Luciana Morá[email protected]
Numerosos proyectos hidráulicos concretados en la actualidad son idénticos conceptualmente a los que él ideó hace más de un siglo atrás. Visionario, profesional sobresaliente, su intervención en la historia del riego de Mendoza cambió la realidad del oasis para siempre e impulsó el desarrollo de la provincia a través del manejo del agua.
César Cipolletti se hizo famoso a nivel internacional por resolver problemas hidráulicos históricos en Italia, Alemania, Suiza, Egipto y Argentina (Mendoza, San Juan, San Luis, Tucumán).
“Nació en el agua, se dedicó al agua y murió en el agua”, escribió su nieta María Luisa en el libro César Cipolletti 1843-1908. Así fue.
Cipolletti era italiano, nacido en la isla de San Bartolomé. A los 7 años quedó huérfano pero completó sus estudios con ayuda de los sacerdotes dominicos. Fue un pionero en la utilización de fuerzas hidráulicas para generar electricidad e inventó un módulo o aforador especial (Vertedero Cipolletti), que mejoró la vida de los regantes otorgando una distribución segura y equitativa del recurso.
Padre de la irrigación localCipolletti llegó a Mendoza en 1889 llamado por el entonces gobernador Tiburcio Benegas. Se instaló con su familia en una casona en Ciudad. Estuvo al frente del Departamento General de Irrigación (1892-1895) y en ese cargo se destacó por los trabajos sobre el río Mendoza que permitieron una gran expansión agrícola, obras sobre el río Tunuyán y proyectos para nutrir de agua a departamentos del Este, entre otros. Defendió la Ley de Aguas (sancionada en 1884), lo que le valió amenazas y presiones. Construyó la primera planta potabilizadora en la provincia. El dique lujanino que lleva su nombre fue creado por Cipolletti en 1889 y fue el primero en su tipo en todo el país.
En 1897 se trasladó a Buenos Aires, requerido por el gobierno nacional pero, al ver sus obras frenadas por la burocracia, volvió a Italia.
Afines de 1907 el presidente José Figueroa Alcorta lo mandó llamar para que terminara las obras inconclusas que había proyectado en Río Negro en 1899. En respuesta, Cipolleti se embarcó de regreso a Argentina junto a su familia el 19 de enero de 1908 pero murió en altamar 4 días después, fruto de una complicación que le suscitó su diabetes.
Como era considerado un ciudadano destacado, su cuerpo no fue arrojado al mar sino que fue embalsamado. Lo inhumaron en el cementerio de Recoleta, Buenos Aires, pero en 1971 su nuera Teresa Sarramea consiguió trasladarlo al cementerio de la Ciudad de Mendoza. En noviembre de ese año sus restos y los de su esposa –quien había fallecido en Mendoza en 1913- fueron llevados al monumento construido en su honor en 1946, frente al dique que lleva su nombre en Luján de Cuyo.


