Editorial Lunes, 5 de febrero de 2018

La TV abre la discusión

Dos tópicos el feminismo y el sindicalismo ocupan varias horas diarias en distintos canales.

El debate político, en las últimas semanas, ha sido impulsado, sobre todo, por varios programas de televisión que, por lo general, no se dedican a hacer foco en la coyuntura política. A distintos horarios y sin perder sus formatos, se ha centrado en dos tópicos bien políticos: "el feminismo" como avance de los reclamos contra la violencia de género en sus distintas formas, y en la necesidad de que el Congreso discuta la despenalización del aborto, por un lado; por el otro, el eje en los paneles de los canales ha sido "el sindicalismo", organización a la que se le cuestiona su funcionamiento de estructura vertical-familiar, sin visos de querer democratizarse y darles espacio a las minorías, como la tensa relación con el Gobierno tras las denuncias de corrupción y la visibilización de las grotescas fortunas que manejan varios de los dirigentes.

Empoderadas. El que conocidos personajes del espectáculo sumen en su contra denuncias públicas por el acoso contra sus compañeras de trabajo terminó abriendo una discusión mucho más profunda e inaudita sobre las formas de violencia, de cómo estas se esconden y naturalizan. Quedó claro que hay un cambio cultural y que este necesita verse reflejado también en leyes que acompañen a las víctimas, sin victimizarlas, y que condenen los actos discriminatorios y abusivos, sobre todo, en los ámbitos laborales.

Gordos. En un principio el análisis fue que las denuncias de integrantes del oficialismo contra algunos gremialistas opositores es una forma de extorsión para tenerlos sosegados. Luego la evidencia de las fortunas, los lujos y manejos turbios de algunos dirigentes mostraron que no se trataba de que estos estaban "flojitos de papeles", sino de un histórico modus operandi. El sindicalismo quedó en tela de juicio: su organización poco democrática y representativa, los negociados familiares y la eternización en el poder pasó a estar en la mira.

La televisión abrió dos frentes de discusión. La tele hace política y discute lo que no discuten los políticos, los que están preocupados en sostener sus alianzas o en inventar algún liderazgo o en juntar lo poco que les quedó. La tele discute de política y gana en rating. Hace rato que los paneles de televisión -y en varios canales de aires- dejaron las vanalidades para discutir de economía, de problemas sociales y hasta de las internas de los distintos sectores.

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