EI calificativo “histórico” no resulta nada exagerado para definir la elección con la que este jueves la Asociación del Fútbol Argentino designará su próximo conductor.
El ente que rige al deporte más popular del país pedía a los gritos una profunda democratización, tras los eternos 35 años bajo el unicato de don Julio Humberto Grondona.
Son parte de la puja el actual titular de la AFA, Luis Segura, un indisimulado heredero del famoso ferretero, y el dirigente de San Lorenzo Marcelo Tinelli.
Justamente, el carismático el empresario y animador es quien encabeza las encuestas y el que más representa esa idea de cambio que, en la madre de las pugnas electorales, expresó Mauricio Macri.
En la previa, un gran número de clubes, entre ellos varios de Mendoza, anticiparon su voto por el alma páter de ShowMatch.
Segura, referente de Argentinos Juniors, también cuenta con pesos pesados, como el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, que lo apoyan en su rol de heredero del grondonismo.
Hay que reconocer que no es el arco completo del fútbol argentino el que ansía una auténtica renovación.
Todavía hay muchos dirigentes a los que el férreo sistema que impuso Grondona les calza como guante para el sostenimiento de su poder en los clubes, como también para garantizarse el manejo discrecional del fixture, los árbitros y los rivales.
Aunque se barajó la posibilidad de lograr una lista de unidad, ni Segura ni Tinelli quisieron resignar sus proyectos para ponerse al frente de una AFA que reclama urgentemente, más que caras nuevas, otra forma de gestionar.
Así como el país expresó en las urnas la necesidad de renovación, el fútbol argentino requiere de dirigentes confiables, reglas del juego claras y políticas genuinamente federales.
De nada servirá el recambio si los clubes “grandes” siguen siendo los únicos con voz autorizada para marcarle la cancha al resto.
El dedo dictatorial de don Julio representaba un sello irrefutable cuando la AFA debía expresarse y los demás acatar.
Hoy se inicia una etapa que no puede ni debe ser ajena a lo que pase en el contexto nacional. El fútbol tiene un peso simbólico muy grande como para no aprovecharlo, para contribuir a una Argentina más democrática y justa.
Editorial.



