Mientras los aliados bombardean Libia, donde sigue aferrado al poder el dictador Muamar Gaddafi, aparecieron diferencias y descoordinaciones entre los países que intentan tomar el control del país.
Mientras Estados Unidos anuncia que cederá la conducción del ataque a la OTAN, otros países miembros se oponen y quieren seguir coordinando la acción bélica. Mientras, el destino de Gaddafi es incierto.
Afloraron diferencias entre los aliados que bombardean Libia

Francia rechaza que la Alianza Atlántica reemplace a la coalición internacional en Libia, mientras el Reino Unido y EEUU defienden que "la OTAN desempeñe un papel" de coordinación "en unos días", en palabras del presidente estadounidense.
A las diferencias mostradas esta mañana entre Reino Unido y Estados Unidos sobre el futuro de Muamar el Gaddafi en caso del avance occidental, Francia, Italia y Noruega han mostrado su preocupación ante una operación con diferentes velocidades entre sus integrantes. Ante esta situación, el presidente de EE.UU., Barack Obama, ha dicho desde Santiago de Chile que espera "transferir" el mando de la operación al resto de países en unos cuantos días.
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Por su parte, el Gobierno italiano ha pedido a la comunidad internacional que la OTAN se haga cargo de la coordinación de las operaciones en su ex colonia. De hecho, Roma ha amenazado con impedir el uso de sus bases si la OTAN no coordina la operación militar.
El primer ministro británico, David Cameron, se ha manifestado en una línea más tibia pero ha confirmado que se pretende transferir a la OTAN el mando de la fuerza internacional que actúa en Libia: "Se está actuando bajo el mando de EE UU, pero la intención es que se transfiera a la OTAN".
Noruega, que ha enviado seis cazabombarderos F-16 al Mediterráneo para integrarse en la operación de la coalición intencional, ha dicho no entrará en acción hasta que no se aclare específicamente su misión.
El destino del dictadorGaddafi es uno de los grandes interrogantes de la operación Amanecer de la Odisea, lanzada el sábado en Libia para impedir que el dictador libio aplaste a sangre y fuego una revuelta contra sus 40 años de dictadura. La resolución 1973, que autoriza la operación aliada, no contempla derrocar a Gaddafi, ni mucho menos matarlo. No obstante, las declaraciones a primera hora de hoy de altos cargos de los Gobiernos de EE.UU. y Reino Unido, los dos máximos impulsores de la intervención junto con Francia, han dejado traslucir cierta distancia.
El ministro británico de Defensa, Liam Fox, ha declarado hoy a la BBC que Gaddafi podría ser un objetivo legítimo. "Hay una diferencia entre el hecho de que alguien sea un blanco legítimo y la decisión de pasar al ataque porque para esto último habría que tener en cuenta qué puede ocurrirles a los civiles que haya en la zona”.
Sin embargo, la esperanza inicial se basa en que los ataques directos a las fuerzas leales al líder libio afecten rápidamente su moral y las inste a huir o desertar.
Así, el Pentágono afirma que las fuerzas de Gadafi enfrentan "una gran presión y sufrimiento, producidos tanto por el aislamiento como por una buena dosis de confusión".
¿Pero qué sucede si los rebeldes ahora pasan a la ofensiva contra las tropas de Gaddafi? Eso aún no está claro.
El Pentágono no quiso decir si los ataques aéreos están destinados a las tropas libias que luchan contra los rebeldes. Y la coalición se mueve en una línea muy delgada respecto a sus intenciones con Gaddafi.
La resolución que la ONU aprobó permite el uso de ''todos los medios necesarios" para proteger a los civiles, pero no especifica que el fin sea un cambio de régimen, incluso aunque eso sea lo que esperan muchos de los que la apoyaron.
Fuente: elmundo, elpaís, bbcmundo