Por Soledad Segadesegade.soledad@diariouno.net.ar
Se trata de Pablo Quiavetta, quien vive con una bala en su cabeza luego de ser atacado en el parque San Martín en abril de 2013. Tuvo que volver aprender a hablar, comer y caminar, pero perdió las posibilidades que tenía de trabajo.
El joven que fue baleado en la cabeza en el Parque hace casi un año escribió una carta para pedir ayuda

“Quiero trabajar”, aseguró Pablo, “Siempre trabajé, no le tengo miedo al trabajo. Nunca hice changas ni boludeces en la calle, siempre algo digno”. Hoy siente vergüenza por verse obligado a pedir ayuda.
El joven de 29 años era perforista minero y esperaba un llamado de una minera de Brasil. Ya tenía todos los trámites y papeles listos para empezar a trabajar, pero luego de ser baleado en la cabeza perdió esa posibilidad.
, en aquel momento embarazada de 6 meses, estaba en San Juan, donde trabajaba en el Correo Argentino y Pablo se quedó en Mendoza para pasar más tiempo con su familia y amigos.
Alrededor de las 5 del jueves 4 de abril Pablo estaba con cinco amigos en la calle del lago del Parque, a pocos metros del Club Regatas, donde a lo lejos vieron que tres chicos se acercaban a ellos, dispararon al azar y se robaron un auto que apenas sabían manejar.
La bala impactó en la cabeza de Pablo y a partir de allí todo fue diferente para él. y con un muy mal pronóstico por el severo daño cerebral que había producido la bala.
Sin embargo, con una voluntad única salió adelante. Tuvo que aprender a hablar de nuevo, a comer y a moverse. Presenció el parto de su hija Angie, continúa su rehabilitación ambulatoriamente y lleva una vida normal, pero sin posibilidad de trabajar.
Sobre el autor del disparo no hay ningún detenido. Tampoco indicios de quién pudo haber sido.Aquí su carta, su realidad y su pedido de ayuda.
Señores lectores:
Soy Pablo Matías Quiavetta, ha pasado casi un año desde aquel 4 de abril que un “estúpido inconsciente” me dio un disparo en la cabeza por intentar robar un auto, que ni si quiera sabía manejar. Gracias a Dios y a las manos de excelentes profesionales de la salud hoy estoy vivo y la estoy luchando todos los santos días para poder recuperar mi cuerpo, mi habla y mis ganas de pelear por esto tan hermoso que tenemos, que es justamente la VIDA.
Desde que comencé a hablar o mínimamente hacerme entender, quise hablar con los responsables de la seguridad de nuestra provincia; lo logré, tuve mis audiencias con los ministros de seguridad. Ellos me prometieron trabajo, estabilidad laboral, que iban a solucionar los problemas adversos que este hecho de inseguridad trajo a mí casa, ya que al haberme quedado inmóvil y casi mudo, no podía trabajar ni mucho menos mantener a mi familia, no solo paterna de la cual “yo era un pilar”, sino que también mí propia familia, quien la peleó a la par mía, con todas sus fuerzas y a la vez enviándome esas energías para mi recuperación durante todo este tiempo.
Desde aquella primera reunión con el ministro de seguridad, yo solo pedí algo dignísimo “TRABAJO”. Yo sé que solamente con trabajo las personas pueden salir de cualquier mala situación. Solamente con trabajo el pueblo puede sobrevivir a tanta hipocresía, tanta pobreza, a tanta delincuencia.
Hoy aquellas promesas están en nada, sigo esperando aquel llamado milagroso, de que me digan: ¡mañana comienzan a trabajar vos y tu señora! Ya he intentado hablar con el gobernador dos veces y con el vice unas tres veces sin tener éxito alguno.
Hoy ando “mendigando, rogando, implorando” que un familiar o un amigo me dé una mano para poder mantener al menos un poco mi situación económica, estamos pasando HAMBRE Sr. Gobernador, Srs. Legisladores, Judiciales y Ejecutivos.
