Mendoza Expuesta

Los buscadores: historias de bebés robados y apropiaciones que sacuden el alma

Hay más de cien búsquedas activas en Gran Mendoza de personas que quieren saber su identidad, y de madres que buscan a bebés que les fueron robados hace años

El geriátrico en pleno corazón de Guaymallén luce impecable y sencillo. Un grupo de mujeres adultas mayores conversa y prepara un juego de bingo alrededor de una mesa. Hay unas tazas de té, bizcochos, y una TV prendida. Una de ellas tiene un tejido para bebés a un costado.

María Angela Di Battista (50) -aún con los ojos húmedos luego de una hora de entrevista- toma a una de las ancianas por los hombros y nos dice “...ella es mi mamá…” La mujer no la reconoce. La mira en silencio con la media sonrisa de las personas que sufren de Alzheimer, pero le toca la mano. El equipo periodístico queda congelado mirando la escena.

María Angélica y su madre -que la crió- comparten un rasgo en común, y sólo uno: ninguna de las dos sabe bien quién es. La historia que le contaron a Angie -así le dicen todos- sobre su origen y nacimiento, no es verdad.

Más de cien personas en el Gran Mendoza están buscando su identidad a través de organismos oficiales del Gobierno o de la Justicia, o agrupados en “Mendoza Por la Verdad”, una iniciativa que ayuda y orienta a personas que dudan de su origen y de las historias familiares que les contaron. Se llaman así mismo “Buscadores” y en algunos casos llevan más de 30 años haciendo preguntas, inscribiendo sus huellas genéticas en registros oficiales, golpeando puertas, entrevistando médicos y parteras que no recuerdan nada, hurgando en páginas de Facebook de búsqueda de personas, recurriendo al Gobierno o la Justicia, o enviando su ADN a sitios de genealogía como Family Tree.

Algunos de los Buscadores cargan una duda terrible... ¿Los compraron o vendieron antes de nacer? Llevan impresos en la mirada los renglones en blanco de sus historias. Es la duda que les carcome y alimenta su búsqueda. Un fuego que les consume hasta la última gota de energía.

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Buscadores. Patricia Giménez busca a su hija robada. Dante Benecchi quiere saber su origen. Fue un bebé apropiado en 1969.

Buscadores. Patricia Giménez busca a su hija robada. Dante Benecchi quiere saber su origen. Fue un bebé apropiado en 1969.

Hemos reunido historias de Buscadores, las más significativas, en el marco de nuestra iniciativa de investigación periodística “Mendoza Expuesta”, para los medios del Grupo América Interior. El informe será emitido en Canal 7 desde el miércoles de esta semana en el Noticiero Central y luego permanecerá en nuestras redes.

La mayoría de historias de Buscadores se refieren a personas a las que les mintieron sobre su origen y en algún momento de su vida conocieron la verdad. Algunos aún eran niños, y otros, lo supieron apenas años atrás con la vida adulta ya desarrollada. Fueron apropiados. Esa es la palabra correcta. No hay “adopciones ilegales”. Bebés inscriptos como hijos propios por personas que no eran sus verdaderos padres. Siempre, con la complicidad de parteras, obstetras, médicos, y en ocasiones con el acuerdo de la madre biológica y del padre, cuando estaba, o de otros familiares.

Otros casos tienen una cuota de crueldad extra: son historias de bebés robados. Una suerte de leyenda urbana que creció en Mendoza desde los sesenta hasta los noventa, pero que se traduce en expedientes concretos. Algunos de esos “bebés robados” en las maternidades del antiguo Hospital Emilio Civit, la Clínica Landi, el Hospital Lagomaggiore o la casa de alguna partera, se convirtieron treinta años más tarde en Buscadores.

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Mercado de bebés. La ex clínica Landi, en la calle Bandera de Los Andes, en Guaymallén.

Mercado de bebés. La ex clínica Landi, en la calle Bandera de Los Andes, en Guaymallén.

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Así lucía la Clínica Landi en 1952. Se lo conocía como

Así lucía la Clínica Landi en 1952. Se lo conocía como "Sanatorio García Landi", apellidos de ambos dueños en ese momento.

