Por Mariana Gil
Son habitantes del barrio Campo Papa que trabajaban en el Pozo y ahora tienen un empleo formal en empresas privadas, mediante un plan de reinserción laboral.
Vivían de la basura
“La basura es plata, pero ahora tengo otra clase de trabajo digno, limpio y no quiero volver más a El Pozo”, contó Beto Nievas (26) uno de los habitantes del barrio Campo Papa, de Godoy Cruz, y que mantenía a su familia, compuesta por su pareja y dos hijos, con lo que ganaba en el basural a cielo abierto. Ahora, este joven representa a uno de los 30 casos de personas que sobrevivían del vertedero de basura y que fueron insertados en distintos tipos de trabajo formal gracias a un ambicioso plan que ejecuta el Gobierno de la provincia a través del Ministerio de Ambiente.
El objetivo es que, aproximadamente unas 220 personas, que tienen como principal fuente laboral la recolección y venta de los residuos, puedan encarar una nueva etapa en sus vidas con un trabajo digno y que mejoren su situación social.Los principales interesados y gestores de esta historia son los propios vecinos que viven de la basura y quieren cambiar sus destinos. Es por eso que han conformado una asamblea, la cual está integrada por 12 personas que participan en la coordinación de las tareas del proyecto de reinserción laboral, que también apunta a la creación de emprendimientos individuales o grupales para dejar el trabajo en el basural. Orlando González, uno de los delegados que trabaja en El Pozo, expresó: “Para nosotros es la primera vez que tenemos una oportunidad de acceder a una propuesta distinta a la del trabajo de recuperar la basura”.
De todos modos, González contó que pese a que la selección y venta de los desechos les deja desde $150 a $200 diarios, son muchos los que quieren salir de esa realidad y tener otra forma de vida. Otro casoEsteban Miralles (25), también trabajaba y vivía de la basura desde los 14 años, pero hace dos meses que recibió la buena noticia, al igual que su compañero Esteban Nievas, de que entraría a trabajar en el centro de esquí Las Leñas, en el sector de mantenimiento por la temporada de invierno de este año.
“Al principio tenía miedo a la nueva situación pero por suerte logré adaptarme con respeto a otra clase social y desempeñar mi labor, y al final no me quería volver de allá. Además, mi sueldo alcanzó a los $5 mil y acá en el Pozo no llegaba a los $2 mil por mes”, contó el hombre, que en pocos días se va a trabajar a una empresa minera en Malargüe. Y recuerda: “Era horrible laburar con la basura, pero con el tiempo te acostumbrás y la tarea se convierte en una rutina. Ahora, deseo brindarle una mejor vivienda mi familia”.