Verdaderamente me da vergüenza hacer todo lo que estoy haciendo para tener un pedazo de pan en mi mesa. Me da pena saber que hasta el día de hoy aún no ha golpeado mi puerta al menos un abogado de derechos humanos, en defensa hacia mi persona. En verdad no me da pena, me da vergüenza, impotencia, asco. ¿Qué pasa, como no tengo un prontuario no tengo derechos? ¿Cómo no tengo cargado en mis manos un “fiambre” no tengo derechos? ¿Cómo no estoy involucrado con narcos no tengo igualdad de derechos que los demás? Esa es la parte que me da ASCO. Me da rabia saber que después de tanto trabajar para obtener mis propios bienes, aquellos que con tanto sacrificio fui obteniendo, aquellos que hoy he perdido y sigo perdiendo para poder sobrevivir y poder mantener a mi familia. Aquellos que algunos los he vendido, otros los he perdido por falta de pago, como por ejemplo: un terreno, el plan de un auto, la venta de una casita y uno que otro bien un poco menor.
Pero no es esto lo más grave, la peor parte es saber que un pelotudo inconsciente que no sabe ni cómo usar un arma y todavía anda suelto, pudo haber dejado una familia completa sin su pilar, sin un esposo, sin poder conocer a su hermosa hija. Sin poder disfrutar de mi incondicional esposa, sin poder VIVIR ni disfrutar de mis amigos. Gracias a Dios y solo gracias a él, hoy estoy vivo. Pero creo que ya es hora de parar con tanta hipocresía, con tantas trabas políticas, con tanta delincuencia. ¿Cuántos muertos “inocentes” más tenemos que velar? ¿Cuántas familias más sufrirán una perdida tan dolorosa como lo es la de un ser querido por un hecho de inseguridad? Y no solo esto, ¿qué pasa con estos familiares después de la pérdida sin respaldos ni sin consuelo que valga? Creo que es hora de sacar a GENDARMERIA a las calles (todo el mundo sabe que gendarmería no titubea y tienen derecho a disparar a quien sea, si la ocasión así lo requiere, como también “requisar”, más que nada a aquellos barrios conflictivos o marginados).
Ya no hay tiempo señores, mientras que en la Legislatura se dialogan o disputan estos temas, más personas siguen muriendo, y lo peor que es por nada, como en mi caso que todo quedó nulo y no robaron nada, al igual que al Doctor Prado, Gustavo Pelegrina, el reciente caso del kiosquero Luis Berardy, el caso del taxista, un diputado, caso Matías Quiroga, mi cuñado Gastón Rasgido y ¿quién sabe cuántos más?
Esto le puede tocar a cualquier persona y en cualquier momento del día. Por eso mismo les ruego les pido a toda la comunidad que no callen, no dejen que todo quede en nada, si fueron testigos de algún hecho, denúncienlo por el bien de todos. Esto tiene que parar. A veces pienso: ¿De qué sirven tantos años de estudio en política o derecho si una vez que ejercen dichos cargos si no ven un “beneficio propio” no se meten? Es como si se cagaran en todas las luchas que nuestros próceres hicieron por liberar esta Argentina, que cada vez se decae más y más. No deberían trabar el reclamo de pago de docentes, ellos enseñan y educan a nuestro futuro, ni mucho menos a personal policial o militar y salud, ellos nos cuidan y hacen lo posible por salvar nuestras vidas sin ver algún tipo de beneficio extra. Lo hacen por amor a su profesión con ética y orgullo.
Deberían trabar la suba excesiva de combustibles, una vez que estos suben, suben todos los precios haciendo cada vez más y más caro el costo de vida.
Debemos cambiar por el bien de todos. Que Dios y la Virgen nos protejan a todos. Que paradójica es la vida a veces, yo rogándole una ayuda al gobierno sin tener una respuesta como la gente y sin haberle contado mi situación a nadie ya que todo esto me da mucha vergüenza, pero hoy no encuentro otra salida más que esta. Hace unos días obtuve una ayuda de personas excepcionales y de corazón puro. Me dieron una carta en ella decía lo siguiente:
“Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse ¿acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, por que el Padre celestial los alimenta ¿y no son más valiosos ustedes que ellos?... busquen en el reino de Dios por encima de lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten. S. Mateo 6:25-34.
Gracias a todos y cada uno de las personas que oraron por mí, gracias a todos y cada uno de los profesionales del hospital Central y a todos los de la Clinica San Andres. Y por supuesto a toda mi familia y amigos. MIL GRACIAS!
Saludos Pablo Matías Quiavetta.