Mendoza Martes, 20 de marzo de 2018

El ejemplo de un padre y un hijo que fabrican y donan prótesis de manos

Este viernes entregarán cuatro manos en Mendoza. Guillermo (58) y Gerónimo Cabrera (19), hacen las prótesis en modernas impresoras 3D con el solo fin de ayudar a los que las necesitan

Rodrigo tiene 27 años y aunque nació sin su brazo derecho trabaja rudamente abriendo zurcos en las tierras de San Carlos, en el corazón del Valle de Uco.

Gerónimo tiene 19 años y dedica su tiempo a fabricar prótesis de manos en impresora 3D.

Este viernes, en Mendoza, Rodrigo y Gerónimo se darán un abrazo cuando el muchacho de 19 años le entregue al sancarlino una de las prótesis que fabrica en su casa, junto a su padre, en impresoras 3D compradas de sus bolsillos con el solo fin de ayudar a los demás sin pedir ni recibir nada a cambio.

Una de las prótesis fabricadas por "Te doy una mano". Los diseños obedecen a los pedidos de quienes las reciben.
Una de las prótesis fabricadas por "Te doy una mano". Los diseños obedecen a los pedidos de quienes las reciben.

Brenda Nair, de 6 años, sanrafaelina, recibirá también su prótesis y por primera vez en su vida podrá sostener objetos con la mano derecha. Brenda pidió que su nueva mano tenga decoración de princesa.

La entrega se hará el viernes a las 10 en la subsecretaria de Cultura, en España y Gutiérrez.

Además de Brenda y Rodrigo, recibirán sus prótesis el sanjuanino Javier, de 10 años, que pidió una mano color naranja, y la puntana María Eva, de 15, que pidió que la suya sea de color rosa.

La fabricación de las prótesis es un emprendimiento familiar denominado "Te doy una mano" que comenzó a gestarse el año pasado cuando Gerónimo Cabrera, por entonces de 18 años, le pidió a su padre, Guillermo Cabrera, que le comprara una impresora 3D con la idea montar un pequeño negocio en su casa de Banfield, provincia de Buenos Aires.

Guillermo nació en Maipú, Mendoza, y hace 40 años se fue "con una mano atrás y otra adelante". Pero le fue bien y hoy dirige un próspero negocio inmobiliario en Banfield.

Aunque al principio se negó, finalmente accedió a comprar la impresora que le pedía su hijo y poco después le propuso fabricar manos para donar.

Cuenta Guillermo que las primeras prótesis fueron un fracaso, pero fueron aprendiendo, compraron mejores máquinas y hoy ya van por el centenar de manos regaladas. Los costos de los insumos y la compra de las ocho las impresoras profesionales corren por su cuenta.

"No recibimos dinero de nadie. Esta es mi forma de agradecer a la vida por lo que recibí", dice Guillermo.