Viernes 13 de octubre de 1972 aproximadamente a las 15:29. Los ruidos son espantosos y los gritos, aterradores. El avión de la Fuerza Aérea Uruguaya Fairchild FH-227D de solo cuatro años de antigüedad está por impactar a toda velocidad contra una enorme montaña en medio de la cordillera de los Andes a 4.400 metros de altura. Hay 45 personas adentro: los jugadores de rugby del Old Christians Club, familiares, amigos y miembros de la tripulación. El piloto falló un cálculo clave y la nave se sacude a un ritmo insoportable. Es el vuelo 571 que partió desde Mendoza hacia Santiago de Chile y que está por finalizar estrepitosamente con la muerte escondida entre la nieve.
Eduardo Strauch revivió en Mendoza el lado más íntimo de la odisea de los Andes: "El amor fue el que nos salvó"
Eduardo Strauch, uno de los 16 sobrevivientes de la trágica caída del avión en 1972 en plena cordillera de los Andes, habló de todo con Diario UNO

Eduardo Strauch, sobreviviente de la odisea de los Andes. Foto: Nicolás Ríos.
El golpazo contra la cresta es durísimo. El desgarro desesperado en los llantos de hombres y mujeres se confunde con el fragor de los hierros. El aire es tan helado que dificulta la respiración de los 33 que logran permanecer con vida. Y de pronto el fuselaje que se desliza hacia abajo para chocar, tras eternos 60 segundos, contra un banco de nieve del Valle de las Lágrimas, el inhóspito sitio malargüino que desafiará a cualquier instinto de supervivencia por los próximos 72 días, a -30º C y a 3.600 metros de altura.
Recomendadas
Y el tiempo que llega a su fin para unas cuantas almas rotas que no logran pasar la primera noche. Y la búsqueda que termina demasiado pronto. Y los aludes despiadados. Más muertes. Más miedo. Hambre, soledad, sangre, sed, frío y muy pocos abrigos. Pánico total. Una historia trágica que terminará con la odisea de 16 personas que vivieron para contarla después de haber atravesado todo el horror que un ser humano puede atravesar. Un hecho sin precedentes que se convertirá en una de las historias de subsistencia más impresionantes: la odisea de los Andes.
Jueves 15 de octubre de 2026 a las 9:05. Eduardo Strauch Urioste (79), uno de los protagonistas de aquella horrorosa aventura que aún conmueve al mundo, recibe a Diario UNO justo en la provincia que marcó su vida y la de todos los suyos. Habiendo relatado sus memorias centenares de veces, el arquitecto y pintor uruguayo, que presentó el libro "Desde el silencio", siente que todavía tiene mucho para decir.
- A 54 años de aquella pesadilla... ¿Cómo es caerse de un avión?
- Aterrador, es aterrador. Los ruidos, el ver muy de cerca a la muerte. Es tremendo, realmente espantoso.
- ¿Y qué sensaciones le provoca regresar siempre a Mendoza?
- Para mí, Mendoza es muy especial. He venido 24 veces. Me encanta la ciudad y su gente, yo me siento como en mi casa. Al Valle de las Lágrimas fui 23 veces y voy a volver en enero.
- Hay muchos, incluso especialistas de la National Geographic, que aseguran que la de ustedes es la historia de supervivencia más impactante de todas...
-Es muy difícil, muy subjetivo, pero sí que se dio una cantidad de cosas que en otras historias no se dieron. Éramos unos chicos normales que terminamos en esa, comiéndonos a nuestros amigos. Fue impactante. He hablado con muchos médicos en estos años y no encuentran la explicación científica de cómo aguantamos tanto a -30º C. Sobre todo la primera noche. Yo volví a nacer el 22 de diciembre de 1972 cuando nos rescataron. Cuando salimos de la montaña, muchos profesionales nos pronosticaron un envejecimiento precoz y una muerte prematura. Por el estrés intenso que vivimos y el desgaste mental y psíquico. Y acá estoy.
-Uno de los momentos más terribles fue la noche del alud...
