María Inés Platero, quien fue esposa del actor, testimonió esta semana en el Megajuicio por delitos de lesa humanidad. La fortaleza del recordado militante gremial y social, fallecido en 2012, fue destacada una vez más.

Cada vez que se recuerda a David Blanco aparece una energía especial

Por UNO

Por Gustavo De [email protected]

@monodemarinis

La pucha, qué buen tipo fue el David Blanco. Actor, director, docente, delegado gremial, dirigente social, el Negro supo ganarse el afecto de todo el mundo. Compañeros, alumnos, amigos, allegados, conocidos, por supuesto la familia, hombres y mujeres por igual, en cada oportunidad que se presenta para recordarlo, lo homenajean. Es que es obvio que no se lo puede traer a la memoria sin hacerle un nuevo homenaje. Porque fue un muy buen tipo.David Blanco, además de todos los oficios que ejerció y los compromisos que asumió, fue también perseguido político y sufrió lo peor de la represión ilegal que atacó al país antes y durante la dictadura cívico-militar.

Su caso fue repasado esta semana en el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad que tiene lugar en la provincia. Hay que recordar que el propio David pudo contar, el 16 de diciembre de 2011, ante el Tribunal Federal, lo que vivió bajo cautiverio. Fue un testimonio revelador y conmovedor al que muchos consideraron “un acto de liberación. Su declaración, en lo que fue el segundo juicio de lesa humanidad en Mendoza, les abrió los ojos a muchos acerca de las monstruosidades que se cometieron en el D2.

Lamentablemente apenas tres meses después de aquella inolvidable audiencia el Negro falleció. Y fue casi haciendo lo que le gustaba, porque en un ensayo de la Fiesta de la Vendimia de San Martín se sintió mal y pocas horas después murió. Tenía 57 años.

Este martes un nuevo testigo permitió saber algo más de David y su legado. Quien fue su esposa, María Inés Platero, fue convocada para el megajuicio y al margen de recordar fechas, nombres y lugares de detención dejó algunos conceptos que es bueno reproducir.

Es que la grandeza de Blanco es extraordinaria.

Le hicieron de todo en el centro clandestino de detención que funcionó en el Palacio Policial, el D2.

De todo, de todo, de todo, le hicieron. Sin embargo, cuando pudo reencontrarse con María Inés, para que ella no se sintiera mal, David le aseguraba: “No te preocupés, el dolor físico tiene un límite y cuando pasa ese límite ya no sentís dolor”.

También supo María Inés Platero que a su marido le hacían escuchar o ver cómo torturaban a una mujer haciéndole creer que era ella, que estaba embarazada de 8 meses. Lo amedrentaban diciéndole que la iban a dejar desangrar y dejarían morir al bebé. “Entonces le hacían firmar papeles y él firmaba cuanto papel le pusieran adelante. Así nos salvó la vida”. Por supuesto esos papeles contenían declaraciones inventadas que de ninguna manera el detenido había formulado.

En otro tramo de su testimonio María Inés Platero rememoró la fortaleza de David “cuando lo visitaba en cárcel de La Plata. Nos nos permitían contacto físico ni hablarnos. Entonces poníamos las manos contras los vidrios que nos separaban, cerrábamos los ojos y nos transmitíamos energía”.

Eso, energía, fue lo que siempre transmitió Blanco, aun en los siete y pico de años en que estuvo privado ilegalmente de la libertad. Esa misma energía no se ha perdido porque la sigue transmitiendo cada vez que se lo recuerda, como ocurrió este martes.