"No seré una mujer florero"

Por UNO

"Quiero representar a Francia, sonreír cuando sea necesario, ir bien vestida, pero no quiero limitarme sólo a eso. No seré una 'potiche' (mujer florero)". La pareja del nuevo presidente francés, Valérie Trierweiler, no quiere que le cuelguen etiquetas, tampoco perder la independencia que ha logrado tras muchos años de trabajo como periodista de Paris Match y de la televisión Direct 8. Se pondrá el traje de primera dama, pero seguirá vistiendo "al menos de momento, pret a porter".

"No estoy muy cómoda dentro de este papel, pero lo haré bien si no se limita sólo a eso", declaró la francesa en una entrevista concedida a Times, la primera tras la elección de Hollande. "Esta mañana he leído que la prensa anglosajona se interesa por Valérie Trierweiler, la mujer que sucede a Carla Bruni. Cuando lo leí me dije a mí misma: 'Esto es verdad'", dijo.

Valérie y François se conocieron en 1988, cuando la novata trazaba con tesón su carrera de periodista. Apasionada de la política, comenzó a cubrir la información del partido socialista. El flirteo dio paso a una relación "con mucha complicidad" y en 2006 la pareja empezó a salir.

Vox populi en los corrillos políticos, los amantes no hicieron pública su relación hasta que en 2007 Hollande oficializó su ruptura con Ségolène Royal, su pareja hasta la fecha. "Llegó un momento de su vida en el que él necesitaba otra cosa. Yo creo que lo ha cumplido", dice.

Esta madre divorciada y con tres hijos -fruto de su matrimonio con Denis Trierweiler, periodista de Paris Match- vive desde entonces con Hollande en la casa hoy asediada por los medios. Las restricciones empiezan a incomodarle, pues cada vez que intentan salir de casa "la calle está bloqueada". "Me asusta, no puede moverse sin su agente de seguridad".

Lo peor, los moscones que vuelan alrededor de su pareja y que "se pelean por estar a su lado, por montar en su coche o estar en la puerta de su oficina". Esta visionaria siempre creyó en su futuro, aunque advierte que antes que el político, "fue el hombre" lo que le atrajo, a pesar de que le guste guisar a la francesa, con "demasiada mantequilla".

"Conociendo al hombre íntimamente descubrí que lo que podrían parecer debilidades son en realidad signos de fortaleza", dice.

Su talante, que "ha llevado a muchos a subestimarlo", es un arma de convivencia -"es agradable y fácil vivir con él"- que se aplica también a la lucha política. "Cuando se le ofrece una mano a quien le sostiene un cuchillo desarmas al adversario. Él ha logrado convencer a mucha gente así", dice.

Fuente: diario El Mundo