-Fue devastador. Claramente uno de los momentos más horribles. Peor que el momento del accidente porque fue mucho más largo. La avalancha fue espantosa. Yo estaba contra la cabina de los pilotos al lado de mi amigo Marcelo (Ndr: Pérez del Castillo, capitán del equipo. Falleció la noche del 29 de octubre en esa avalancha). Era el lugar menos peor para dormir, nos íbamos rotando. Estaban los cuerpos de los pilotos apretujados entre los hierros. Del otro lado, en la parte quebrada del avión hacía mucho más frío. Esa noche había ruidos tremendos, estábamos muy nerviosos. De repente vino una avalancha que tapó todo el avión. Una masa de nieve nos comprimió y quedamos prácticamente sin oxígeno, casi todos. No podía moverme, no podía respirar. Fue un proceso muy largo. De pronto sentí un placer inaudito. Dije 'estoy muerto, qué maravilla'. Después de toda la lucha y el sufrimiento llegó un estado de felicidad y paz total. Roy Harley fue el único que quedó con la cabeza afuera y empezó a ayudar a todos. Cuando sacó a Fito (Strauch, primo) que estaba al lado mío, entró el oxígeno de vuelta y volví a la vida. Luego vinieron cuatro días enterrados en la oscuridad. No sé cómo no enloquecimos. La mente del ser humano es increíble.
-Otro momento clave fue cuando los dejaron de buscar... ¿Existe el recuerdo preciso de ese momento?
-Me acuerdo perfectamente. Cuando escuchamos en la radio esa noticia fue espantoso, nos sentimos totalmente abandonados. Sentí furia. Pero eso nos llevó a organizarnos para ver cómo salíamos. Yo lo cuento y lo vuelvo a vivir.
-Es díficil e incómodo hablar de la antropofagia, pero terminó siendo la única manera de subsistir.
-Fue muy impactante también. Chicos normales, de una ciudad normal. Y a la semana la única manera de sobrevivir era comernos a nuestros amigos muertos. Fue muy difícil, pero nunca sentí culpa por haber querido sobrevivir. Hablar de esto nos hace bien a todos. Nunca sentí la necesidad de ir a terapia con un psicólogo, pero hago mi autoterapia hasta el día de hoy.
-De todos modos, fueron cuidadosos con el manejo de los cuerpos y las identidades...
-Los tres primos nos ocupamos de eso para que fuera menos difícil para el resto. Pero jamás fue canibalismo como se dijo, fue antropofagia. Solo Fito y yo sabemos las identidades de los cuerpos que usamos para alimentarnos, porque el otro que sabía era Daniel (Fernández Strauch) y falleció. El resto de los sobrevivientes no lo sabe. Y no tiene sentido que se sepa.
-Mucho se habló del difícil camino que tomaron hacia la salvación, el oeste. Porque para el este bajaban hacia Mendoza...
-Siempre pensamos que estábamos en Chile porque el piloto decía 'pasamos Curicó'. Nando Parrado y Roberto Canessa se mandaron una hazaña extraordinaria. Subieron 1.000 metros verticales (el monte Seler). Tres días en llegar arriba. La única salida posible era esa. Porque analizando con perspectiva y junto con amigos montañistas luego, era la única manera posible. Si hubieran salido para el este, valle abajo, no hubieran logrado cruzar los ríos, los hubiera arrastrado la corriente o se hubieran congelado. Salir hacia Argentina hubiese sido fatal. El camino que tomamos era el único posible para llegar a la civilización. Y acertamos.
-Hagamos de cuenta un minuto que podemos volver el tiempo atrás... ¿Haría algo que no hizo? ¿Qué faltó?
-Hice el máximo que pude en cada momento. No cambiaría nada. Trabajamos en equipo e hice lo que pude a pesar de haber perdido 25 kilos para sobrevivir y cumplir mi objetivo que era volver a casa. A pesar de que me costaba muchísimo moverme y hacer esfuerzo físico.
-Les preguntaron muchas veces por qué no quemaron las cubiertas del avión y hacer visible una gran columna de humo negro...
-¡Mil veces preguntaron! La verdad es que pensamos siempre en quemarlas. Todo el tiempo. Lo intentamos y fue imposible. Hasta quisimos comerlas, pero no pudimos. También nos han dicho '¿y por qué no salieron antes?'. Muchos nos subestimaron.
