Este año la cosecha de uva en Mendoza fue levemente mejor que la del 2016 pero, si se hace una comparación histórica, la segunda peor en más de 50 años. Eso sería ver el vaso medio vacío. El vaso medio lleno es que esas uvas fueron de mucha mejor calidad que las de otros años porque pese a que las heladas se llevaron gran parte de la producción, ayudaron a que la que quedó fuese excelente.
El último parte de cosecha del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) publicado el lunes con los números prácticamente finales -faltan computar algunas uvas tardías pero no modificarán sustancialmente el número- informa que en 2017 se cosecharon 19.576.000 quintales, lo que implica cerca de dos millones más que el año pasado, que fue la peor que se recuerde.
"Ha sido una vendimia en volumen, de las más pobres, la segunda más baja de los últimos 57 años. La diferencia con el año pasado es que tuvimos dos cosas en contra: poca uva y de mala calidad. Ahora tuvimos menos cosecha por heladas, pero la uva que quedó es de muy buena calidad: tintos de buen color, buen cuerpo, buen grado y con mucha frescura", comentó Walter Bressia, vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR).
Juan Carlos Pina, referente de Bodegas de Argentina, dijo que "todos nos imaginábamos que íbamos a tener algo parecido al año pasado, aunque fue mejor, sigue siendo una cosecha chica".
Para Pina esta situación de tener poca uva va a generar un mercado de vinos y de uva con precios sostenidos. "Recompone la situación complicada del productor primario, del viñatero, pero al momento de llevar esos precios altos al consumo se complica por la caída que hemos tenido. Cuando vamos a competir con bebidas sustitutas el tema se complica", analizó.
Bressia coincidió en este sentido y explicó que las uvas seguirán la tendencia de alza en los precios que comenzó el año pasado, sobre todo en las variedades más demandadas, que son el Malbec en tintas y el Chardonnay en blancas.
El techo, según el especialista, lo pondrá el consumidor. "Eso no se puede trasladar al producto final. En un año ha caído el consumo de vino en casi tres litros. Pasamos de tener 24 litros en promedio a 21 litros anuales. El precio es determinante, en cuanto el vino se posiciona encima de las bebidas sustitutas como pueden ser la cerveza, las aguas saborizadas, eso repercute en las ventas", contó Bressia.
Dijo que están haciendo gestiones para avanzar en un plan de competitividad que les permita bajar costos y de esa forma poder mermar el impacto de la uva en el valor del producto final, para evitar que el consumo interno siga cayendo.
Cambiar los promedios
Aunque históricamente las cosechas promedios eran de unos 25 millones de quintales, según Pina, el mundo vitivinícola debería hacerse un replanteo de esos números frente a una realidad en la que año tras año ha disminuido la cantidad de hectáreas cultivadas. "Hoy nos deberíamos preguntar de nuevo cuánto es una cosecha promedio, nunca más va a ser 25 o 26, de ahora en más va a ser de 21 o 20", opinó. Para Bressia, una cosecha de 23 millones de quintales sería "equilibrada".




