Si bien la Segunda Guerra Mundial terminó en 1945, hubo un soldado que siguió viviendo la guerra confinado porque para él su lucha nunca terminó. Conocido como Hiroo Onoda y por ser un oficial de inteligencia del ejército japonés, dejó las armas décadas después bajo la orden de su comandante.
Onoda fue enviado a la selva de Luzón, en Filipinas, con la misión de realizar operaciones de guerrilla y sabotaje, pero ignoró folletos, mensajes y señales del mundo exterior, convencido de que todo era una trampa para verlo caer. Esta es su historia.
El soldado que fue a la guerra en 1945 y pasó casi 30 años escondido sin saber que el combate había terminado
Hiroo Onoda nació en Japón en 1922 y a los 20 años fue reclutado por el Ejército Imperial. Tras ser entrenado en inteligencia y guerra en la Escuela Militar de Nakano, se le enseñó una norma fundamental para la guerra y que pocas personas logran hacer: sobrevivir a toda costa y no rendirse jamás.
En diciembre del año 1944, fue enviado a la pequeña isla de Lubang, en Filipinas, con la orden explícita de realizar operaciones de sabotaje y resistir el avance enemigo. Cuando desembarcaron los estadounidenses en febrero de 1945, la isla cayó rápidamente y Onoda se atrincheró en la selva junto a tres compañeros para seguir con la contienda desde la oscuridad.
Aunque la Segunda Guerra Mundial se dio por terminada oficialmente en agosto de ese mismo año, el joven oficial desconfió de los folletos y altavoces que anunciaban la capitulación japonesa, considerándolos propaganda engañosa del enemigo.
Mientras más pasaba el tiempo, sus compañeros se entragaban o morían, dejándolo completamente solo a partir de 1972. Alrededor de 29 años, Onoda sobrevivió en la vegetación tropical alimentándose de frutas, arroz y ganado, convencido de que los aviones que sobrevolaban la región formaban parte de una contraofensiva de su país.
Totalmente aislado se mantenía esperando instrucciones, pero había una realidad que no podía aceptar: la guerra había terminado y el debía rendirse.
En marzo de 1974, un joven aventurero lo encontró en la jungla y contactó al mayor Yoshimi Taniguchi, quién viajó personalmente hasta Filipinas para rescindir de forma oficial sus órdenes de combate a los 52 años. Tras entregar su espada, regresó a Japón recibido como un héroe nacional.
En pocas palabras
- Soldado japonés: un soldado japonés continuó combatiendo en solitario durante 30 años sin saber que la Segunda Guerra Mundial había terminado.
- Misión en Filipinas: fue enviado a la selva de Luzón en 1944 para realizar operaciones de guerrilla y sabotaje.
- Fin de la contienda: desconfió de los anuncios de rendición, creyéndolos propaganda, hasta que fue encontrado en 1974.