Bebés, justicia y gobierno

Algunos Buscadores judicializaron sus casos, otros se acogieron a la ley provincial 9.182 que creó el Programa Provincial de Búsqueda Familiar, de Identidad Biológica, de Origen y Socioafectivo. Quiere decir que hay un organismo del Estado que se ocupa de estos casos y que depende de la Dirección de Derechos Humanos de la Provincia, Ministerio de Gobierno. Ayudan a la tramitación, se construye un expediente, se institucionaliza la búsqueda. También la Dirección de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia del Poder Judicial interviene en casos de búsqueda de identidad que están judicializados.

Pero no todos los Buscadores van a los tribunales. Porque deben denunciar a sus padres “adoptivos” que en realidad fueron apropiadores. El conflicto no tiene solución sin dolor. Por eso existen quienes buscan su identidad evitando la denuncia, aunque muchas veces terminan rompiendo igualmente el vínculo con sus familias “de crianza”.

Los casos

Las historias de Buscadores tienen puntos en común, empezando por los lugares de nacimiento, o incluso por las parteras. Una de ellas en particular, Delia Rosa Mascareño de Gómez, atendió partos en su domicilio de la calle Pellegrini 945 de Godoy Cruz y aparece en numerosas partidas de nacimiento de los setenta y ochenta, antes, durante y después de la dictadura. En este trabajo, las historias que compartimos pertenecen a casos que no tienen que ver con personas detenidas-desaparecidas durante el régimen militar 1976-1983. La razón es que “dar” los bebés, “entregar” nacidos no deseados a familias que buscaban tener uno, era una práctica habitual en cualquier gobierno, legítimo o no.

No había conciencia sobre el derecho a la identidad. Existía la idea de que “dar” a otra familia el bebé que alguien no quería, era incluso un acto piadoso paralelo a un Estado que empezaba a burocratizar y trabar las adopciones de manera enfermiza. El problema grave aparecía cuando la madre biológica no estaba de acuerdo, o cuando le mentían y le robaban su hijo o hija. “Nació muerto” o “tu bebé no va a nacer” les decían a madres en general solas. El miedo existe. Por algo hoy, en pleno siglo XXI y corriendo el año 2024, en los cursos de preparto que se dan a madres y padres les aconsejan no quitarle de encima la vista al bebé desde que nace hasta que se los entregan. Las madres cargan con dos grandes miedos en el trance del parto: que el bebé nazca bien, y que no se lo roben o cambien por otro.

► LA INVESTIGACIÓN EN VIDEO: LOS BUSCADORES

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Muchos de los Buscadores nacieron en el viejo Hospital Emilio Civit, en el Lagomaggiore, en la ex clínica Landi -un edificio tenebroso sobre la calle Bandera de Los Andes, en Guaymallén- en los domicilios de las parteras, o en viviendas particulares. En algunos casos las partidas de nacimiento que se emitían eran precarias. Sin sellos, ni precisiones útiles para reconstruir una identidad.

Buscadora Cecilia Alfonsín

María Cecilia Alfonsín (42) nació el 4 de octubre de 1982 en Pellegrini 945 de Godoy Cruz, en la vivienda de una partera que aparece frecuentemente en documentación y testimonios de los Buscadores: Delia Rosa Mascareño de Gómez. La obstetra murió el año pasado, el 28 de agosto. El miércoles cuando este informe se emita al aire en Canal 7, hará un año. Varios Buscadores intentaron comunicarse con ella en todos estos años. A algunos los recibió, pero siempre negó recordar circunstancias particulares de los nacimientos. A Cecilia Alfonsín la recibió en su casa. Se entrevistaron una vez luego de muchos ruegos y la describe como una mujer “muy elegante, muy educada”. Fue una conversación amable pero inconducente.

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Buscadora. Cecilia Alfonsín descubrió su condición de

Buscadora. Cecilia Alfonsín descubrió su condición de "apropiada" hace cuatro años.

Cecilia siempre sintió que no encajaba del todo en su familia. Era la “distinta” de un modo impreciso e inquietante. Cuando tenía 8 años, encontró en la biblioteca un libro que era casi una prueba en sí mismo. “Cómo educar a un hijo adoptado”.

