sus vidas, porque sus asesinos no tuvieron el menor inconveniente no sólo en torturarlos hasta matarlos sino tampoco en deshacerse de los cuerpos.

El 15 de junio, en una acequia de calle Rawson, cerca de un barrio privado de Maipú, apareció el cadáver de un hombre que tenía heridas cortantes hasta en los párpados; estaba semidesnudo y le habían insertado un palo en el ano. “Fue una muestra más de la impunidad de estos delincuentes. Aparentemente él estaba en una fiesta, se hizo el vivo con la mujer de otro y no sólo le pegaron hasta matarlo sino que además le dejaron un mensaje a su entorno”, repasó uno de los investigadores del caso.

Este mes, el miércoles 20, fue encontrado flotando en un canal de Luján Carlos Correa (53), en avanzado estado de descomposición. Por los anillos que tenía y algunos tatuajes se lo identificó como el hombre que buscaban desde julio, cuando desapareció. Personal de Investigaciones intervino su celular y descubrió que estaba involucrado en el robo de $500.000 de un local de la galería Tonsa. Por ese dinero recibió varias amenazas, pero los pesquisas no pudieron dar con él antes que sus asesinos.

“Ignorar aumenta las muertes”Por Martín Appiolaza. Especialista en seguridad pública

“La violencia crece en la Argentina. Las estadísticas de homicidios lo demuestran (no son oficiales, porque el Gobierno no informa desde hace años). Mendoza no es excepción. Promediando el año los crímenes habían crecido cerca del 30% respecto al 2013. Si esto se mantiene sería una buena noticia no superar el récord local de homicidios: 141 en 2012, cuando Pérez ya gobernaba.El ritmo de la violencia promete superar esa cifra triste: vienen meses en los que aumenta la cantidad de víctimas. Las estadísticas muestran patrones: hay más muertes en los meses cálidos (7 de cada 10 víctimas), en los fines de semana (6 de cada 10) y mueren más jóvenes (6 de cada 10). Las armas de fuego son las más usadas y la mayoría de las muertes son por conflictos entre conocidos. El alcohol agrava los problemas. Conocer estas tendencias permite prevenir, ignorarlas ayuda a que aumenten las muertes.

La violencia social ha caracterizado a Mendoza. Pero de un tiempo a esta parte se ha incrementado: por cualquier disputa hay heridos y muertos. Con la consolidación de la criminalidad organizada y de bandas que controlan zonas de Ciudad, se ven nuevos códigos criminales: cuerpos llenos de heridas, quemados, algunos parecen mensajes mafiosos. La respuesta oficial hace foco en el narcotráfico, siempre a mano para zafar. Pero la mayoría de los crímenes son por violencia generalizada y proliferación de armas de fuego. Mientras, se respira impunidad e impotencia ante un manojo de funcionarios despistados”.

 

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Dolor. Los hijos del comerciante Luis Berardi (47), asesinado en su quiosco, no podían creer el desenlace fatal.
Dolor. Los hijos del comerciante Luis Berardi (47), asesinado en su quiosco, no podían creer el desenlace fatal.
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