¿Fueron asesinadas o secuestradas y entregadas a comerciantes con fines sexuales como se investiga ahora? Esas dos hipótesis son sólo eso, porque faltan pruebas concretas, las únicas que sirven para resolver el doble enigma.

El gran secreto del desierto lavallino está a punto de cumplir dos años

Por UNO

Por José Luis [email protected]

@jlverderico

Mucho ruido: excavaciones en el desierto de Lavalle, testimonios, allanamientos, detenciones, peritajes, jueces y fiscales activos, dos expedientes –caratulados como averiguación de paradero, el primero, y trata de personas, el posterior– y hasta dos fueros judiciales intervinientes, como el provincial primero y el federal después. Pero, al final de todo, pocas nueces: Johana Chacón sigue desaparecida y Soledad Olivera también.

El jueves 4 de setiembre se cumplirán dos años desde que la primera fue vista por última vez ingresando a su domicilio de Tres de Mayo, luego de que bajara del colectivo que la llevaba desde la escuela.

Esta enigmática historia nos permitió a los mendocinos enterarnos de que la averiguación de paradero de Johana no era el único episodio inquietante en el norte de la provincia: Soledad Olivera se había esfumado tiempo antes.

Así, los diarios, las radios y los canales de TV comenzamos a bucear en esas historias, y a conocer realidades de todos los días y a protagonistas que desde entonces han puesto el cuerpo, la mente, el alma y hasta dinero de sus bolsillos para reclamar públicamente, donde fuera necesario, la urgente aparición de Johana y Soledad.

Marchas en las calles, videos en YouTube, actos públicos y conferencias de prensa en el secano, en el microcentro y en el mismísimo Barrio Cívico fueron demostraciones de que el problema sigue sin solución y que aún reina cierta impunidad.

PresentesAunque muchos crean que a los periodistas únicamente nos interesa entrometernos en la vida de los demás, los casos de la adolescente Johana Chacón y de Soledad Olivera han calado hondo en las redacciones locales, a tal punto de que esos nombres afloran en conversaciones de pasillo, en charlas de café, en los temarios de asuntos pendientes y en las agendas telefónicas.

Cada 4 de setiembre marca un hito y también una repetida desilusión. Mucho ruido y pocas nueces: las chicas no aparecen.

Bajo el formato de expedientes judiciales caratulados como averiguación de paradero comenzó a investigarse la suerte de Johana y de Soledad. Santiago Garay, uno de los tres fiscales de Delitos Complejos, y su equipo fueron los encargados de buscar, interrogar, peritar, analizar e interpretar al derecho y al revés toda la información recogida en Lavalle y el resto de la provincia. Pero fue en vano.

El caso recaló finalmente en la Justicia Federal, donde durante los últimos años ha comenzado a seguirse la punta del ovillo de un viejo delito que ya tiene nombre propio y establece condenas importantes: la trata de personas con fines comerciales.

¿Johana y Soledad fueron asesinadas como investigó Garay o fueron entregadas al comercio de personas con fines de esclavitud sexual, como ahora busca desentrañar la Justicia Federal?

Por ahora, ambas teorías son únicamente eso, posibilidades, chances que se agigantan a medida que se tejen especulaciones, pero que se desinflan con la misma rapidez cuando se analizan los indicios que hay sobre la mesa.

Ojalá puedan hallarse las pruebas concretas que revelen lo que parece ser el gran secreto lavallino.