El caso más emblemático es el de la tragedia de la ruta 7 en San Martín, donde fallecieron 16 personas en un choque. El día del accidente entre el camionero, que conducía en contramano, y el micro se recibieron tres llamadas de alerta.

El 911 continúa siendo blanco de las críticas por los llamados no atendidos

Por UNO

Por Natalia Sosa [email protected]

@natiabagianos

Nuevamente el 911 vuelve a estar en la mira por las críticas de los vecinos del comerciante Luis Berardy (47), quien fue asesinado el martes a la noche en el minimarket que atendía junto con sus hijos en Dorrego, Guaymallén. Minutos después del crimen, varias personas aseguraron que llamaron al servicio gratuito de emergencias y que nadie les contestó. Incluso, una mujer dijo que tuvo que comunicarse con un conocido que trabaja allí para que le respondieran. Si es así, resulta preocupante y digno de ser investigado.

No es la primera vez que escucho que alguien se comunica con ese número sin obtener ningún tipo de resultado. Pero también es cierto que existen cientos de llamadas diarias que intervienen en su buen funcionamiento. Según cifras oficiales, seis de cada diez comunicaciones se realizan para molestar o para pedir información que no tiene nada que ver con una urgencia, como por ejemplo la ubicación de una calle o la dirección de una farmacia de turno.

De todas maneras, no se les puede restar responsabilidades a quienes trabajan en el 911, ya que un llamado puede ser crucial para salvar una vida o muchas.

De hecho, varios de sus operadores están siendo investigados por no actuar durante las horas previas a la tragedia de la ruta 7 en San Martín, donde fallecieron 16 personas. Hace casi tres semanas, se recibieron tres llamados que alertaban sobre el mal manejo del conductor brasileño del camión –Mariano Genesio– que terminó chocando de frente con un micro de larga distancia luego de circular en contramano y a más de 100 kilómetros por hora. También un hombre intentó denunciarlo en la Comisaría 25 y los policías que estaban de turno no le quisieron tomar la denuncia.

Desde la Inspección General de Seguridad hablan de que existió un error humano y por eso están investigando a los involucrados en este caso. Mientras, ya fueron separados de sus cargos y pasados a disponibilidad 13 uniformados, entre ellos ocho del 911 (sólo están cobrando la mitad del sueldo).

Todavía no puedo dejar de pensar en todos los familiares de esas víctimas, que se han manifestado la semana pasada para pedir Justicia por sus seres queridos que ya no están. Me pregunto si pensarán lo mismo que yo, como muchos otros, que quizás se pudiera haber evitado esa fatalidad si alguno de los operadores del 911 hubiese actuado con premura y dándole la importancia que se merecía a esas cruciales comunicaciones.

Igualmente, tengo que reconocer que no hay que poner a todo el personal en la misma bolsa. Y lo digo por experiencia propia. El sábado a la noche debí atravesar una situación complicada con mi bebé de un año y medio y llamé al 911 sin dudar. Mientras intentaban calmarme, llegó la ambulancia a mi casa, en el barrio Terrazas de Uno, de Ciudad. Habían pasado sólo dos o tres minutos y una médica ya estaba atendiendo a mi pequeño que sufría de convulsiones por un estado febril.

Más de un conocido me preguntó por qué no había llamado al servicio de la prepaga. En realidad, en ese momento se me vino a la mente el 911 y agradezco cómo me atendieron. Pero eso repito, hay que diferenciar cada caso y tomar conciencia del rol que cumple cada uno de sus eslabones en una emergencia.