Mendoza es un desierto, sí. Hay heladas y granizo, sí. Es una zona sísmica, también. Un informe elaborado por un grupo de investigadores alemanes especializados en detectar zonas de riesgo calificó a la provincia de "la región más hostil del mundo para la producción vitivinícola".
Para los estudiosos alemanes, que realizaron un mapa del peligro sobre la base de 110.000 bodegas de 131 países que producen unos 26.000 millones de litros cada año, en Mendoza concurre "toda la gama de peligros naturales".
"Vemos que Mendoza, en Argentina, que tiene sismos, granizo, inundaciones, toda la gama de riesgos naturales (...) es el número uno", dijo James Deniell, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe, en Alemania, que colaboró en el estudio.
Para los representantes de asociaciones vitivinícolas y funcionarios, este "título" es exagerado. "La vid siempre fue un cultivo de bajo riesgo, la sequía no sería limitante, lo de los sismos sería una exageración y lo de los incendios también. No me parece un estudio serio", dijo un técnico del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
"Por supuesto que la limitante es el agua, pero el mérito nuestro es haber cultivado en el desierto. El granizo sí es un riesgo, pero hay forma de controlarlo y combatirlo. Tenemos un sistema de mitigación", agregó.
Marcelo Federici, protesorero de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi), estuvo de acuerdo en que Mendoza es una zona hostil para la producción de viñedos, pero eso no ha sido un impedimento para el desarrollo.
"Creo que hay sobrada experiencia en el mundo en que zonas hostiles como las nuestras han sabido valorar qué es lo que tienen. Nosotros tenemos muy buena fertilidad de suelo. Es una zona hostil modificada por el ser humano. Sí es verdad que tenemos incidencia de granizo mayor que otras zonas, pero con los sistemas de mitigación hay lucha activa o pasiva", comentó.
Luis Cañas, de la Asociación de Productores en Acción del Este, dijo que estos factores hacen que sea difícil para los pequeños productores trabajar la tierra, porque si bien se mitiga, eso repercute en mayores costos. "La malla antigranizo es cara. Los costos son mucho más altos que en otros lugares. Nosotros no podemos ser competitivos", opinó.
A Alfredo Aciar, jefe de gabinete del Ministerio de Infraestructura, Economía y Energía, el "titular" también le parece exagerado. "Acá no tenemos inundaciones, existen terremotos pero acá no afectan la producción", dijo. Explicó que los dos fenómenos climáticos que más afectan a la producción son el granizo y las heladas. Entre los dos, en promedio, se pierde por año el 8% de la producción. En el peor de los escenarios se puede llegar a perder hasta el 18% de la cosecha de vid.
Los tres ejes para mitigar problemas
Oficialmente, el Estado plantea tres "patas" que son las que sirven para aminorar el riesgo climático que sufre la agricultura mendocina.
La primero son los aviones de la lucha antigranizo. Actualmente funcionan tres y para la próxima cosecha se pondrán en marcha dos más: uno igual que los que ya actúan y el otro es un jet especial para sobrevolar la zona del Valle de Uco.
La segunda es la protección de los viñedos con malla antigranizo. Dado que no todos los productores pueden acceder a colocarla en sus cultivos, el Fondo para la Transformación y el Crecimiento tiene líneas de crédito especiales que facilitan los medios.
La tercera ya tiene media sanción en Senadores y es la ley de seguro agrícola, que remplazará al fondo compensador.