Confirmó sus presunciones el 17 de octubre de 2020, apenas cuatro años atrás. “En ese momento tuve la necesidad de preguntar… una charla tranquila, de madre e hija, las dos… La tercera vez que le pregunté a mamá, me dijo que era adoptada. Con el pasar de los días supe que era una apropiación. Me contó la historia de cómo llegué… Un médico de la familia, un ginecólogo reconocido de apellido Caminos, les dijo a mis padres que si ellos querían un hijo, los podía contactar con una persona que les daría un bebé. Así llegaron a Delia Mascareño de Gómez. Un día sonó el teléfono fijo…. era el médico, informando que había nacido una nena, que si la querían, era de ellos”.

Cecilia empezó a buscar en grupos y encontró el rastro de la partera Delia Mascareño. Consiguió que la reciba en su casa de Pellegrini 945, donde de acuerdo a su partida de nacimiento, ella nació en octubre de 1982. “Una mujer muy grande, muy educada, me recibió muy bien… Pero me negó todo… Me dijo que ella no daba bebés. A los diez minutos de conversación, me contó que había firmado varias partidas de nacimiento de otras obstetras, de bebés que habían nacido en Guaymallén…” contó. Al final, la anciana le admitió a Cecilia que en esa casa “iban muchas chicas a tener familia… después no quiso hablar más, y me tuve que ir” dijo.

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Acta. Cecilia Alfonsín con su partida de nacimiento, en la que aparece la partera Delia Rosa Mascareño de Gómez.

Acta. Cecilia Alfonsín con su partida de nacimiento, en la que aparece la partera Delia Rosa Mascareño de Gómez.

Los Buscadores corrieron durante años en desventaja con los familiares de los desaparecidos. Cecilia Alfonsín, sobrina nieta del primer presidente de la democracia, usó el apellido que le dieron para reforzar su búsqueda. Por eso pudo ingresar a modo de expediente en la Comisión Nacional de Derecho a la Identidad, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Pero no alcanzó.

La búsqueda de Cecilia que supo de las inconsistencias en su historia a los 38 años, ya madre y en pareja, es casi solitaria. No quiso ir a la Justicia porque habría implicado denunciar a sus padres “adoptivos” por apropiación. Y ella desde un principio entendió su “adopción” como un acto de amor. Su padre murió, con su madre no puede hablar “del tema”, y su hermano la acompañó hasta cierto punto.

Cecilia sigue buscando.

Buscadora María Angélica Di Battista

Angie recibió al equipo periodístico en el geriátrico donde también está internada su madre apropiadora, con Mal de Alzheimer. “No podría dejarla sola, ni permitir que le falte algo” confiesa.

A poco de empezar la conversación rompe en lágrimas. Por momentos, en esta mujer de 50 años que cuida a una decena de adultos mayores, aparece la niña de diez años que -discutiendo con una amiguita por una muñeca- se entera que sus papás, no son sus papás. Su partera también fue Delia Mascareño de Gómez, y el médico que atendió el parto fue José Pablo Affronti. Un profesional de relación frecuente con la familia, al punto que también atendió a Angie cuando fue madre y dio a luz una hija. “Creo que nací el 31 de octubre de 1973” comienza su testimonio. Y relata aquel incidente. “Peleamos por la muñeca, y me dijo eso de ‘tus papás no son tus papás’. Creo que fue la frase más fuerte que escuché en mi vida. Entré llorando a casa, se lo dije a Mamá… y admitió que sí, que era verdad…”

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María Angela Di Battista, buscadora. Nació en la ex Clínica Landi, en Guaymallén.

María Angela Di Battista, buscadora. Nació en la ex Clínica Landi, en Guaymallén.

