Antes de la tragedia del trasatlántico hubo siniestros mucho más graves, como el gran incendio de Chicago, el huracán en Galveston y el terremoto en San Francisco, pero el Titanic causó dolor de manera diferente.

"Un monumento a la insensatez humana"

Por UNO

Seth Borenstein/APEspecial para UNO

Los desastres colosales, por lo general vinculados con gritos de angustia y relatos de heroísmo, son las narraciones centrales de la época contemporánea, tan sobrecogedoras como desgarradoras.

Y la obsesión comenzó hace un siglo en una embarcación supuestamente incapaz de hundirse de la que más de 1.500 almas cayeron a las aguas gélidas del Atlántico Norte, todo en sólo 160 minutos aterradores mientras una orquesta seguía tocando.

Era el Titanic. Y desde entonces hemos sido cautivados por los desastres en general, pero en particular por el relato del enorme crucero de lujo. Y el centésimo aniversario del hundimiento sólo ha venido a magnificar la fascinación por ese buque.

Por supuesto que hubo catástrofes antes de la fatídica noche del domingo 14 de abril de 1912, pero nada capturó tanto la atención en el entonces novedoso mundo de las telecomunicaciones inalámbricas. Fue más que una noticia. Fue un forma macabra de entretenimiento.

Luego hubo desastres mayores en muertos y daños, pero todos tomaron algo prestado de la trama —en realidad, obras sobre moral y virtudes— establecida por el hundimiento del Titanic: investigaciones de alto perfil... una cobertura informativa incesante... asuntos de culpa, arrogancia tecnológica, advertencias ignoradas y equidad económica, justo los temas presentes en la fuga petrolera de BP, las catástrofes de los transbordadores espaciales, el huracán Katrina, el trastorno ecológico del buque tanque Exxon Valdez y el reciente choque del crucero Costa Concordia con una roca.

“La historia es eterna, como todas las grandes historias”, dijo James Delgado, director de legado marítimo en la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera, de Estados Unidos. “Los elementos en este caso de triunfo, tragedia y soberbia, de valor y cobardía, todos envueltos en un breve momento. Eso atrae a la gente”.

Y hasta la fecha, el Titanic es un gran negocio en películas, libros, canciones, poesía y exposiciones en museos a cientos de kilómetros del océano más cercano. Decenas de turistas han pagado decenas de miles de dólares por hundirse en sumergibles rusos para visitar el cementerio marino del barco y ver en el lecho del océano “donde se incrustó el Titanic y la embarcación produjo este borde filoso como de cuchillo”, dijo Delgado.

Durante décadas se desconoció el punto de reposo, pero el descubrimiento del Titanic en 1985 marcó el resurgimiento de la atención mundial en el crucero. Luego, una docena de años después, otro hombre llevó el Titanic a una fama incluso mayor con una película galardonada con varios premios Oscar y documentales subsecuentes. Esto era, indicó, una parábola que el narrador que lleva dentro no podía obviar.

“Es esta gran suerte de novela metafórica que en realidad ocurrió”, describió el director de Titanic, James Cameron. “Uno puede ir a visitar los restos e ir y ver este monumento a la insensatez humana”.

El Titanic, con casi 269 metros (882 pies) de eslora, zarpó de Queenstown, Irlanda, hacia Nueva York el 11 de abril con más de 2.200 pasajeros y tripulantes, casi 59 toneladas de carne de res y pescado, unos 794 kilos de helado, 400 pinzas para espárragos y únicamente 20 de los 32 botes salvavidas que debían estar a bordo. La tripulación ignoró más de 30 advertencias de hielo.

A las 23.40 del 14 de abril, el Titanic chocó contra un témpano de hielo y se detuvo. A las 2.20 del lunes 15, se hundió.

Un dolor diferenteAntes del Titanic, el gran incendio de Chicago, el huracán en Galveston y el terremoto en San Francisco atrajeron la atención de Estados Unidos, pero “el Titanic causó dolor de manera diferente”, dijo Kevin Rozario, profesor de Estudios de Estados Unidos en el Smith College. “Es la cualidad dramática del Titanic”.

Todo acerca del hundimiento —su rapidez y el hecho de que todos estaban en un mismo lugar— aportó al drama.

De hecho, el hundimiento duró aproximadamente lo mismo que una obra de teatro de esa época, observó John Wilson Foster, profesor de la Universidad Queens en Belfast, quien escribió varios libros sobre el barco. “Los sobrevivientes incluso dijeron durante el hundimiento que parecía como una obra”, afirmó.

La población, sobre todo en el siglo pasado, se ha visto cada vez más atraída por los desastres, especialmente los tecnológicos. Esto se debe a que nos ayuda a arreglárnoslas con la mayor mecanización, los riesgos y las arraigadas interrogantes sobre lo que significa ser humano, estimó Rozado, autor de libro La cultura de la calamidad.

Rozado consideró que los desastres reflejan los temores cotidianos que con frecuencia son ignorados. Cuando ocurre una catástrofe, “nos vemos a nosotros mismos” en la trama que se desarrolla.

Y con el Titanic, la historia fue seguida instantáneamente gracias a la reciente innovación de la telegrafía inalámbrica.

El sobreviviente Lawrence Beesley, en su libro La pérdida del SS Titanic, dijo que muchas informaciones de prensa presentaron el hundimiento con más dramatismo del que tuvo en realidad. “El hecho es que la sensación de temor llegó a los pasajeros muy lentamente, como resultado de la ausencia de señales de peligro”.

“Esa frase de ‘inhundible’ alcanzó triste fama”, dijo Foster. Originalmente la frase era “prácticamente inhundible” y provenía de una publicación periódica de ingeniería poco conocida. Además de eso, alguien dijo haber escuchado al capitán del transatlántico, Edward John Smith, decir: “Ni siquiera Dios mismo podría hundir este barco”, agregó Foster.

Las diferencias sociales también se reflejaron pesarosamente en el Titanic. El 60% de los pasajeros de primera clase sobrevivieron, en comparación con el 42% de la segunda clase y el 25% de los de tercera.

La música figura como uno de los puntos más perdurables en la tragedia del Titanic. La banda a bordo sí tocó mientras la embarcación se hundía. Los especialistas difieren sobre cuáles fueron las canciones, pero coinciden en que hubo música de fondo en el desastre.