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Asesino maltratatado

Anders Behring Breivik, condenado por el doble atentado en el que murieron 77 personas en Noruega en 2011, ha enviado una carta de protesta a las autoridades penitenciarias del país por el trato que recibe en la cárcel.

Aunque ya no está sometido a aislamiento, Breivik es el único prisionero en régimen de alta seguridad del penal de Ila, al oeste de Oslo, por lo que en la práctica lleva quince meses aislado y únicamente tiene contacto unos minutos al día con sus carceleros. El resto del tiempo lo pasa solo, durante la hora en la que puede salir al patio o en las tres celdas de que dispone.

Breivik dice en la misiva que su aislamiento supone una violación de las leyes noruegas, de la Convención Europea de Derechos Humanos y la Convención contra la Tortura de la ONU, según publica el diario VG.

Uno de los abogados de Breivik, Tord Jordet, ha confirmado al diario que la carta dirigida a las autoridades fue enviada hace unas semanas. El extremista noruego de 33 años se queja también de que desde hace unos meses ya no puede recibir y enviar la correspondencia que quiere, lo que ha limitado el contacto con sus seguidores y que él cree que es "una privación de su libertad de expresión".

Breivik, al que se le ha retirado el ordenador que usaba mientras preparaba su defensa antes y durante el juicio, protesta además por el "trato denigrante" que recibe y porque no se le han facilitado ofertas de activación, socialización y recreación.

La dirección de la cárcel ha declinado comentar las quejas de Breivik hasta que el caso sea tratado por las autoridades. Un tribunal de Oslo condenó a Breivik el pasado 24 de agosto a 21 años de prisión prorrogables, la pena máxima y que puede equivaler a una cadena perpetua, al considerarle penalmente responsable de los atentados y rechazar que sea un enfermo mental.

Breivik hizo estallar una furgoneta bomba el 22 de julio de 2011 en el complejo gubernamental de Oslo, causando la muerte a ocho personas. Justo después se trasladó en coche a la isla de Utøya, donde perpetró una matanza en el campamento de las Juventudes Laboristas, en la que murieron otras 69 personas.

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