Angie nació en la ex Clínica Landi, en Bandera de Los Andes 329 de Guaymallén. Hoy el edificio pertenece a una firma denominada Global Med SA, tiene dieciocho embargos ordenados por distintos tribunales locales y federales a pedido de organismos públicos y privados, y de algunos particulares. Su antiguo propietario vendió la casona a la obra social de los metalúrgicos en 1984, y desde 2005 pertenece a Global Med SA, una droguería. Hace unos años el lugar fue noticia por dos razones: incidentes con “ocupas” que a la vez regenteaban una playa de estacionamiento ilegal con salida por calle Alberdi, y por un par de protestas de Buscadores nacidos en ese sanatorio. Hoy la mansión parece salida de una película de terror. Sin embargo, vive gente, presuntos ocupantes irregulares con portones seguros, cámaras que vigilan el perímetro y antenas de TV satelital. Vivirían allí cuatro familias y no fuimos autorizados a ingresar al predio.

La Clínica Landi habría funcionado como una suerte de “mercado negro” de bebés antes de los años ochenta. Muy cerca de la terminal de ómnibus, algunas mujeres llegaban, tenían a sus hijos y se iban, de acuerdo a los testimonios que pudimos recoger.

Angie sigue su relato: “La hermana de mi mamá fue con mi papá a la clínica… fueron a buscarme... yo estaba en una cunita y mi mamá (se refiere a su madre biológica) estaba de espaldas… se veía que era una chica joven, de pelo largo” contó, muy angustiada.

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Buscadora. Angie Di Battista en una foto en su adolescencia y juventud, en la que pudo haber sido parecida a su madre.

Buscadora. Angie Di Battista en una foto en su adolescencia y juventud, en la que pudo haber sido parecida a su madre.

A sus 16 años, Angie fue con su madre “adoptiva” a ver al médico José Pablo Affronti a su consultorio. “Pero no recordó nada… me dio a entender que yo estaba confundida…” El médico que atendió el parto de la madre de Angie está vivo. Tiene 85 años, hace diez que no ejerce. Uno de sus hijos -también médico- explicó que "tiene deterioro cognitivo y problemas de memoria" y declinaron someterlo a una entrevista.

También quiso hablar con Delia Mascareño de Gómez, la partera. Fue a su casa en Godoy Cruz, llamó por teléfono, y nunca la atendieron. “Hasta que una vez sí apareció un familiar y me pidió que no insistiera más, que la señora estaba mal, que había muerto un hijo…” explicó.

Este equipo intentó hablar con los familiares de la partera Mascareño. La respuesta que envió una de sus hijas a la periodista Agustina Fiadino que había planteado el tema bien concreto, dice lo siguiente: “Mi mamá murió y yo no sé nada”.

La búsqueda de Angie es muy difundida en los grupos. Nunca se ha rendido en estos más de 30 años de rastreo. Hizo ADN, y una vez creyó estar muy cerca de la verdad, cuando encontró a otra mujer muy parecida a ella. Estaban convencidas de ser hermanas. Tres veces hicieron el estudio que finalmente confirmó un negativo. “Avanzás un paso, y cuando creés que estás cerca, retrocedés diez…” reflexiona.

Angie nunca pudo hacer la denuncia judicial, por la relación de amor fraterno que tuvo con su padre. Aún, con la duda oscura que repta en su ánimo: ¿pagaron por ella? Es un convencimiento íntimo que la atormenta.

Buscador Dante Benecchi

La historia de Dante Benecchi (54) es importante por dos razones. La primera es que tiene una pista clara respecto de su origen. La segunda, es que consiguió una medida autosatisfactiva de un tribunal, para obtener la declaración testimonial de tres personas que pueden haber conocido información sobre su nacimiento, ocurrido el 10 de noviembre de 1969 en un domicilio particular.

La partera de Dante fue la médica obstetra Fanny Alicia Vilches (86). Está viva, pero también sufre de principio de Alzheimer. Una de sus hijas se la llevó a Puerto Madryn, Chubut, donde vive sobre la calle Aarón Jenkins muy cerca del mar, en el paraíso de las ballenas. Dante pudo tener una sola conversación con Fanny unos veinte años atrás y siempre tuvo la impresión de que la mujer sabía más de lo que decía. “Conocía mi desempeño escolar, mis deportes favoritos…” contó.

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Dante Benecchi, 54 años. Cree que puede haber sido hijo de una familia bodeguera del Este.

