El emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al-Thani, concentró un fabuloso poder económico y político que despierta la envidia de otras capitales árabes y la inquietud en Occidente.
Lo llaman el "Kissinger árabe", pero Hamad es mucho más que un sagaz diplomático de las arenas. Es el dueño de la cadena de televisión por cable Al Yasira, la más influyente en el orbe musulmán y una de las más importantes del mundo. Su Fondo Soberano controla los hoteles de lujo en Europa, y ha tomado posiciones estratégicas en la banca occidental, la distribución y el deporte. En Oriente Próximo, Qatar es, desde el comienzo de la Primavera Árabe, la salsa de todos los platos: palestinos, libios, egipcios y opositores sirios llaman de modo habitual a las puertas de Palacio.
¿Qué pretende Al-Thani? Su diplomacia de chequera en Occidente y de alfombra voladora en Oriente admira, crea celotipias y, sobre todo, desconcierta. Como apunta con ironía The Economist, el Congreso de Estados Unidos alaba los lunes al emir qatarí como gran amigo americano (una base militar cerca de Doha lo certifica), y el martes pone el grito en el cielo por su generosa ayuda a los islamistas.
Cambio de tallaEl emir Hamad bin Khlaifa al-Thani ambiciona la gloria, después de haber recorrido las fases del poder político, económico y mediático. Y la gloria que le rinden los 300.000 súbditos qataríes, que un año más presumen de tener la renta per cápita más alta del mundo (más de 100.000 dólares, el doble que sus pares norteamericanos), le queda pequeña.
No es para menos. La península tiene apenas 11.437 kilómetros cuadrados y cuenta con una población que no alcanza los dos millones, la mayoría trabajadores de la India y Sri Lanka que no tienen la ciudadanía. Poco importa para los derechos políticos, porque Al-Thani preside una de tantas monarquías absolutas del Golfo Pérsico, pero sí cuenta, y mucho, para los derechos económicos y sociales. El minúsculo emirato es el tercer productor mundial de gas natural, después de Irán y Rusia, y el primer productor de gas licuado.
Hamad bin Khalifa al-Thani, que tiene 60 años, hizo lo que se espera de un alevín de jeque árabe y estudió en la exclusiva academia militar británica de Sanhurst. Lo que vino después tampoco es del todo insólito. En 1995 dio un golpe de Palacio contra su padre y se convirtió en el nuevo emir de Qatar.
Su programa reformista de monarca benevolente se ha hecho realidad, al menos en el terreno económico. La capital, Doha, es una ciudad futurista y una auténtica meca del dinero. A diferencia de Arabia Saudí, el pacto de los Al-Thani con el clero suní wahabí, el más radical del islam, se sostiene sobre una relación desigual, lo que permite a Qatar disfrutar de mayor margen de libertades públicas.
El emir ama el deporte y su corolario de poder y gloria. Qatar es conocido en el mundo por sus torneos de golf y de tenis, y por la Fórmula 1. Su generosidad atrae a los mejores deportistas profesionales. Y no solo a ellos. El minúsculo emirato será sede del Campeonato del Mundo de fútbol de 2022. Debido a las altas temperaturas, los estadios de la competición estarán cubiertos y dispondrán de un sistema de aire acondicionado que hará soportable el espectáculo. Que nadie se preocupe por la factura, paga la casa.
Hay pasión por el deporte y por el prestigio que proporciona. Al-Thani ha rescatado al Fútbol Club Barcelona de los números rojos gracias al contrato de patrocinio canalizado a través de la Qatar Foundation. Sin embargo, la operación de Spanair tenía más riesgo que relumbrón, y el emir decidió finalmente dejar caer a la compañía aérea.
Fuera de España, marcas muy emblemáticas han ido entrando poco a poco en las redes qataríes. El Paris Saint-Germain, equipo del presidente Sarkozy, los almacenes Harrods de Londres, el lujoso Royal Savoy Hotel de Lausana, partes importantes de Volkswagen y Porsche, los bancos Barclays y Crédir Suisse, el grupo editor francés Lagardère y muchas otras firmas de postín han sido presa en los últimos años del ávido capital qatarí a través del fondo soberano de Qatar y otros instrumentos financieros.
Pero la joya de la corona es la cadena de televisión por cable Al Yasira, un proyecto a gran escala creado en 2001 como réplica árabe de la CNN, para el que el emir de Qatar contó con el buen hacer profesional de periodistas árabes con experiencia en Occidente.
Petrodólares y audaciaHoy, Al Yasira tiene una versión en inglés, 70 oficinas en todo el mundo, más de un millar de empleados y una penetración espectacular. Sus boletines de noticias y programas de opinión política en inglés llegan a 250 millones de hogares en 130 países; mientras que la versión en árabe penetra en 70 millones de hogares, en su mayoría en Oriente Próximo.
"¿Tanto ruido puede salir de esta caja de fósforos?", dijo el expresidente egipcio Hosni Mubarak al visitar hace años los estudios centrales en Doha. La leyenda urbana qatarí se combina con otra que se escucha en El Cairo. "Mubarak pedía a los padres por la televisión estatal que fueran a rescatar a sus hijos de la plaza de Tahrir, porque estaban implicados en hechos vandálicos; pero cuando vieron por Al Yasira los eslóganes que cantaban, en vez de recogerlos se unieron a ellos", cuenta Tarek Shalaby, dirigente de un pequeño grupo político laico que concurrió a las últimas elecciones.
Hosni Mubarak ha atribuido en alguna ocasión su caída a la "información sesgada de Al Yasira". No es el único. El régimen libio de Gadafi se desgañitó acusando a Al Yasira y al emir de Qatar de ayudar a los rebeldes libios. Muamar Gadafi se burló en alguna ocasión en público de la obesidad del emir Al-Tahni (sometido hoy a un régimen de adelgazamiento por la segunda de sus tres esposas, la rutilante "jequesa" Sheika Mozah). Y hoy, como en el viejo refrán árabe, el monarca qatarí puede decir que ríe mejor quien ríe el último, después de haber armado hasta los dientes a los rebeldes libios.
¿Qué proyecto ideológico mueve a Al-Thani? "Más allá de la mera ambición personal de poder y gloria, creo que es un pragmático: simplemente ve gris donde otros ven blanco o negro", comenta un diplomático occidental en la región, que pide el anonimato. La actuación en el exterior del emir de Qatar y sus alianzas desde el inicio de la Primavera Árabe así lo indican. Al-Thani apoyó y sigue apoyando a los islamistas porque considera que son una parte importante del nuevo paisaje político de Oriente Próximo. Así consiguió que los palestinos moderados de Abbás se reconciliaran (con dudoso éxito) con los radicales de Hamás, dio voz a los chiíes libaneses de Hizbolá, cuenta con crédito abierto en Egipto y en Túnez, y sirve de mediador entre los talibanes afganos y los norteamericanos.
Lo que diferencia a Al-Thani de los líderes árabes tradicionales, los de Egipto y Arabia Saudí, es la audacia. Hay que tenerla para cerrar la Embajada siria y proponer enviar un ejército árabe contra Assad. Las atrevidas apuestas de Al Thani asustan a sus vecinos más adinerados, y él mientras tanto hace dieta o vuelve a engordar, ante la mirada preocupada de la "jequesa".
Fuente: ABC.es




