Anna Malpass/AFPEspecial para UNO
Asombro terrícola

PARÍS– Al aventurarse en el espacio, hasta entonces vedado al hombre, el joven cosmonauta Yuri Gagarin rompió barreras psicológicas, obligando a la humanidad a mirar más allá de los nacionalismos y a su lugar en el cosmos.
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El vuelo de 108 minutos llevado a cabo por Gagarin el 12 de abril de 1961 representó una contundente victoria de propaganda para la Unión Soviética en su batalla con Estados Unidos, al demostrar, según las autoridades soviéticas, “la fortaleza del socialismo”.
Pero ese vuelo tuvo repercusiones incluso más profundas en el plano filosófico. Hasta entonces, los humanos sólo habían volteado la mirada hacia el espacio desde la superficie de la Tierra. Ahora, un hombre veía por primera vez el planeta desde arriba. Gagarin –y, a través de él, toda la humanidad– pudo contemplar la Tierra sin fronteras políticas, en toda su hermosura, aterradora fragilidad y gran aislamiento.
“¡Veo la Tierra! ¡Es tan hermosa!”, exclamó el protagonista de esa aventura, que lo hizo entrar en la leyenda.
La experta Cathleen Lewis, comisaria de programas espaciales en el museo Smithsonian en Washington, subrayó que, con el tiempo, el vuelo de Gagarin adquirió un significado más profundo y más vasto.
“Gagarin es visto ahora más como un héroe universal” y no sólo soviético, opinó la experta. En su opinión, uno de los beneficios que dejó ese vuelo, que se produjo en plena Guerra Fría, fue que nuestra comprensión de la Tierra varió, incorporando el hecho de que “es un planeta muy frágil situado en el medio de la nada”.
“Todo el mundo que estuvo pendiente de ese vuelo, astronautas y cosmonautas, hicieron la misma observación: hay un planeta Tierra, que tiene una delgada capa de atmósfera alrededor. No hay fronteras políticas, es un planeta”.
Aventajado por su gran rival, Estados Unidos se apresuró para enviar su propio astronauta, Alan Shepard, en un vuelo suborbital, el 5 de mayo de 1961. Pero fue hasta el 20 de febrero de 1962 que el primer estadounidense, John Glenn, dio la vuelta al planeta. Siete años después, el 20 de julio de 1969, Neil Armstrong pisó la Luna y EE.UU. se convirtió en el líder indiscutible en el espacio.