Dante Benecchi, 54 años. Cree que puede haber sido hijo de una familia bodeguera del Este.

La partera Fanny Vilches fue una de las tres personas que declaró en la Justicia a pedido de Dante y dio algunos datos valiosos. Conoció al “padre” de Dante que era vendedor en la sedería Montemar, y también a dos padrinos del niño que se fueron a España: Osvaldo Dalsanto y Elba Figueroa. Dalsanto era odontólogo y Fanny Vilches admitió “amistad” con esa familia. De hecho, cuando Dante habló con ella antes de esa declaración de 2007, ni bien él se presentó la obstetra ya adulta mayor le dijo: “Vos no tenés que hablar conmigo, sino con tus padrinos”. Finalmente le confesó que dar bebés “era una práctica habitual y que no se podía acordar de todo lo que se hacía en esos momentos…” Claro, lo “habitual” era “dar” los bebés que alguien no quería.

Cuando Dante nació, Fanny era médica de guardia en el Hospital Emilio Civit y trabajaba en el sector de Ginecología y Obstetricia. No recuerda haber atendido a la “madre” de Dante. Hoy la doctora Vilches tiene 86 años, Alzheimer, y apenas registra una nebulosa de nombres. Su hija, con la que tuvimos contacto, tampoco aportó ni un dato de utilidad. No es descabellado suponer que Dante nació probablemente en el Hospital Emilio Civit, y que habría sido entregado a sus padres “adoptivos” (apropiadores, en realidad) posiblemente a través de sus padrinos.

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Historias. Así luce hoy el antiguo Hospital Emilio Civit. Dante pudo haber nacido allí.

Historias. Así luce hoy el antiguo Hospital Emilio Civit. Dante pudo haber nacido allí.

A Dante le contaron que era hijo de un bodeguero del Este y de una empleada de la finca de ese hombre. El asunto es delicado por el peso de los apellidos. Una búsqueda a través de Family Tree DNA (una de las muchas herramientas de rastreo genealógico que existen), le permitió a Dante -hoy empresario pyme- encontrar una compatibilidad de “segundo y tercer grado” con alguien de la familia Catena, que también habría cargado su ADN en esa base. “Ni bien tuvimos la certeza quisimos contactarnos, pero fue imposible… y ahora ya no se puede ver…” explicó. Esto es porque ese perfil de ADN de los Catena ahora no sería público para los usuarios de este sitio. Este medio intentó comunicarse con Laura Catena, específicamente, pero no ha respondido los correos electrónicos en los que le consultamos al respecto. Sus asistentes pidieron que se haga el contacto a través de email. Francamente, el parecido fotográfico de Dante Benecchi a algunos miembros de la familia Catena impresiona.

Dante se enteró de su condición de “adoptado” a los 17 años, como producto de una discusión familiar. Pero el respeto que sentía por sus padres apropiadores le impedía indagar demasiado. Dejó que las fuentes posibles de información fueran falleciendo. Su reflexión final sobre la búsqueda habla de la necesidad de saber que sufren los Buscadores. “No es como una enfermedad, pero es algo que está ahí, que tenés que arreglar”.

Buscadora Patricia Giménez

Las historias de madres que buscan a sus bebés robados se multiplican por decenas en las páginas que suelen consultar y nutrirse los Buscadores. Pero pocas pueden mostrar una prueba de su bebé nacido vivo, como sí lo hace la patagónica radicada en Mendoza desde hace muchos años Patricia Giménez.

En la madrugada del 3 de agosto de 1984 Patricia, de sólo 17 años y ya casada, llegó con dolores de parto antes de término al Hospital Lagomaggiore. Cursaba el sexto mes de gestación y según declaró su pareja de entonces treinta años más tarde, era un embarazo de riesgo.

La acompañaron tres hombres. Eduardo, papá de su bebé, su suegro y un cuñado. Una enfermera le advirtió que su criatura no iba a nacer. Se fue del hospital sin hijo, sin papel alguno, sin cuerpo para enterrar, sin documentación, y sin compañía. El médico que atendió su parto fue Marcelo Greslebin. En 2015 y con la certeza de que su bebé (él o ella) está vivo, inició la búsqueda. La medallita que les daban a madres y bebés nacidos vivos después del parto, con el sello del Hospital Lagomaggiore y el número 4.317 impreso, sugiere una prueba de vida.

