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Son los mozos, empledas, choferes y ordenanzas que trabajan en Casa de Gobierno. Están siempre listos para solucionar problemas y nunca se los ve.

El otro gabinete de Pérez

Por Paola Alé

En las reuniones de gabinete, en la cumbre de presidentes, en los actos oficiales, en las vendimias, en las visitas de funcionarios oficiales, en los censos, en las elecciones y sobre todo, durante las interminables maratones de trabajo de los fines de semana. En estos momentos se complica mucho más su trabajo. Se trata del equipo que realiza el mantenimiento del área de gobernación, es decir, los que están al servicio de Francisco Paco Pérez.

Son las personas que están en el detrás de escena. Las que mantienen limpio, ordenado, organizado el cuarto piso. Los que atienden, sirven la comida, transportan y ayudan a que todo esté a punto. Para cada uno de ellos el trabajo que hacen es una gran responsabilidad. Dicen que escuchan muchos secretos, pero que se concentran en lo que tienen que hacer y no prestan atención al entorno. “Si no, hasta se nos puede caer una taza de café y quemar a alguien”, bromea uno de los mozos.

Por su actividad, casi siempre son invisibles y ellos se esfuerzan para que así sea.

He aquí sus historias.

Chicas superpoderosas

A las seis de la mañana, Claudia Bazán (43) y Daniela Molina (27) entran al trabajo. Se vienen en micro, como cualquier señora, como cualquier chica. Pero su tarea no es igual a la de cualquier señora ni a la cualquier chica. A las siete en punto, Claudia, Daniela y otras seis personas más son las encargadas de dejar impecables los despachos y las oficinas del gobernador Franciso Pérez y de sus colaboradores, como el ministro de gobierno, Félix González y el vocero, Eduardo Bauzá.

Su trabajo las convierte a veces, en invisibles. Sin embargo, están, siempre están. Con las manos ocupadas y la mirada atenta en cada detalle que hay que dejar perfecto.

Claudia tiene cuatros hijos y se esfuerza por ellos. El impecable uniforme azul, el maquillaje perfecto, los aros justos. Todo en ella habla de un cuidado minucioso de su persona. Claudia da una imagen de rigurosidad en su trabajo, que es la misma que expresa con las palabras. “Este trabajo es de mucha responsabilidad. Acá los ministros y los funcionarios más importantes nos tratan muy bien, ellos sí. Aunque, algunos de menos importancia no nos han tratado tan bien”, cuenta Claudia y, con la discreción que parece caracterizarla, no da nombres.

Daniela se sonríe todo el tiempo, con toda la cara. Con soltura juvenil. Es activa, eléctrica. Va y viene con los elementos que utiliza para trabajar. “Cuando el gobernador llega a su despacho, nosotras ya nos vamos para otras oficinas, es lo primero que dejamos limpio”, cuenta la chica, mientras bromea con su compañera mayor. Después de preguntar varias veces en qué diario va a salir esto, se pierden otra vez en sus actividades, que ciertamente son muchas. “No le saques fotos a esto, que es un lío”, dicen ambas, al unísono. Se refieren al cuarto en el que guardan los implementos que usan para sus quehaceres. Y esta cronista es testigo de que Claudia y Daniela exageran. El cuartito tiene el orden lógico de los lugares que se utilizan constantemente.

Sabe más de una anécdota, pero no las repite. Para el mozo Héctor Castillo el único sentido que usa para trabajar es el de la vista. Dice que los demás no los necesita para hacer bien su tarea.

Traiga lo de siempre

Mayordomía es el nombre de la dirección en la que trabajan Nahuel Arce (26), Héctor Castillo (47) y Argentino Galdame (57). Son los mozos del gobernador.

“Yo trabajo sólo con los ojos, los otros sentidos no los tengo”, dice Héctor, acerca de cómo hace para guardar todos los secretos que escucha en esos despachos. “No puedo prestar tanta atención a lo que pasa, necesito concentración para que no se me vaya a caer una taza arriba de alguien”, bromea Héctor, que hace 24 años va y viene por los pasillos del cuarto piso de Casa de Gobierno, atendiendo los requerimientos del titular de turno del Ejecutivo.

“A nosotros no nos afectan los cambios de gobierno, siempre hacemos nuestro trabajo de la misma manera”, asegura Héctor mientras arregla un juego de vajilla blanca, para un servicio de café recién hecho, humeante, que despide un aroma tentador.

La historia de Nahuel es particular. El suyo es un trabajo “familiar”. En el edificio de calle Peltier se desempeña también parte de su familia, su padre y uno de sus hermanos.

“No nos cruzamos mucho porque los tres trabajamos en distintas áreas, pero compartimos experiencias, anécdotas y preocupaciones”, cuenta Nahuel, mientras da una clase magistral de cómo se prepara un buen café, en el punto justo en el que lo prefiere el Paco.

