Mario Riorda es el asesor top en marketing político del Gobierno. En una entrevista con Diario UNO dijo que la UCR, al negarse a cambiar la Carta Magna, se convirtió en "actor cortoplacista".

El gurú de Francisco Pérez también se sube a la pelea política por la reforma

Por UNO

Mario Riorda es el consultor en marketing y comunicación política que más escucha Francisco Pérez desde la época de la campaña electoral de 2011 y es quien, en la actualidad, le acerca al gobernador los sondeos en los que el gobierno basa su discurso de que las cosas marchan bien.

A semanas de que se cumpla el primer año de Paco en el poder, este especialista cordobés de estrechos vínculos con el kirchnerismo (sobre todo con Diego Bossio, titular de la ANSES) considera que la discusión por la reforma de la Constitución es uno de los puntos en los que se deja trascender aquello que tanto él, como el resto del peronismo mendocino, vendió en la campaña: que Pérez representa un cambio generacional. Aunque cuando se le pide otra demostración de esta virtud del gobernador, sólo esgrime que el cambio se nota “en la dinámica del gabinete”.

–Francisco Pérez está a punto de cumplir un año en el gobierno y usted es uno de sus principales asesores en marketing y comunicación política. ¿Cómo analiza estos primeros meses de Paco en el poder?–De consolidación y de mucho respeto a un contexto muy diferente que hace 12 meses atrás. Creo que es un gobernante que se consolida en su cargo y en sus relaciones. Cualquier gobernante aprende gobernando, porque nadie nace sabiendo cómo responder a entornos y contextos cambiantes. Visión, prudencia y acción constante son tres rasgos que me gusta destacar del gobernador.

Subido también a la pelea de todo el gobierno provincial (la reforma), para Riorda “el radicalismo, de tradición secular, reformista por esencia, está sumido en un dilema que lo define más como actor coyuntural y cortoplacista”.

–Pérez esgrime sondeos en los que asegura que la sociedad aprueba su gestión y su figura en estos primeros meses. ¿Usted puede avalar desde el punto de vista de encuestas propias o ajenas esa afirmación?–Decididamente sí. Hay consenso sobre su gestión y su persona. Se entiende que hay dificultades, algunas estructurales y de larga data en la provincia, otras contextuales, pero que la gestión se hace presente en ellas con avances y políticas públicas coherentes.

–Uno de los aspectos que usted resaltó luego del triunfo de Pérez fue que representaba un cambio generacional en la provincia. A la luz del primer año, ¿podría mencionar alguna medida en la que haya trascendido esa virtud?–Básicamente en la dinámica del gabinete. Ahí es donde se evidencia un ritmo y una evidente propensión a la acción. Hoy el debate por la reforma constitucional es un ejemplo concreto de respetar un pasado, respetar elementos fundacionales, pero de avanzar decididamente hacia un futuro en el que hay que debatir, en el que la visión generacional intenta remover cimientos que sostienen un status quo que funciona por inercia, demasiado plácido.

–¿Se pueden saber cuáles son los consejos claves que usted le dio al gobernador en este último tiempo de asesoramiento?–Decir que uno aconseja es acto de pedantería profesional. Sobre las decisiones políticas de otros, en este caso del gobernador, uno a lo sumo lo que puede realizar es un dictamen sobre los riesgos u oportunidades que aparecen en una estrategia adoptada o por adoptarse. He sido parte del debate interno en muchas situaciones, pero siempre infinitamente menor a las que ustedes imaginan o piensan.

–Una de las claves del triunfo de Pérez fue su relación con Cristina. En el contexto político actual y a la luz de los cacerolazos en Mendoza, ¿Pérez debería profundizar o modificar esa relación?–Pérez debe seguir siendo lo que Pérez es. A muchos les gusta, otros pueden tener diferencias, pero hay una faceta asociada a la autenticidad en la persona del gobernador que no está atada a las especulaciones. Uno de los rasgos que más se valora es su franqueza. Y creo que lo demuestra reiteradamente porque es una persona llana. A la vez, la política es un juego de reciprocidades, de conveniencias, que no pueden evaluarse sólo desde la opinión publica. Hay mucho más que eso en las relaciones políticas y sociales, y no tan sólo entre dirigentes.

