El campamento Esperanza al pie de la cordillera y al borde del pozo que está a punto de parir a 33mineros es una pequeña comunidad poliglota, simil de la babel milenaria que se proyectó al siglo
XXI en el escenario de una de las comarcas más olvidadas que se ha sostenido a fuerza de oro ycobre.
Periodistas, camarógrafos, fotógrafos se mezclan con los ingenieros, los carabineros y todoslos operarios que participan de un rescate que es mirado por todos los ojos del mundo. Se oye hablar en inglés y ahí están los enviados de la BBC. De pronto una frase en alemándescubre al móvil de la Deutsche Welle. El inglés americano pertenece a la NBC News y tantos otrosidiomas que remiten a lejanos países de ultramar cuyos periodistas han venido para retratar yrelatar un hecho único. Cientos de carpas amontonadas entre pocos metros. Móviles satelitales. Camiones de exterioreslistos para emitir. Retenes policiales para impedir el acceso a la llamada zona cero. Una callecitaimprovisada en el corazón del campamento que oficia de avenida principal donde un payaso entretienea los hijos familiares de los mineros sepultados. Varios fogones que se prenden al caer la noche endesierto cuya temperatura desciende a bajo cero aún en octubre. Un comedor que alimenta gratis atodos. Son todas postales que indican que la zona de influencia de la denominada mina San José hacambiado radicalmente. En el lugar ahora hay vida y esperanza. Tanto sobre la tierra, como debajo. Todos esperando por el mismo día: el miércoles. Cuando el fondo de la mina devuelva a los yafamosos 33.