El mayor de los tres mozos es Galdame, y también el más dispuesto a conversar. “¿Qué es lo que prefiere tomar el gobernador? Él toma mucho mate. Acá se toma mate con bombilla desde (José Octavio) Bordón. Antes nada más se tomaba mate cocido. Pero Bordón era muy matero y lo trajo”. Otra cosa que recuerda Galdame son los días que su tareas han salido de lo común. “El 25 de Mayo, por ejemplo, nos fuimos a servir el chocolate a la casa de Paco Pérez. También recuerdo el día de su cumpleaños, cuando vino su familia y los ministros y funcionarios a saludarlo acá, al cuarto piso. Ese día trabajamos mucho”, relata el mozo, que hace 33 años que es empleado de la casa de Gobierno, y ocho que pertenece al cuarto piso.

Argentino tiene una familia numerosísima: 11 hijos.

–¿Tiene ganas de contarles sobre lo que ocurre en su trabajo?– “Que si les cuento a mis hijos de cómo es mi trabajo? Y, antes lo hacía. Cuando empecé, sobre todo. Lo que pasa es que ahora se me volvió una rutina y la verdad que no, no me dan ganas de contar”. Pero anécdotas no me faltan. Cómo cuando en medio de una reunión de gabinete alguien entró y gritó “arriba las manos”. Dice que muchos ministros se asustaron por la broma.

El chofer Carlos Amengual trabaja para el gobierno desde hace 44 años. Ha visto pasar a funcionarios de todos los colores políticos, y asegura haberse llevado bien con todos. Lo mejor de su empleo es que le ha permitido viajar.

Solucionadores

Para Daniel de la Llana (53) y Luis Mas (57) toda su vida laboral ha transcurrido arreglando lo que se rompe en Casa de Gobierno. “Nosotros estamos acostumbrados a buscar soluciones fáciles a lo que para otros son problemas difíciles”, explicó Daniel. Ambos pertenecen al área de Servicios Generales del edificio de Peltier.

Como el del resto de los empleados que se dedican a poner a punto los despachos y salones que ocupan el gobernador y sus ministros, la mañana para Daniel y Luis comienza a las siete.

“Lo primero que hacemos es revisar los partes diarios, sacamos antes que nada los que pertenecen al cuarto piso, y después el resto”, cuenta Luis.

Para Daniel, ninguno de los gobernadores con los que trabajó fue muy diferente al otro. “Lo que nos puede complicar más a nosotros es cuando no saben muy bien lo que quieren, eso nos ha pasado con algunos gobernadores”, dice Daniel, que asegura que lo bueno de llevar tantos años de trabajo (ya más de treinta) es que se puede adelantar a los requerimientos que le llegan.

Luis recuerda anécdotas de su trabajo. Dice que se le vienen muchas a la cabeza, pero se queda riéndose de una de las más curiosas. “Hace unos años tuvimos una plaga de murciélagos. No sabe lo que era espantar esos bichos. Tuvimos que contratar una empresa que los espantó con ultrasonido, pero no fue fácil”. Este recuerdo se une con una especie de queja resignada de Daniel: “Lo que no podemos combatir son las palomas. Son muchísimas, pero es imposible terminar con esta plaga”. Consultado acerca de lo que más se rompe en la Casa de Gobierno, ambos aseguraron que son los baños públicos y la electricidad. Sin embargo, el viernes estaban abocados a cambiar fotos y a remozar el salón Patricias, a pedido de Paco Pérez.

Según Luis, uno de los ordenanzas, un momento complicado fue cuando tuvieron que combatir una plaga de murciélagos rebeldes. Con las palomas no tienen la misma suerte, son un problema crónico y difícil de solucionar.

Conduciendo a Paco

Durante más de dos años, Carlos Amengual (65) fue quien condujo al ministro de Infraestructura del ex gobernador Celso Jaque, Francisco Pérez. “Hace 44 años que soy chofer, el primer auto que manejé, en el ’68, fue un Renault 4L. Pero el que me gustaba muchísimo era el Ford Fairlane”, asegura el chofer, para quien “no hay nada como la camioneta Ranger en la que ando ahora”.

Carlos cuenta que comenzó a trabajar a los 21 años. Antes no tuvo otro trabajo, se formó en el Ministerio de Obras.

“Siempre me gustó este ministerio porque se puede viajar mucho. Al principio, dentro de la provincia, conocí toda Mendoza”, dice, y recuerda que luego, siendo muy joven todavía, comenzó a realizar viajes más largos. “Era muy lindo para mí, porque yo no conocía nada. Fuimos a Buenos Aires, al Norte, y hasta a La Pampa. Viajamos muchísimo”.

Por ahora, sigue en actividad, pero cuenta que ya presentó los papeles para su jubilación. “Vamos a ver cuándo me sale, pero a mi me gustaría seguir trabajando después, no estoy acostumbrado a no hacer nada”, dice, mientras una pregunta le arranca una sonrisa: “¿En su casa también lo tienen de chofer, don Carlos?”. A lo que responde, resignado: “Y, la verdad, sí, también, para eso sigo trabajando”. 

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