Por José Luis Verderico
Esta semana entrevisté a Osvaldo Quiroga, el padre de Matías, porque su figura fue más allá de la tragedia familiar y generó polémicas y cambios a niveles social, legislativo y judicial. Como alguna vez lo hizo Alejandro Gil, viudo de la asesinada Claudia Abonassar.
El mano a mano pudo escucharse en La balanza, espacio de información judicial de El otro mundo, en la trasnoche de Nihuil.
Quiroga, quien fue uno de los mendocinos del año para Diario UNO, me dijo: “Esta Navidad fue muy especial, muy vacía, como vacío voy a tener lo que me queda de vida por lo que significa perder a un hijo, como Matías . Porque se perdió un hijo y se perdieron nietos y se perdieron bisnietos y se perdió un futuro y se perdieron muchas cosas más”.
Osvaldo Quiroga se declara públicamente “decepcionado y avergonzado” de algunos procedimientos judiciales y de que la Policía “tenga las manos atadas”. Reconoció que en las primeras semanas del drama familiar se apegó al Gobierno porque encontraba claras señales de contención, pero después “me calenté”, dijo, y se abrió una brecha, una distancia cada vez más importante. Insalvable.
Valora el trabajo del fiscal Daniel Carniello –“debería haber muchos ‘fiscales Carniello’ en Mendoza”, aduce– y descarga toda su furia contra el sistema de salidas transitorias de presos condenados. Es que uno de los presuntos asesinos de Matías, Omar Tanga Gómez, estaba libre porque no había regresado de una salida a la que accediera –permiso judicial mediante– dos meses antes de crimen.
Tras militar con éxito en la Legislatura que se limiten esos permisos en varios casos, Quiroga ahora va por otra cruzada: la reforma del Jury de Enjuiciamiento para que, con una nueva composición, ningún juez sea salvado sin siquiera haber sido investigado, “como pasó con el juez de Ejecución Penal Eduardo Mathus”, quien autorizara la salida transitoria de Gómez.
Al cierre de la nota, Quiroga me dijo que teme algo peor para el futuro: que en Mendoza haya más “Matías”. Ojalá se equivoque.



