Por Enrique Pfaab
Estaba en la casa de su pareja en Palmira. El asalto, que cometió con otros dos hombres, ocurrió en el 2010. El dueño del botín fue a parar al hospital por la golpiza que le dieron los maleantes.
Capturaron a un hombre que había robado $1,5 millones a un estanciero puntano

SAN MARTÍN – Rubén Antonio Peré Calderón, un pampeano de 52 años, fue detenido en San Martín por personal de Investigaciones de la zona Este. Lo buscaba la policía de San Luis por dos violentos asaltos contra un estanciero de Justo Daract, cometidos en 2010 y con pocos días de diferencia. El botín, según trascendidos, rondó el millón y medio de pesos. Por estos hechos fueron imputados 4 jefes y oficiales policiales, por obstruir las pesquisas.
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Nació el 3 de agosto de 1960, en La Pampa. Se encargó a hacerse fama de “fierrero”, de andar siempre “calzado”, de ser un “pesado”. Hace unas semanas la división Investigaciones de la zona Este recibió un pedido de captura contra él. Allí se especulaba que Rubén Peré estaba en Mendoza. La orden judicial la firmaba el juez penal Ángel Cuello y se informaba que el prófugo estaba involucrado en un violento robo a mano armada y torturas. Además se estimaba que podría estar involucrado en otros dos asaltos más ocurridos en San Luis.
La orden de captura quedó en el escritorio policial durante varias semanas, después de poner al tanto de la novedad a todo el personal. De pronto, hace 2 semanas, un llamado telefónico puso en alerta a los sabuesos. “Lo vi. Está en Palmira. Vino a ver a una mujer”, alertó la voz, al otro extremo de la línea. El resto fue paciencia. Montar una guardia en las inmediaciones, vigilar y esperar el momento oportuno… que fue el sábado pasado.
Peré y una mujer salieron de la casa y se subieron a un Corsa blanco. El auto salió de Palmira y se dirigió al Este. Luego tomó por el carril Buen Orden. En el cruce con el carril Norte ya lo esperaba una gran cantidad de policías. Interceptaron su camino y, encañonándolo, lo obligaron a descender con las manos en alto. Peré no opuso resistencia.
Los delitosEran las 11 de la noche del 28 de mayo de 2010. En el casco de la estancia El Ruiseñor, a 12 kilómetros de Justo Daract, su dueño, Roberto Ruiz (59) se estaba bañando. El estanciero sintió que su esposa, María del Carmen Muñoz, desde el comedor y mientras miraba televisión, le anunciaba: “Querido, viene la policía”.
Afuera había un auto con balizas prendidas sobre el techo, de color. “No abras. Esperá que los atiendo yo”, le dijo Ruiz a su esposa.
La mujer prendió las luces exteriores y vio cuatro hombres, vestidos de policías, que se bajaban del auto, mientras un quinto permanecía frente al volante. Todos estaban armados y dos empuñaban Itakas.
Ruiz salió para atenderlos. "¿Qué pasó?”, les preguntó. “En la entrada hay dos personas ahorcadas”, le contestó uno. Ruiz quiso caminar hasta su camioneta F 100 para ver a los muertos por si mismo. Cayó en la trampa. Uno de los “policías”, lo agarró del cuello y le pegó un golpe en la cara. Lo metieron en la casa y lo tiraron al suelo. También a su esposa. Los ataron con precintos. Después vino lo peor.
Les empezaron a pegar en el abdomen, les pisaron la cara con los borceguíes. A Ruiz le fracturaron un dedo del pié con un pisotón y, con un atizador de una estufa, le hicieron dos quemaduras en el abdomen y otra en la planta del pie derecho. A la mujer le quemaron los pies y las piernas. Después escaparon, Se llevaron todo el dinero. Las versiones dadas en su momento variaron entre $300.000 y $1.500.000.
Increíblemente pocos días después, el 23 de junio, Ruiz volvió a ser asaltado en su casa, con un modus operandi idéntico.
Curiosamente los primeros imputados fueron cuatro policías. El jefe de la Brigada de Investigaciones de la Unidad Regional 2, comisario Oscar Contreras; el segundo jefe de esa dependencia, oficial principal Mariano Godoy; y los oficiales Pedro Palacio y Diego Correa fueron acusados de haber mantenido paralizada la investigación del primer asalto entre el 4 y el 30 de julio y fueron pasados a revista pasiva.
Entre las pistas que no se investigaron estuvo la aportada por un testigo que había dicho que, la noche de primer asalto, vio un Corsa blanco merodeando la estancia y había anotado su número de patente. El auto era del pampeano Rubén Peré, el mismo que usaba cuando fue detenido el sábado.