–Hablando de las protestas del 8N, ¿cómo evalúa el impacto, si cree que lo tuvo, a nivel nacional y provincial de las protestas?–Todavía no queda claro si tuvo y tendrá más un efecto movilizador que modifique el status quo o bien que, sobre el status quo, intensifique y profundice con más intensidad las posturas existentes respecto a la política en Argentina. Personalmente, me recuesto sobre esta segunda hipótesis. Las redes sociales, con más o menos intensidad, vienen haciendo sentir de modo creciente su influencia desde hace tres años a la fecha. Pero si bien se ha querido tipificar estos procesos, sus causas, sus comportamientos, pero mucho más sus efectos, han sido bien dispares. No son iguales las protestas del mundo árabe, la de los indignados españoles, los grupos frente a Wall Street, o los de Londres. Tampoco son equivalentes, mucho menos en su reclamo, las proclamas de los estudiantes mexicanos bajo el YOsoy132, de los estudiantes chilenos por la educación pública e incluso la de los organizadores del 8N en Argentina. En este sentido, las proclamas argentinas son diversas, mitad políticas mitad económicas, pero se dan en un contexto que, hace como 30 años ya, estudios como el de Norman Nie, Sydney Verba y John Petrocik denominaban como épocas más ideologizadas con “hipótesis ambiente” fuertes. Tienen que ver con el uso ideológico frecuente por parte de los ciudadanos o electores para decidir, aún con fuertes discusiones públicas que producen divisiones sociales y efectos hastío. En este sentido, la hiperideologización puede resultar paradojal y contradictoria, porque tanto alienta y hace posible el rechazo de una parte de la sociedad como frena y pone límites a la expansión de ese rechazo por parte de otro sector de la sociedad posicionado en su opuesto ideológico.

–¿Usted le aconsejó a Pérez para que avance con la reforma de la Constitución provincial? ¿Cómo está siguiendo ese proceso político que en Mendoza está trabado?–El gobernador personalmente desde la campaña electoral había manifestado su voluntad explícita para reformar la Constitución. El vicegobernador también. El PJ ha sido un actor con propensión histórica a las reformas. Ni el gobernador ni el gobierno como conjunto necesitan de un consultor externo para que les diga si hace falta o no reformar una Constitución. Pero si me preguntas si comparto la reforma y su contendido, soy categórico en afirmar que sí. Y no sólo desde el aspecto normativo que doy por sentado es central, sino más bien desde el aspecto identitario que representa una Constitución. Mendoza es una de las provincias que más se mira a sí misma y se mira con tono demasiado crítico. Se mira, se piensa y se proyecta al futuro, tiene debates axiológicos sobre valores dominantes. Y lo hace a cada rato y en múltiples actos. Por eso, tener una Constitución pétrea y rígida es una contradicción social más que política.

–Pérez dijo que está dispuesto a dar la vida por la reforma. Desde el punto de vista de la comunicación política, ¿esa aseveración favorece o perjudica la estrategia para que la reforma salga? ¿Usted le hubiera recomendado que dijera eso?–Es parte de la autenticidad de la que hablaba antes. Ni lo favorece ni lo perjudica. Lo define.

