El año pasado un equipo de arqueólogos encontró un asentamiento prehuarpe de 1.500 años de antigüedad, y trasladó todos estos conocimientos a la comunidad.

En Barrancas, Maipú, avanza el uso social del patrimonio histórico

Por UNO

Carina Luz Pé[email protected]

“Hace más de 7 años que estamos investigando en la zona de Barrancas, realizando prospecciones y rescates arqueológicos, y hace 4 que empezamos con la parte más social del proyecto, producto de observar los problemas locales en la comunidad y su patrimonio”, explica Diego Estrella, arqueólogo y parte del laboratorio de Geoarqueología de la Facultad de Filosofía de la UNCuyo, para explicar cómo fue que el descubrimiento en 2013 de una casa pozo, y su hornillo para cocinar y hacer elementos de cerámica correspondientes a un asentamiento prehuarpe de 1.500 años de antigüedad, se transformó en el motor de un proyecto institucional de la escuela secundaria Huarpes de Barrancas, en Maipú.

El proyecto provocó el redescubrimiento de la identidad histórica de este particular sitio y en un mes será puesto a prueba como un circuito turístico.

Es que en su búsqueda por mantener vivo el hallazgo, Estrella y su equipo empezaron a dar una serie de charlas en esa comunidad para que lo conocieran, se lo apropiaran culturalmente y así preservaran su valor patrimonial a través del tiempo.

“Esta etapa de vuelco a la actividad social ha sido curiosa, e incluso nos llevó a diversificar el equipo arqueológico en su composición y orientación, incorporando sociólogos, comunicadores, licenciados en Turismo, y ahora arquitectos y economistas. Puntualmente, con esto estamos tratando de profundizar en la experiencia del uso social del patrimonio”, agregó Estrella.

Con la ayuda indispensable de las docentes y directivos del colegio, que en cada materia incluyen transversalmente la naturaleza del descubrimiento arqueológico, los chicos reconstruyeron las costumbres de esta cultura prehuarpe, lo que se conoce como arqueología pública. Es decir, buscando en territorio puntas de flechas, carbón o piedras; probando las técnica del cocinado en el hornillo, tanto de alimentos típicos de aquella época como de piezas de cerámica, y cultivando en forma circular, de modo tal que los vegetales que menos agua necesitan son plantados en el perímetro más grande, y los que más riego requieren, en el centro. También en un especie de pozo para que los vientos no perjudicaran la plantación. Y lo más ambicioso, observar cómo con materiales propios del lugar aquellos aborígenes podían realizar sus hogares.

Según el hallazgo arqueológico del año pasado, se supone que esta casa fue realizada de manera semisubterránea, ya que está enterrada en un pozo de unos 50 centímetros de profundidad y, sobre este pozo los huarpes clavaban palos, tal vez de algarrobo, siguiendo un círculo de 3 metros de diámetro, que ataban en la parte superior. Además, entrelazaban varias ramas de junco, para finalmente cubrir toda la estructura con barro.

Esta interpretación de la construcción fue llevada adelante por el arquitecto Bruno Pavese, quién debió materializar en el patio del colegio la idea huarpe.

Junto con el colegio se sumaron la Municipalidad de Maipú, el Conicet, el museo Cornelio Moyano, la Universidad de La Plata, el Consejo Federal de Inversiones, la Universidad de Congreso, la del Aconcagua , la University of  Illinois y una institución francesa llamada Transhumancia, que se dedica al a la concientización ecológica por medio del turismo cultural.