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La autopista de Bordón

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

José Octavio Bordón llevaba algo más de un año como gobernador de Mendoza. Estábamos a las puertas de 1989 y la  informática se expandía en las empresas y -más lentamente- en las oficinas del Estado y en las casas. Empezaban a llegar a la Argentina los primeros celulares, aquellos aparatosos Movicom que pesaban casi un kilo, y que luego fueron la base de una de las grandes revoluciones de las costumbres.

Una tarde, en una charla informal con los periodistas que hacíamos coberturas en la Casa de Gobierno, Bordón nos contó que estaba fascinado con eso que por entonces los diarios llamaban "la autopista de la información". Que no era otra cosa que internet.

El gobernador ya tenía internet en su casa. Y estaba convencido de que eso había llegado para cambiar el mundo. Como pocos políticos, Bordón no sólo era una persona informada y preparada sino que ya advertía que dichas modificaciones nos iban a obligar a mutar las maquetas de pensamiento que teníamos en nuestras cabezas.

El muro y las dos caídas

Le doy un ejemplo de cómo pensaba: cuando cayó el Muro de Berlín y se desató la implosión del comunismo en la URSS, Bordón celebró el acontecimiento histórico pero aclaró de inmediato: "Cuidado porque el Muro se ha caído para ambos lados".

Es decir que era un llamado de atención tanto del fracaso comunista como de los cambios de visión a los que se veía obligado el capitalismo.

O, si se quiere, la constatación de que la democracia liberal había renacido, pero para adquirir nuevas metas que tuvieran en cuenta tanto  la libertad como la responsabilidad social.

A lo que iba

Si acudí a aquella autopista de Bordón fue para poder hablar de uno de los aspectos más polémicos e interesantes de la actual política en la Argentina.

Cada vez llama más la atención que los sectores progresistas, que por definición deberían estar a favor de los cambios y de las reformas, ahora son los más conservadores de la sociedad. No quieren cambiar nada. Ni siquiera admiten la posibilidad de modernizar y mejorar la normativa laboral en el país para favorecer la generación de empleos.

Ellos defienden un reinado eterno de los derechos que se adquirieron hace varias décadas cuando no había ni internet ni celulares. Y cuando en la Ley de Contrato de Trabajo se reglamentaban ocupaciones que ahora ya no existen.

De eso no se habla

Los políticos se niegan a explicitar en sus plataformas electorales cómo van a hacer la reforma laboral que se debe la Argentina y que muchos de los países de la región ya iniciaron. Y que los países del Primer Mundo ya consolidaron, pero que  la tienen en constante revisión 

¿Quien dijo que hay que hacer lo mismo que Bolsonaro en Brasil?

Por ejemplo, el peronismo, que fue el partido que introdujo los mayores cambios en el área laboral desde 1946, podría ponerse a la cabeza y plantear reformas en ese rubro que pusieran a la Argentina en una esfera de modernidad con justicia.

De lo que se trata es de defender al trabajador de una manera inteligente, donde también se defienda a las empresas medianas y chicas que son las que dan más empleo.

El problema de la mayoría de los políticos es que creen que eso les iría en contra, con lo cual el discurso laboral lo dejan en manos de unos cuantos dirigentes gremiales (millonarios  y corruptos) que no quieren cambiar un ápice porque tienen la vaca atada y llena de privilegios insostenibles.

Mientras tanto, el gobierno de los ricos insensibles, de esos liberales desalmados que están con Macri, entiende mucho mejor que ningún país serio del mundo ha salido adelante sin actualizar su régimen laboral y sin abrir su economía  al juego de un mercado astutamente regulado.

El relato kirchnerista, mal que nos pese, ha prendido, y lo ha hecho a  pesar de los fracasos de los Maduro, de los hermanos Castro, y de las corruptelas que favorecieron otros líderes de la izquierda latinoamericana  e internacional.

Desde el populismo bolivariano hasta el cristinismo, mucha gente otrora progresista juega todavía a ser absurdamente retardataria, intentando negar incluso las masacres de ciudadanos, ordenadas por badulaques como Maduro, y que manchan la conciencia de esa izquierda.

Concluyo: la política necesita más "bordones".

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