–Durante la campaña se mostraba sorprendido por el nivel de virulencia de la dirigencia política local. ¿La actual discusión por la reforma le termina por confirmar esa apreciación?–No sólo la confirma, sino que ciertas posturas me dejan perplejo. Cualquier sistema tripartidista puede generar una tendencia al bloqueo legislativo o de políticas públicas, pero hay situaciones inconcebibles que se ubican más en la incoherencia que en el bloqueo mismo. Siempre defino a la imagen política como la acumulación coherente y sostenida de discursos a lo largo del tiempo. Creo que esta frase define mi percepción sobre el juego político local. Puedo entender la postura del Partido Demócrata respecto a la reforma. Su ideología lo explica sin más. Pero el radicalismo, de tradición secular, reformista por esencia, está sumido en un dilema que lo define más como actor coyuntural, cortoplacista, frente a la posibilidad de expresar valores fundacionales en su historia institucional. Si la política es una guerra de egos, lo que sucede en la UCR mendocina es el frente de esa batalla.

–Su especialidad es la comunicación política y esa actividad la ejerció fuerte en la campaña electoral de 2011. ¿Cómo evalúa la política comunicacional del gobierno provincial?–Toda política y todo estilo siempre pueden mejorar, pero creo que el gobierno funciona relativamente bien en este sentido. Hay coherencia, hay orden, hay un estilo definido que le aporta identidad, hay valores centrales que hacen al contenido y que respetan la idiosincrasia mendocina, tanto como un equilibrio estético entre lo novedoso y sobrio que define la marca de “Gobierno Mendoza”. Pero un gobierno es algo mucho más complejo y grande que una campaña en donde la complejidad tiene que ver con el vértigo que suele ser asfixiante. La comunicación gubernamental es otra cosa y tiene otro objetivo. Respetando el día a día, su meta es el largo plazo y por eso la prudencia es una virtud.

–Siempre consideró las redes sociales como claves en la comunicación política. ¿Este gobierno las utiliza bien para comunicar?–Este gobierno las utiliza. En la región e incluso en el sentido amplio de la escala internacional, todavía no hay plena convergencia entre la comunicación convencional y la comunicación centrada en los medios digitales, preferentemente las redes. Pero el iniciar ese proceso es de alguna manera el inicio también de una trayectoria en donde el gobierno tanto como la ciudadanía tienen que aprender de esa interacción. Por la posibilidad que ofrecen las redes, seguramente es poco lo que se hace hoy. En términos comparativos, hacia atrás o frente a otros gobiernos, seguramente es más. Pero es una tendencia que va de menos a más.

La jugada que unió al PJ

Esta semana que se inicia, el Gobierno seguirá dando batalla por la reforma de la Constitución, a pesar de que es consciente de que las chances políticas de que se concrete son nulas. El viernes se desarrollará en Guaymallén el Congreso de Municipalidades y hasta allí trasladará Pérez y los suyos nuevamente el tema para mantenerlo en agenda. Ya nadie lo oculta en Peltier 351: todos admiten que los cambios constitucionales no saldrán por el momento, pero nadie se bajará de la discusión pública del asunto. El debate reformista ya le sirvió a Paco para unificar a todo el peronismo (sobre todo a los intendentes partidarios) detrás de una iniciativa y además para que en la agenda pública y de los medios casi no se hable de la marcha de la gestión, que llega a fin de año con varias dificultades. De rebote, la discusión de la reforma sirvió para dividir al radicalismo y para poner piedras en el endeble acuerdo que la UCR tiene en la Legislatura con el Parido Demócrata. Por estos días, el PJ soltó otra jugada: sin que exista verdadera convicción de hacerlo, amenaza con desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales el año próximo, llenando aún más de dudas a la oposición que impulsaba un proyecto de ley en ese sentido y que ahora duda. Si las elecciones fueran hoy y los principales candidatos fueran Julio Cobos y Alejandro Abraham, el radicalismo aventaja por 8 puntos al peronismo. Pero Paco sabe que tiene poco que perder en 2013: aún por una derrota por diez puntos, el PJ obtendría más bancas en la Legislatura de las que hoy tiene. Y sumaría, como mínimo, la misma cantidad de bancas en el Congreso que están en juego. Es decir, solo una.