Por Carina Pérezcperez@diariouno.net.ar
No tienen casa ni trabajo. Hace dos meses instalaron su hogar en una esquina de Guaymallén y aunque se les ofreció ayuda estatal, prefieren salir solos de esa situación de calle.
Ella tiene 44 años y él 28, se quedaron sin casa, ahora viven bajo los árboles y buscan encontrar una solución
Cada mañana se los ve cerca de una fogata calentando agua para el mate y conversar como cualquier otra familia, junto con sus dos perros mimados. Acomodan el colchón en el que duermen y limpian los alrededores de su hogar sin paredes para darle toda la dignidad que pueden.
Se higienizan, se peinan y después salen a buscar el sustento diario pidiendo una moneda en las paradas de micros.
Cristina y Pablo son una pareja que vive a la intemperie sobre la esquina de la calle Uspallata y Adolfo Calle, de Guaymallén, a metros del puente que cruza el Acceso Sur.
Al primer contacto, se niegan a conversar con UNO, pero después, con toda educación nos invitan a pasar –saltando el guardarrail que bordea la calle– y sentarnos en un sillón o un cajón, junto a una mesita ratonera hecha un pallet incompleto a modo de living, ubicado estratégicamente bajo dos enormes álamos.
Un gran perro negro y un cachorrito parecido a un cocker que está atado, dan de igual modo la bienvenida.
Una vez allí, Cristina y Pablo piden un momento. Discuten unos metros más allá sobre el asunto de la entrevista y finalmente, es Cristina quien accede a la conversación.
“Nosotros vivíamos en el barrio La Gloria, de Godoy Cruz, arrimados con unos familiares. Pero después nos fuimos, porque como siempre pasa, primero le dicen a uno que sí y después empiezan las malas caras, los malos ratos... Y nosotros solitos nos vamos a arreglar, vamos a conseguir dónde alquilar. Mientras estamos acá, la gente nos ayuda porque no molestamos a nadie. Lo único que pedimos es una carpa para guarecernos. No sabe lo que fue el viento Zonda del otro día”, cuenta esta mujer de 44 años, diabética que aún no hace tratamiento alguno, pero afirma que ya pidió turno en el centro de salud del barrio Santa Elvira, el más próximo a su ubicación.
Allí también piensa en pedir ayuda a una asistente social.
Esta no es la primera vez que están en situación de calle. Ya pasaron por un refugio en Las Heras, pero resultó que no les gustó porque “allí se junta toda clase de gente, borrachos, drogadictos. Es un lugar en que se ve de todo y nosotros no somos así, por eso no queremos volver allá nunca más”, explica Cristina.
En este punto, aclara que han concurrido varias veces a la Municipalidad de Guaymallén, pero no les han dado una solución contundente (ver aparte).
“Nos hacen esperar horas, nos dicen que nos pueden alquilar una casa por un mes, pero yo no tengo empleo, pido en las paradas de los micros para comer. Él no trabaja porque es epiléptico. ¿Y después de un mes qué hacemos, a dónde vamos? Así que lo único que esperamos es que le salga la pensión para irnos de acá y mientras, lo único que necesitamos es una carpa”, detalla Cristina.
Pablo (28), mientras tanto, se ha recostado en el sillón, resopla y la mira fijo para que no diga nada más. Sobre la mesita está el frasco casi vacío de la medicación contra su enfermedad que le consigue un familiar cuando puede, pero según su compañera no le hace mucho efecto.
Ayudados por los vecinosAl final Pablo se levanta molesto y cruza la calle, buscando ayuda de sus vecinos que miran toda la escena. Parece descomponerse de la rabieta y logra que un vecino intervenga para interrumpir la charla, acusando al equipo de Diario UNO de perjudicar a la pareja.
Esta no es la primera vez que los vecinos los defienden de los “extraños”. Días atrás, también impidieron que la policía los trasladara, supuestamente, al refugio al cual no quieren volver, ya que consideraron que los estaban tratando de manera violenta. De alguna manera, los vecinos más próximos y que tienen el contacto diario con esta pareja la contienen porque consideran que son “buenas personas”, “limpiecitos” y “trabajadores”.
Igualmente reconocen que su situación de calle es peligrosa, porque más de una vez han sido atacados por indigentes o alcohólicos. También son críticos con la Comuna porque no los ayuda realmente con empleo fijo y una vivienda.