-¿Se siente aún el ruido del helicóptero que los encontró?
-Ese sonido es inolvidable. Apareció por el valle. Mirábamos para arriba y fue una euforia y una alegría totales. Varios días de euforia. Yo no lloré durante días. Lloré en casa, en silencio. Y demoré más de un año en reinsertarme en la civilización. El después de la montaña fue difícil.
-Y qué importante la figura de Sergio Catalán, el arriero que los encontró...
-Le debemos muchísimo a Sergio. Estábamos en las últimas y él pasó por ese punto remoto para encontrarse a Nando y Roberto. Siempre fue muy generoso con nosotros.
- ¿Cómo es el contacto hoy con los otros sobrevivientes?
-Permanente. Tenemos un grupo de WhatsApp que se llama "Cordillera". Estamos continuamente conectados. No somos hermanos, pero somos como hermanos, es algo muy especial. Nos queremos mucho. El nuestro es un vínculo indestructible.
-Qué fue lo más insólito que hicieron en la montaña, algo fuera de contexto...
Lo más fuera de contexto que hicimos fue sacarnos fotos. Había un par de cámaras. Decíamos 'fotos para qué, ¿las verá alguien algún día?' Momentos inolvidables también.
-Y en esas fotos muchos se animaron a sonreír...
-Sí. Había que desconectar, si no enloquecíamos.
-¿Y de qué hablaban? ¿Hubo momentos de tensión?
-Al principio hablamos mucho. De Montevideo, de nuestras familias. Después nos dimos cuenta de que nos hacía mucho daño. Al final ya hablábamos muy poco. La mente estaba en stand by. Pasábamos muchas horas al sol, en silencio. Situciones de tensión hubo los primeros días. Después nos dimos cuenta de que no tenía sentido, era ir a la muerte.
-¿Estuvo de acuerdo con la quema del fuselaje después de la salvación?
-Ni nos consultaron. Me pareció una estupidez. No sé realmente por qué lo hicieron. A lo mejor a modo de limpieza por parte de la Fuerza Aérea. Debe haber sido porque el lugar era dantesco.
-Ha tenido gran aceptación la película La Sociedad de la Nieve...
-Sí, una gran película que refleja muy bien lo que pasó y cómo. Participamos todo el tiempo del guión. J. A. Bayona estuvo 8 años en contacto con nosotros para hacer la película. Y la figura de Numa Turcatti como narrador fue un acierto. La mayor virtud de La Sociedad de la Nieve fue que logró unirnos definitivamente con las familias de los fallecidos.
-¿Qué es la vida?
-Es aprovechar cada minuto y cada momento. Vivir el presente, disfrutar de las pequeñas cosas. Hay que dar mucho amor y ser receptivos al amor. Es la base de todo. El amor es lo que nos salvó. Queríamos llegar a casa y abrazar a nuestros seres queridos. El amor entre nosotros, el amor a la naturaleza. Después de la experiencia de los Andes yo me siento parte de la naturaleza. Y soy una persona feliz.
-¿Qué le diría a una persona que está atravesando una situación extrema en la vida, ya sea por una enfermedad u otra cosa?
-Siempre decimos: todos tenemos nuestra cordillera. Yo tuve esa y otras. Les digo que sepan que tenemos un potencial y unas herramientas que desconocemos hasta que llegamos a una situación difícil. Con ese potencial van a poder superar la situación y saldrán fortalecidos, sin dudas.
La hora 9.57 de ese jueves de entrevista. Afuera llueve y hace mucho frío. Eduardo Strauch saluda afectuosamente a este periodista y al reportero gráfico Nicolás Ríos. Agradece, se anima a hablar de fútbol un rato y luego camina hacia el ascensor del hotel con la sonrisa de quien, de verdad, disfruta hace 54 años cada suspiro después de haberle ganado a la muerte la batalla de todos los tiempos.
En pocas palabras
- Eduardo Strauch: uno de los sobrevivientes de la Tragedia de los Andes relata la experiencia.
- Supervivencia: detalla los momentos más duros como el alud, la antropofagia y el abandono de la búsqueda.
- Reflexión: destaca el amor como fuerza salvadora y la importancia de vivir el presente.