Por María Elena Izuel
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Los hijos de don Otto Suter asistieron a la única escuela que había en la Colonia, la actual escuela 25 de Mayo, y como era costumbre en la época, los mayores propietarios, entre los cuales él se encontraba, eran designados por el gobierno escolar para presenciar el examen que obligatoriamente debían rendir los niños para pasar al grado siguiente.
El acto era público y nadie podía negarse. Era una forma que había hallado el gobierno escolar para controlar la educación. En la foto que acompaña esta página se ve a Federico (el más alto a la derecha).
A medida que crecían sus hijos comenzaron a ayudarlo en la bodega y en 1924 obtuvieron un premio en la exposición de la industria, galardón muy importante y que fue el primero obtenido. A éste siguieron muchos más. Emilio, el mayor de los hijos, se fue a otra provincia y no regresó más. También se fue Federico, pero años después regresó. Podemos ver en la propaganda, una de las más antiguas ya que es de 1921, que a su vino lo llamaba El Topacio. La familia Suter está considerada con toda justicia pionera en el pasado histórico de San Rafael. Un lema de la bodega era: “Limpieza y pureza producen fineza”.
La Bodega Suter se dedicó siempre a producir vinos finos y formaron una escuela, que se fue sucediendo de padres a hijos y después a nietos y a bisnietos. Preservar la calidad fue siempre una de las constantes de los vinos Suter.
“Don Otto R. Suter, hay que decirlo, en honor a la verdad, con su obra no disfrutó de beneficios económicos y sólo fue feliz al darse cuenta de que había sabido sembrar en bien de los suyos y de San Rafael”. Fuente: revista de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de San Rafael (1946)
Allí donde construyó su pequeña bodeguita se encuentra la gran bodega que creció mucho y está considerada una de las más importantes de San Rafael; sus vinos han recorrido todo el mundo: lograron comerciar con México, Colombia, Paraguay, Ecuador, Brasil, Estados Unidos y Venezuela. Hoy la bodega está abierta al turismo y muestra en el proceso de elaboración la misma técnica que utilizó don Otto Suter a principios del siglo pasado.
De las muchas distinciones recibidas, la primera fue Medalla de Oro en la Exposición Industrial Argentina en 1924, por el vino Riesling, y al concurrir al Primer Congreso Internacional de Vinos realizado en la URSS, en 1965, les otorgaron también medalla de oro y diploma.
En una revista de la Cámara de Comercio de 1936 sacaron una propaganda en la que decía que la Bodega Suter realizaba entregas a domicilio, con tarifas económicas, en casi todo el país a través de la compañía CITA y en Los Andes de 1932 decía que “quien desee obtener este vino, dirigirse a su productor en San Rafael, F.CP”.
Don Otto Rodolfo Suter falleció en junio de 1936, a la edad de 73 años, rodeado del cariño de los suyos y el respeto y admiración de todos los que lo conocían. Con la muerte del fundador, la empresa quedó en manos de su esposa, Ana, y de su hijo Juan Ernesto.
Ana le siguió pocos años, fue su fiel compañera apuntalándolo siempre en todos sus trabajos. Al quedar solo don Juan prosiguió expandiendo sus tareas y entregó la distribución de los vinos a una empresa especializada: Hudson, Cioavini y Cia. y a sugerencia de esta empresa, comenzaron a fabricar, desde 1938, vino tinto, algo que nunca había querido hacer don Otto.
Don Juan fue también presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria en el período 1943-1944 y nuevamente en 1946. Don Federico Alberto, en 1944, retornó a San Rafael. Había trabajado con Bunge y Born y dirigía una importante estancia en el Norte argentino. Contrajo enlace con Carolina Paponnet, hija también de un bodeguero, don José Paponnet, proveniente de una familia francesa que se contó entre los colonizadores que llegaron al departamento a fines del siglo XIX, con quien tuvo dos hijos: Alberto y Carlos. Don Juan falleció en 1965 y le sucedió don Federico, acompañado por sus hijos, quienes mantuvieron las normas y costumbres dejadas como herencia de familia.
Federico solía pasar la mayor parte de su tiempo en la Capital Federal. Comenzaron a embotellar el vino JS, en honor a su hermano Juan. Es una variedad de tinto muy selectivo, con dos años de añejamiento. Según confesaba don Federico, al ser la empresa muy localista, elaboraban vinos al tipo “sanrafaelino”. El vino reserva hasta los cinco años no salía de la bodega. Los hijos de Juan y Federico se separaron y cada parte siguió con una bodega distinta; los hijos de Juan cerraron pronto.
Cuando festejaron los 70 años de la bodega, en 1970, continuaron con la fabricación de vinos finos en base al añejamiento, lo que hacían en toneles de madera de Nancy. También añejaban en botellas. En ese momento en la cava de la bodega había más de un millón almacenadas en las estibas. La distribución de los vinos se la entregaron a la empresa Seagram’s, norteamericana, que era la mayor elaboradora de licores en el mundo.
Para la producción se abastecían en parte con las uvas de los cultivos propios y el resto, en un 60%, era adquirido. Las marcas registradas fueron: Valle Hermoso, Suter etiqueta marrón (fue el vino que se hizo más famoso), Viejo Suter y Juan Suter. En 1978 ganaron importantes premios nacionales por el Suter Etiqueta Marrón, un vino blanco delicioso y el Viejo Suter, tinto. Los vinos de Bodega Suter fueron considerados obras de arte en vinos. Don Federico Suter falleció en la Capital Federal, en forma imprevista, en agosto de 1979. Había viajado para hacerse ver por un médico. Sus restos fueron trasladados y recibieron sepultura en San Rafael.
En el año 2003, aniversario del traslado de la cabecera departamental de San Rafael, Bodegas Suter recibió de la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria una distinción por ser una de las firmas centenarias de San Rafael. Continuaron con la bodega sus hijos y luego los nietos. Hace pocos años vendieron la bodega, pero sigue en funcionamiento y mantiene el nombre.