La familia Villegas se decidió a terminar los estudios y sus cuatro integrantes fueron a la misma escuela para obtener el título. Cachito y su esposa Beatriz, con sus dos hijos, María de Lourdes y Santiago, lograron su objetivo en un CENS de Junín.

Desafío familiar cumplido y título secundario para todos

Por UNO

Por Enrique [email protected]

Junín. Uno tuvo la inquietud y fue contagiando al resto. Una familia de Junín, padre, madre y dos hijos, completaron todos juntos el Secundario. Ahora dicen que “es una experiencia única y recomendamos que se animen a vivirla”.A Domingo Santiago Villegas (56) casi nadie lo identifica en Junín, salvo que uno pregunte por Cachito Villegas. Trabaja en el Concejo Deliberante y conoció a Azucena Beatriz Orellano (47), en la viña, cuando los dos eran mozos. Ella ahora trabaja contratada en el Juzgado de Paz, de Junín. “Cuando entré me preguntaron qué estudios tenía y me empezaron a alentar para que terminara el secundario”, cuenta Azucena.

Cacho le dijo que él también estaba dispuesto a terminar el secundario, si ella lo hacía. Después fue Santiago (19), el menor de los hijos, el que fue desafiado por sus padres. “Yo había quedado libre cuando estaba en segundo año”, cuenta el muchacho, que decidió anotarse para retomar los estudios. Pero antes desafió a su hermana María de Lourdes (28) a que lo hicieran juntos. “Yo ya tengo dos hijos y me parecía que no iba a poder. Le dije a mi hermano, medio en broma, que si él se anotaba para terminar los estudios yo lo hacía con él. Entonces un día me llamó para decirme que necesitaba mi documento porque ya nos había anotado a los dos. ‘Empezamos mañana’, me dijo”.

Y así fue. En marzo de 2012 todos los Villegas estaban en la puerta del CENS 3-419 Amalia Godoy, el mismo edificio dónde de día funciona la Escuela Arboit. “Nos preguntaron si queríamos estar todos juntos, pero él (Santiago) prefirió ir a otro curso”, dice Azucena. “Me iban a controlar mucho”, bromea el muchacho.

La charla con los Villegas es en la casa familiar. Hay mate dulce y facturas, con algo de crema pastelera y bastante de satisfacción.

“A mí fue a la que le costó más. No tenía tiempo para dedicarle al estudio. Trabajo mañana y tarde y no tenía mucho tiempo para dedicarme a lo que me pedían”, dice Azucena.

–Y, ¿cuál material fue la más difícil?

–Uhh, ¡Inglés!¡ni me hablen de ingles, ahora!

Salvo Azucena, que parece haber cumplido su meta y ya no necesita otra, al menos como esta, el resto quiere seguir estudiando.

“Yo quiero ser preceptor y también hacer algún curso de computación”, dice Cacho.

“Yo me voy a anotar en el terciario, para maestra jardinera, y también estoy ylendo a un instituto de computación”, suma María de Lourdes.

“Yo ya estoy anotado en Gastronomía”, cuenta Santiago.

Dicen que para los profesores y alumnos de ese CENS que da título secundario en “bienes y servicios con orientación agropecuaria”, al comienzo “fue raro para ellos, de que estemos toda la familia estudiando, pero después se acostumbraron e hicimos muy buenos amigos”, dice Cacho.

El Concejo Deliberante, después de que los Villegas recibieran sus diplomas de egresados, les dio un reconocimiento “por su voluntad de progreso y ejemplo para la Comunidad”.

Ellos dicen que “a todos los que no han terminado sus estudios, les recomendamos absolutamente esta experiencia, no sólo por el estudio, sino porque se rodea y se comparte con mucha gente que quiere progresar y esa sensación es única”.

Aquí están los Villegas, mateando con el fresco de la mañana que se resiste a desaparecer. Hay una extraña sensación de satisfacción compartida en esta casa. Será porque han cumplido con un desafío personal, pero que lo han cumplido en conjunto. La mejor forma de hacerlo.