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Prueba de vida. Antes, a las madres y a los bebés que nacían vivos les daban esa medallita. ¿Dónde está el bebé 4.317?

Prueba de vida. Antes, a las madres y a los bebés que nacían vivos les daban esa medallita. ¿Dónde está el bebé 4.317?

“Me decían que estaba muerto, que no me lo iban a entregar porque yo era muy joven y me iba a afectar psicológicamente… yo insistí, como me había dicho una enfermera… que lo pidiera para enterrarlo” contó en la conversación con este equipo.

Patricia fue a la Justicia 30 años después del parto, por el robo de su bebé. Le tomaron la denuncia, hay una carátula. La causa pasó por la antigua Unidad de Delitos Complejos, le tocó en suerte la fiscalía de Daniel Carniello. Con la reorganización del Ministerio Público, el expediente pasó más tarde a la órbita de Cecilia Bignert, quien investiga delitos contra la integridad sexual. La causa no tuvo mayores avances y fue archivada, como todas las que se iniciaron por vía penal en la justicia mendocina. Eso, porque no aparecen testigos que puedan aportar datos de relevancia. “Se murieron, o no declaran, no recuerdan, o fingen demencia” dice la abogada Guadalupe Álvarez, del colectivo “Mendoza por la Verdad” que lleva adelante decenas de expedientes de Buscadores.

El médico Marcelo Greslebin declaró en la causa que inició Patricia. Pero sólo había seguido el rastro del bebé hasta que lo llevaron a reanimación. Luego, no supo más. En cambio, los datos que aportó el patólogo Juan Carlos Chaban Flores, integrante durante muchos años del sector de Patología del Hospital Lagomaggiore, resultaron relevantes.

Los técnicos patólogos son los que hacen las autopsias y buscan las causas de la muerte, ya sea bebé, niño o adulto. Al declarar como testigo el 11 de agosto de 2015, explicó el proceso que se seguía con los cuerpos de los bebés que nacían fallecidos o morían al nacer en los ochenta. Y poco tiene que ver con lo que recibió Patricia del Hospital. Esta es parte de la declaración del patólogo:

“En caso de fetos, se esperaban diez días a que un familiar aparezca para retirarlo, y si no aparecía, se hacía la defunción y el Registro Civil emanaba la autorización para inhumación o cremación (...) El directorio del Hospital emanaba una resolución que se publicaba en el diario Los Andes, para comunicar que en tal lugar estaba el cuerpo de fulano. Después de esa publicación dejábamos pasar cinco o seis días y el hospital procedía a la inhumación, o cremación. La inhumación se hacía en el cuadro 33 del cementerio de la Capital… después, en los noventa, el procedimiento cambió” dice en su declaración.

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Testimonio. Buscadora Patricia Giménez, con el equipo periodístico.

Testimonio. Buscadora Patricia Giménez, con el equipo periodístico.

Nada de esto pasó en el caso del hijo supuestamente muerto de Patricia. No hubo certificado de defunción, ni resolución del Hospital, ni publicación en ningún diario, ni cuerpo, ni un solo papel. Sólo la medallita a la que ella se aferra con determinación. La irregularidad existió y es grave. Este expediente debería ser desarchivado por el Ministerio Público, y seguir indagando.

Patricia siente, en su fuero íntimo, que su familia política de entonces pudo haber tenido algo que ver en la desaparición de ese bebé. Pero no tiene pruebas. Tampoco dudas. Igual, como todos los buscadores, no pierde la esperanza. “Sueño con ese reencuentro” dice. Años más tarde fue madre, pero ello no pudo ocultar aquel dolor original.

Buscadora Dora Eva Aguilar

El caso de Dora Aguilar es distinto a los demás, pero no resulta infrecuente, de acuerdo a lo que hemos registrado en grupos de búsqueda en Facebook como “¿Dónde estás?”, uno de los de mayor actividad.

