Los diarios digitales –y los medios en general– deben apostar a que los lectores, usuarios, foristas o como quieran llamarlos participen, comenten, opinen. Tienen que aumentar el uso de la interactividad que la digitalización hoy les permite.Es una pena que cada vez más diarios digitales dejen de lado esta posibilidad que propician las nuevas tecnologías y las redes sociales.
Algunos han disfrazado la libertad de opinar de los lectores con emoticones, escalas para calificar determinada nota, raras encuestas y vaya uno a saber cuánta cosa nueva que pueda llegar a aparecer.En una de esas conversaciones que Twitter permite husmear, leí hace poco a un periodista que planteaba que los lectores deben comentar “pero en otro lado”.
Seguramente se habrá referido a reforzar las redes sociales del medio de comunicación. O tal vez que los lectores comenten en su propio Facebook o Twitter con sus seguidores y contactos, formando una suerte de secta digital que debería permanecer en las sombras, lejos de la vista de quienes tenemos un espacio en los medios.En el primer caso estoy de acuerdo; en el segundo, no. Es como si el diario de papel decidiera cerrar su sección de cartas del lector o no abriera espacios a miradas diferentes de distintos referentes sociales y dejara que las opiniones se queden en la mesa del desayuno, en las charlas de café o en las discusiones de oficina.¿Se imagina usted, señor lector, una radio –exceptuando las que solo pasan música– sin línea pública, sin llamados de los oyentes o sin redes sociales para que el público se exprese?Es importantísima la interacción con las audiencias, saber lo que piensan, ver cuántos están de acuerdo y cuántos no. Leerlos, escucharlos y hasta intercambiar puntos de vista con los foristas, aunque muchos se escuden en el anonimato y no se sepa si hablan con seriedad o no.Incluso es importante percibir cuántos se indignaron por una nota absolutamente informativa o de opinión hasta llegar a los agravios que, por supuesto, deberían ser menos y más regulados.Plantea esto quien, en este mismo espacio y en más de una ocasión, ha recibido insultos, amenazas y escraches virtuales por exponer una simple visión de un tema, que puede ser errónea, pero se pone a la consideración de los lectores, que tienen derecho a expresarse. Aunque a veces se les vaya la mano.Tal vez, valorando el tantas veces menospreciado “feedback” en el viejo esquema de la comunicación, los medios den un pasito más para llegar a eso que llaman “democratización”.Además, permitir que las audiencias se expresen es un servicio.Los diarios, las radios, la televisión se mueven en un entorno cada vez más interactivo, con una importancia creciente de la participación de sus públicos. Quienes no quieren ver esta realidad son aquellos que quieren mantener su estatus de “curas seculares”, como los considera Ignacio Ramonet en su libro La explosión del periodismo.Eso sí, muchos usuarios, lectores, foristas, deberán tomar lecciones de tolerancia, respeto, democracia, empatía y –por qué no– ortografía, antes de interactuar con los medios o periodistas.Quizás de esta manera no haga falta moderar tantos comentarios. Es más, quizás no haga falta moderador y, de a poquito, sean las propias comunidades las que se autorregulen en las redes y los foros de los diarios.



