Cinco aportes imprescindibles para reconstruir historias

Por UNO

Por Gustavo De [email protected]

@Monodemarinis

No ha de ser fácil ni mucho menos agradable retornar a lugares que traen recuerdos dolorosos. O para decirlo claramente: no es joda tener que volver al D2 o a la Penitenciaría para quienes allí estuvieron detenidos ilegalmente –o sea, secuestrados– sufrieron torturas y vejaciones cuyos detalles no serán reproducidos en este espacio, fueron testigos de violaciones y hasta convivieron con la muerte de compañeros de militancia o de cautiverio.

Para volver a los calabozos del Palacio Policial, aunque hoy están iluminados, pintados y limpios, y transitar los recovecos de ese edificio en el que las escaleras, los pasillos y casi todos los espacios son llamativamente chicos y dificultan el paso de más de dos personas, hay que tener un temple especial. Lo mismo que para ir a la cárcel de Boulogne Sur Mer, en la que también hubo apremios ilegales y muertes clandestinas antes y durante la última dictadura cívico-militar.

Ese temple, forjado en el compromiso, el compañerismo, la valentía y la solidaridad es el que tuvieron este semana Héctor Enrique García, Ramón Alberto Córdoba, Guido Actis, Roberto Marmolejo y Pedro Coria cuando participaron en las inspecciones oculares en dos de los lugares en los que estuvieron privados ilegalmente de su libertad.

Y a propósito de uno de esos sitios, el D2: ya es hora de que el anuncio del gobernador Francisco Pérez del último 24 de marzo sobre la transformación de ese centro clandestino de detención en Espacio de la Memoria se concrete.

Es más: el mandatario provincial hasta firmó un decreto estableciendo un plazo para la entrega de ese sitio que vence el martes próximo. Hay muchas historias y seguramente muchas respuestas allí, que ameritan que esto se cristalice.

Pero volvamos a los testigos de las inspecciones de esta semana.

Héctor García y Ramón Córdoba pasaron una parte –la peor– de sus secuestros en el D2. Actis, Marmolejo y Coria también pero además coincidieron luego en la Penitenciaría Provincial.

Los cinco, convocados por el Tribunal Oral Federal que conduce el megajuicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en nuestra provincia, fueron a esos dos lugares de encierro por los que pasaron hace 38 años. Y, como ya ha ocurrido con quienes testimoniaron en ocasiones anteriores, los cinco recordaron sus vivencias, hechos, nombres, lugares y, sobre todo, compañeros.

Ellos vieron, escucharon o hablaron con, por ejemplo, el periodista Santiago Illa, el bancario Ricardo Sánchez Coronel y el abogado sanjuanino Jorge Vargas. Los tres están desaparecidos. O estaban. Porque gracias a las declaraciones de muchos y muchas como García, Córdoba, Actis, Marmolejo y Coria, se ha podido reconstruir qué les pasó. Antes de desaparecer estuvieron presos o secuestrados. Y desaparecieron desde esos lugares de detención, no desde la nada. Hay respuestas entonces a tantas preguntas. Y eso es gracias a muchos Héctor, Ramón, Guido, Roberto y Pedro, los que esta semana ayudaron a dar un pasito más en la búsqueda de la verdad.

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Guido Actis, Roberto Marmolejo y Pedro Coria en la puerta de la Penitenciaría.
Guido Actis, Roberto Marmolejo y Pedro Coria en la puerta de la Penitenciaría.
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A la derecha, Héctor García y Ramón Córdoba en el D2.
A la derecha, Héctor García y Ramón Córdoba en el D2.