Dora llegó al viejo hospital Emilio Civit el 26 de febrero de 1977, embarazada de mellizos. Pero le dijeron que sólo había nacido uno. Estaba segura de su embarazo gemelar porque “...el doctor que me hacía los controles había detectado los dos corazones… el latido de cada uno”

Cuando fue a control con una sola bebé, su ginecólogo se descompuso. Se agarraba la cabeza. Una enfermera lo asistió con agua, le apoyaba la mano en la espalda, como si supieran lo que pasaba en el hospital con los bebés “que no nacían” o lo hacían muertos.

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Mellizas. Dora Aguilar muestra el acta de nacimiento de su hija. Entró con un embarazo gemelar al Emilio Civit y salió con sólo una bebé.

Mellizas. Dora Aguilar muestra el acta de nacimiento de su hija. Entró con un embarazo gemelar al Emilio Civit y salió con sólo una bebé.

Dora siempre presintió cerca la presencia de la otra bebé. Una vez empapeló la ciudad con la foto de su hija viva, para indicar a la población que estaba buscando a otra chica igual. A veces, cuando iba a comprar el pan, o a la librería, le decían que su hija había estado. O que “sí, es la nena que trae una señora a la escuela”. Fueron a hablar con esa familia pero se habían mudado a la Sexta Sección de la Capital. ¿Sería su hijita apropiada?

“Quiero que ella sepa que tiene unos papás que no la abandonaron, no la regalaron, no la vendieron… simplemente la arrancaron de mis entrañas… lloré muchas noches… preguntándome por qué a mí, por qué me la quitaron…” cuenta la mujer, atribulada y con los escasos papeles con los que cuenta, en la mano; entre ellos presentaciones realizadas en 2015 en el Ministerio Público Fiscal de la Nación.

La ley 9.182 que ayuda a los Buscadores

En 2019 durante el primer gobierno de Alfredo Cornejo, la Legislatura de Mendoza sancionó la ley 9.182 que creó el Programa Provincial de Búsqueda Familiar, de Identidad Biológica, de Origen y Socioafectivo. Depende de la Dirección de Derechos Humanos de la Provincia que conduce Alejandro Verón. Las funcionarias a cargo del programa más conocido como “Búsqueda de Orígenes” son las trabajadoras sociales Fernanda Dutra y Sonia Fioquetta. Básicamente, son las que construyen los expedientes, ayudan a los Buscadores, los derivan a la justicia, o al revés, reciben de la Justicia casos que deben seguir una vía administrativa.

El mayor éxito de esta dirección es conseguir una revinculación. “Es una alegría enorme” dice Sonia Fioquetta. Y cuenta que lograron revincular a una madre a la que obligaron a “dar” a su hija en adopción cuando su parto llegó a término. Tenía 15 años. El reencuentro más de veinte años más tarde fue muy emocionante. Movilizador.

Luego explica la utilidad del programa. “Si el Buscador está apoyado institucionalmente, se corren menos riesgos aún si la búsqueda no da lo resultados esperados, hay un programa para apoyar a las personas, una institución que respalda…” explicó.

Fernanda Dutra abunda en los procedimientos, y en qué pasa cuando un potencial buscador llega a esta oficina. “Hay dos tipos de casos… personas que han sido adoptadas legalmente, donde hay un camino jurídico, y las que fueron apropiadas. En el primer caso, podemos pedir certificados oficiales de todo, desarchivos de expedientes de adopción, vemos si las personas involucradas en todo el proceso aún están vivas y dónde…” explica. “En el caso de apropiaciones es mucho más difícil. Hay muy pocos datos… Los Buscadores suelen esperar muchos años para comenzar su búsqueda, por muchas razones, entre ellas… un ‘deber ser’ de hijo y de agradecimiento con esa familia que los tomó” dice. “Pero pedimos registros de nacimientos, certificaciones de todo, podemos ayudar a generar documentación… y hacemos una escucha activa de los casos… por eso damos turnos… para poder escuchar a las personas, y a partir de esas historias comenzamos” dice.

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Fernanda Dutra, del Programa de Búsqueda de la Dirección de DDHH de la provincia.

