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A 49 años del Mendozazo

Por el malestar político y funestas medidas económicas de la dictadura militar, el 4 de abril de 1972 estalló la protesta popular bautizada como el Mendozazo

Muchos recordarán aquella triste jornada de los primeros años de la políticamente convulsionada década de 1970 y a la mente llegan las imágenes de la TV, en blanco y negro, de una represión que tuvo el color de la vergüenza. El 4 de abril de 1972 los trabajadores de Mendoza habían salido a protestar en plena dictadura militar por el aumento astronómico de las tarifas de la electricidad, y en la Casa de Gobierno la represión fue impiadosa y hasta fatal, ya que luego se constatarían tres muertes.

Los días previos fueron tensos, yen la provincia el lema "No pague la luz" se repetía en pintadas y en panfletos que volaban por las calles, ya más comunes que las primeras hojas del otoño. En Casa Rosada usurpaba el sillón de Rivadavia Alejandro Agustín Lanusse en 1970, en reemplazo de Roberto Marcelo Levingston, y desde ahí se había designado como interventor federal en Mendoza al ex gobernador Francisco Gabrielli. El año recién empezaba, y ya se habían producido dos paros nacionales generales. Los docentes mendocinos pertenecientes al SUTE habían realizado una huelga al inicio de clases, y desde la Secretaría de Energía se encendió la mecha del estallido social, aumentando la tarifa de la electricidad en nada menos que un 300%.

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No todo el problema era la suba de tarifas, sino el desquicio económico que reinaba, y donde los productos locales no tenían valor, especialmente la uva, el insumo básico de nuestra industria, que era tirado en las calles durante las protestas, cómo símbolo de su nulo valor, en un gobierno que siempre protegía la producción lobbista de la Pampa Húmeda, y olvidaba en su adocenamiento a las economías regionales o provinciales.

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El 2 de abril la gente se manifestó en Casa de Gobierno, y el interventor decretó la prohibición de las manifestaciones públicas. La CGT declaró para aquel 4 de abril el inicio de una huelga, y en Mendoza los trabajadores, estudiantes y ciudadanos en general salieron a las calles a protestar, recurriendo a barricadas ante la represión policial, con sus gases lacrimógenos y carros hidrantes, que teñían con agua azul a los manifestantes, para luego identificarlos y reprimirlos. Sin embargo, la pueblada llevó sus reclamos a la misma sede del gobierno provincial. En la noche previa Gabrielli, quien se negeba a reprimir, renunció a su cargo, ante la presión ejercida en una reunión con el comandante de la VIII Brigada de Infantería, general de División Luis Carlos Gómez Centurión, quien asumió el control de la policía y las fuerzas armadas, que habían sido reforzadas por el III Cuerpo de Ejército y la Gendarmería, según la publicación de Aníbal Mario Romano, de la UNCuyo, en su trabajo El “Mendozazo” en el contexto de la escisión ideológica nacional.

Por su similitud con los hechos ocurridos en Córdoba y Rosario en 1969 -Cordobazo y Rosariazo- a este estallido se lo denominó Mendozazo. Ese día hubo centenares de heridos y detenidos, y le costó la vida a un vendedor de diarios -canillita- llamado Ramón Quiroga, del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas.

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El 4 de abril se encendió la mecha, y al día siguiente la CGT local decretó la huelga general con un acatamiento masivo y espontáneo. Una multitud se movilizó para hacerse presente en el entierro de Ramón Quiroga y los enfrentamientos se extendieron a Guaymallén y Las Heras, que fue declarada "zona liberada. Ese 5 de abril murió de un tiro en la cara la comerciante Susana Gil de Aragón.

Las refriegas entre los manifestantes y la represión continuó en una ciudad y alrededores en penumbras, por la destrucción del alumbrado público (se rompían las farolas a hondazos) y en gran parte bajo el control de los manifestantes. El 7 de abril -último día de las protestas-, fue asesinado el estudiante Luis Mallea, de 18 años. Ante la imposibilidad de controlar la situación, la dictadura decidió esa noche anular el aumento de las tarifas eléctricas. El 14 de abril asumiría como interventor tras la salida de Gabrielli, Félix E. Gibbs.

La gente se había manifestado y se había hecho oír en aquel Mendozazo, por encima de las medidas represivas y los bastonazos policiales. El poder ejercido por las fuerzas militares tomaría nota, para saber que si quería obediencia, tendría que hundir profunda y sangrientamente el bisturí dentro de la sociedad en años futuros.