Si bien muchos vecinos que vivían de los desechos fueron reinsertados en empleos formales, otros tantos se mantienen con el reciclado de residuos orgánicos y escombros

Continúa abierto el basural en El Pozo, en Godoy Cruz

Por UNO

Carina Luz Pé[email protected]

“Desde siempre estoy acá, toda mi vida. Tuve otros trabajos de albañil, pero casi siempre estuve en este lugar. No puedo decir que me vaya mal. Estoy tranquilo, les puedo pagar la comida a mis cuatro hijos y de vez en cuando me doy un gustito y me hago un asadito”, dice con una buena sonrisa –y miles de kilos de material recicable detrás– Oscar (35), uno de los vecinos de Campo Papa que aún están viviendo de El Pozo, en Godoy Cruz. En su caso y el de sus tres compañeros de tareas, hace más de un año que les prometieron un empleo de parte del Gobierno provincial pero dicen no haber sido convocados aún.

“Yo haría cualquier cosa. Además, todo se aprende en la vida, despacito. Me gustaría tener un trabajo limpio, pero, claro, tendría que alcanzarme para mantener la familia”, agrega Oscar.

Muy cerca, otros cuatro niños hacen lo mismo: juntan vidrios, cartones y restos de bolsas plásticas para ir a la chacarita más próxima y hacerse unos pesos, “pero es para nosotros, para gastarlo en lo que nos guste”, aclara uno de los pequeños, de entre 8 y 10 años.

En “su” playón de descarga ya llenaron un camión y, mientras unos llevan esa carga, que puede dejar para cada uno entre $100 y $500 cuando les va bien, Oscar sigue trabajando y cuenta que se quedará al menos otras diez horas.

Aunque el Gobierno dice que 600 camiones con residuos urbanos dejaron de entrar en ese lugar y que más del 90% de las personas que sacaban el sustento diario allí (186 personas) fueron empleados, la realidad de El Pozo parece ir más lenta que las promesas oficiales.

Además, si bien no entran camiones con basura domiciliaria, sí lo hacen con aquella que corresponde a supermercados, empresas y, por supuesto, todos los que llevan escombros.

Juan, líder de otro de los grupos, un poco menos dispuesto a contar su experiencia, reconoce: “Mucha gente se fue de acá a trabajar a Parques y Zoológicos, a Villavicencio, a la Comuna y están bien. Pero no todos fuimos incluidos en esos programas y yo no puedo esperar a que me caiga el trabajo, porque tengo seis hijos que cuidar”.

A tres o cuatro metros, otro grupo rodeado de basura orgánica y enormes bolsones de arpillera hace señas y reclama con ironía: “Fotos no. Estamos buscados”.

Eduardo González, jefe de Gabinete del Ministerio de Desarrollo Social, explica: “El trabajo en El Pozo es un proceso cultural que no se termina dándole empleo a una persona. Conozco a una familia en la que el papá está trabajando y el chico volvió a romper bolsas de basura. A veces compran camiones para que descarguen en la casa y allí reciclan. Es decir, todavía nos quedan algunas personas para incluir”.

La escena de hombres cargando restos de escombros se repite en todo la extensión de El Pozo, incluso donde hace una semana el fuego produjo un denso humo que dificultó el tránsito en la ciudad.