Fernanda Dutra, del Programa de Búsqueda de la Dirección de DDHH de la provincia.

“En esta oficina, los Buscadores dejan sus huellas genéticas, les mandamos a hacer el ADN. Los acompañamos… a veces saben de alguna persona que conoce la historia, y los entrevistamos” explica.

La oficina del Programa está en el 5to piso de la Casa de Gobierno, cuerpo central, Avenida Peltier 351 de la Ciudad de Mendoza. El correo es [email protected] y tienen un número de teléfono: 0261-3852076.

Mendoza por la Verdad

Guadalupe Álvarez es abogada y pertenece al colectivo “Mendoza por la Verdad”, donde están agrupados la mayoría de los Buscadores. Es ella quien afirmó que hay más de cien búsquedas activas de orígenes de personas, la mayor parte, y varios más de madres que buscan a sus bebés, a los que suponen apropiados.

Guadalupe ayuda a los buscadores a iniciar la historia, y desde el Poder Judicial va derivando los casos ya sea al Programa de la ley 9.182, o a un juez para una investigación judicial del caso. “En las apropiaciones se han inscripto datos falsos en las partidas de nacimiento… por eso no hay registros judiciales ni medidas tutelares que rastrear… es mucho más difícil… Un acta de nacimiento puede ser legal, como muchas de estas lo son, pero no son legítimas” dice.

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Buscadora. Guadalupe Álvarez es abogada y lidera el colectivo Mendoza por la Verdad.

Buscadora. Guadalupe Álvarez es abogada y lidera el colectivo Mendoza por la Verdad.

-¿Por qué se archivan la mayoría de los casos?- le preguntamos.

-Por el paso del tiempo es muy compleja la prueba. Las personas involucradas murieron, no recuerdan, no hablan, o fingen demencia. Por eso es tan difícil llegar a la verdad.

“Mendoza Por la Verdad” recibe consultas por correo electrónico en la dirección de email [email protected], y por WhatsApp al 2615696043

¿Dónde están los bebés?

La trazabilidad de un niño que nace vivo, o que nace muerto, fue variando a lo largo del tiempo. Antes de la era digital, reinaba la informalidad. Lo que favorecía estas prácticas de “adopciones truchas” (apropiaciones), cuando se terminaba inscribiendo como hijo de una pareja, a un bebé que no lo era.

Antes, simplemente entregaban a las madres un certificado de “Nacido vivo” sin folios ni numeraciones. Luego, cada familia inscribía a su hijo cuando podía, o le parecía. Ese certificado era un documento hospitalario más que de identidad.

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Hospital Lagomaggiore. Allí habría ocurrido el incidente que denuncia la buscadora Patricia Giménez.

Hospital Lagomaggiore. Allí habría ocurrido el incidente que denuncia la buscadora Patricia Giménez.

Hoy, esos certificados incluyen todos los datos de la madre y del bebé, más sus huellas plantares y dactilares, más los datos de padre y madre. Una vez por semana, las maternidades mandan esos certificados directamente al Registro Civil, y entonces llaman a las personas para que inscriban a los bebés. La trazabilidad es perfecta.

Conclusión

El proceso de investigación que hacen los Buscadores, sea o no con el acompañamiento del Estado, es extenuante pero a la vez esperanzador. Sueñan con ese abrazo que muy pocas veces se produce. La búsqueda constante es la única manera de curar el dolor, ya sea de no conocer su origen, o de haber perdido un bebé desde la propia cuna, de un momento a otro.

El vacío que experimentan unos y otros es enorme.

Los Buscadores saben que el tiempo conspira en su contra, que los años transcurridos no ayudan. Que fueron sujetos de prácticas que aunque hoy vemos aborrecibles, en los sesenta, setenta u ochenta eran habituales. La médica obstetra Fanny Vilches, que probablemente participó del proceso de apropiación de Dante Benecchi, le dijo “Usted no debería estar haciendo esto m'hijito… ni preguntando… usted debería estar agradecido de la vida que tiene”.

Era así. Había que dar las gracias por tener una vida. Aunque no fuera la propia.

Idea y producción periodística: Agustina Fiadino/Ricardo Montacuto

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